Asma en mujeres: qué papel tienen las hormonas en la gravedad de los síntomas

Las mujeres adultas con asma pueden experimentar una mayor frecuencia de exacerbaciones, consultas de urgencia y hospitalizaciones que los hombres.
Esta diferencia se hace más evidente después de la pubertad y podría estar relacionada con una combinación de factores hormonales, genéticos, ambientales, metabólicos y clínicos.
El comportamiento de la enfermedad cambia con la edad. Durante la infancia, el asma suele diagnosticarse con mayor frecuencia en los niños. Sin embargo, después de la pubertad la tendencia cambia y las mujeres pasan a presentar una mayor prevalencia y, en algunos estudios, una carga clínica más importante.
Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, basado en datos del Global Burden of Disease 2021, calculó que 260,48 millones de personas tenían asma en el mundo durante 2021.
El asma es una enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias. Durante una exacerbación, los bronquios pueden estrecharse y dificultar el paso del aire, provocando síntomas como tos, falta de aire, opresión en el pecho y sibilancias.
Las hormonas podrían participar en la inflamación de las vías respiratorias
La mayor frecuencia y gravedad del asma observada en algunas mujeres después de la pubertad no parece tener una explicación única. El crecimiento y desarrollo pulmonar, la genética, la exposición a contaminantes, el exceso de peso y las hormonas sexuales pueden interactuar y modificar la evolución de la enfermedad.
Una de las líneas de investigación más estudiadas se relaciona con el estrógeno y la progesterona.
Un trabajo publicado en 2015 en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, dirigido por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, examinó células inmunitarias de pacientes con asma grave y utilizó modelos animales para estudiar determinados mecanismos inflamatorios.
Los investigadores encontraron que el estradiol y la progesterona podían favorecer la producción de IL-17A, una molécula relacionada con procesos inflamatorios. También observaron una mayor actividad de células inmunitarias conocidas como TH17 en mujeres con asma grave en comparación con hombres con la misma enfermedad.
Estos resultados ofrecen una posible explicación biológica, pero no demuestran que las hormonas sean por sí solas responsables de que el asma sea más grave en las mujeres. Además, parte de la evidencia procede de modelos experimentales y de grupos relativamente pequeños de pacientes.
Los cambios hormonales que ocurren desde la pubertad y posteriormente durante el embarazo y la menopausia podrían modificar la inflamación y la respuesta de las vías respiratorias. Al mismo tiempo, los factores genéticos tampoco funcionan de manera independiente: una misma variante genética puede tener efectos diferentes dependiendo del entorno hormonal y ambiental.
El ciclo menstrual puede modificar los síntomas en algunas pacientes
Algunas mujeres notan que sus síntomas respiratorios aumentan antes o durante la menstruación. Una revisión sobre el denominado asma premenstrual estimó que hasta cuatro de cada diez pacientes podrían experimentar algún cambio relacionado con el ciclo menstrual, aunque las diferencias entre los estudios impiden establecer una proporción definitiva para todas las mujeres con asma.
Una posible explicación son las fluctuaciones de estrógeno y progesterona que ocurren durante el ciclo, particularmente después de la ovulación y antes de la menstruación. Estos cambios podrían influir tanto en la inflamación como en la sensibilidad de los bronquios.
Sin embargo, la relación no es idéntica en todas las pacientes. Por ello, identificar si existe un patrón entre el ciclo menstrual y las exacerbaciones puede ser útil para que el médico valore de manera individual el control de la enfermedad.
¿Qué ocurre con el asma durante el embarazo?
El embarazo puede producir cambios variables en las mujeres que tienen asma. Algunas experimentan un empeoramiento de los síntomas, otras permanecen estables y algunas incluso mejoran.
Tradicionalmente se ha utilizado la llamada “regla del 30%”, según la cual aproximadamente un tercio de las embarazadas mejora, otro tercio permanece sin cambios y el resto empeora. No obstante, investigaciones posteriores han encontrado que las proporciones pueden ser diferentes y que el deterioro podría presentarse en una proporción cercana al 40% en determinados grupos.
Las exacerbaciones son particularmente importantes porque pueden aparecer durante el segundo y tercer trimestre. Además de las modificaciones hormonales, pueden intervenir factores como el aumento de peso, el reflujo gastroesofágico, cambios en el sistema inmunitario y modificaciones en el tratamiento.
Por esta razón, una mujer embarazada con asma no debería suspender ni reducir sus medicamentos por cuenta propia. Mantener la enfermedad controlada es importante tanto para la madre como para el embarazo, por lo que el tratamiento debe revisarse con profesionales de salud y ajustarse según las características de cada paciente.
La relación entre menopausia y asma todavía no está clara
La transición hacia la menopausia plantea más interrogantes. Los estudios disponibles no han encontrado una respuesta uniforme sobre si la disminución de las hormonas sexuales mejora o empeora el asma.
Algunas investigaciones han observado una reducción de determinados síntomas después de la menopausia, mientras que otras han encontrado asociaciones entre un mayor riesgo de asma y factores como la obesidad, la edad o el uso de terapia hormonal.
Esto significa que no puede afirmarse que la menopausia, por sí misma, empeore o mejore el asma en todas las mujeres. Los cambios hormonales son solamente uno de los elementos que pueden intervenir.
El tratamiento también requiere una evaluación individual
Los corticoides inhalados continúan siendo uno de los pilares del tratamiento del asma porque ayudan a controlar la inflamación de las vías respiratorias. Dependiendo del tipo y gravedad de la enfermedad, pueden utilizarse otros medicamentos, incluidos tratamientos biológicos dirigidos contra determinados mecanismos inflamatorios.
Aunque existen indicios de que algunas diferencias biológicas podrían influir en la respuesta al tratamiento, todavía no hay suficiente evidencia para establecer que todas las mujeres necesiten medicamentos diferentes a los hombres. Además, muchos ensayos clínicos no fueron diseñados específicamente para analizar diferencias de eficacia entre ambos sexos.
Por ello, el objetivo no es asumir que todas las mujeres con asma deben recibir un tratamiento distinto, sino identificar con mayor precisión los factores que afectan el control de la enfermedad en cada paciente.
La edad, el ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia, el peso corporal, la exposición al humo del tabaco o a contaminantes, la frecuencia de las exacerbaciones y la respuesta a los medicamentos son algunos de los elementos que pueden influir.
La investigación sobre las diferencias entre hombres y mujeres en el asma ha aumentado en los últimos años, pero todavía existen preguntas sin resolver. Comprender mejor la interacción entre hormonas, genética, sistema inmunitario y ambiente podría permitir desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más personalizadas en el futuro.
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