Amígdalas y adenoides:cuándo los especialistas recomiendan operar

Las amígdalas y las adenoides cumplen una función importante en las defensas del organismo durante la infancia, ya que ayudan a detectar y combatir microorganismos que ingresan por la boca y la nariz. Sin embargo, cuando se inflaman con frecuencia, se infectan repetidamente o dificultan la respiración, pueden convertirse en un problema de salud que requiere atención médica.
Aunque estas cirugías son más comunes en niños, también pueden realizarse en adultos cuando existen indicaciones específicas. De acuerdo con especialistas de Cleveland Clinic, la amigdalectomía (extirpación de las amígdalas) y la adenoidectomía (extracción de las adenoides) suelen recomendarse principalmente en casos de infecciones recurrentes de garganta o apnea obstructiva del sueño.
La decisión de operar no se basa en un único episodio. Los médicos valoran factores como la frecuencia y gravedad de las infecciones, el impacto sobre el sueño, la respiración, la alimentación, el rendimiento escolar y la calidad de vida del paciente y su familia.
¿Qué son las amígdalas y las adenoides?
Las amígdalas son dos masas de tejido ubicadas en la parte posterior de la garganta. Las adenoides, por su parte, se encuentran detrás de la nariz y no son visibles al abrir la boca.
Estas estructuras forman parte del sistema inmunológico durante los primeros años de vida. Sin embargo, pueden aumentar de tamaño o infectarse repetidamente, provocando síntomas como dolor frecuente de garganta, congestión nasal persistente, respiración por la boca, ronquidos, infecciones de oído y problemas para dormir.
En algunos niños, el crecimiento excesivo de estos tejidos puede contribuir al desarrollo de apnea obstructiva del sueño, una afección caracterizada por interrupciones o dificultades respiratorias durante el descanso nocturno.
¿Cuándo puede recomendarse la cirugía?
Uno de los principales motivos para considerar una amigdalectomía es la presencia de infecciones recurrentes de garganta.
Según los criterios utilizados con frecuencia por los especialistas, la cirugía puede evaluarse cuando ocurren:
Seis o siete episodios en un año. Cinco episodios por año durante dos años consecutivos. Tres episodios anuales durante tres años seguidos.
También pueden influir factores adicionales, como fiebre recurrente, ganglios inflamados, uso frecuente de antibióticos o numerosas ausencias escolares.
La adenoidectomía suele plantearse cuando las adenoides agrandadas ocasionan obstrucción nasal continua, ronquidos importantes, infecciones repetidas del oído, problemas auditivos o alteraciones respiratorias durante el sueño.
La relación con la apnea del sueño
La apnea obstructiva del sueño es una de las causas más frecuentes de estas intervenciones en la infancia. Cuando las amígdalas o las adenoides bloquean parcialmente las vías respiratorias, el niño puede roncar, respirar por la boca, despertarse varias veces durante la noche o tener un descanso de mala calidad.
Las consecuencias pueden extenderse más allá del sueño, afectando la concentración, el estado de ánimo, la conducta y los niveles de energía durante el día.
Especialistas en otorrinolaringología señalan que la extracción de amígdalas y adenoides puede ser altamente efectiva para corregir la obstrucción respiratoria, logrando que muchos niños dejen de presentar apnea del sueño tras la intervención.
Beneficios potenciales de la operación
Cuando la cirugía está correctamente indicada, puede ofrecer varias ventajas, entre ellas:
Disminuir la frecuencia de las infecciones de garganta. Reducir el uso repetido de antibióticos. Evitar ausencias escolares relacionadas con enfermedades recurrentes. Mejorar la calidad del sueño. Reducir los ronquidos. Favorecer una mejor respiración y un descanso más reparador.
Los beneficios específicos dependerán de la razón por la que se realiza la cirugía, ya sea para controlar infecciones frecuentes o para resolver problemas respiratorios.
¿Cómo es la recuperación?
La amigdalectomía y la adenoidectomía suelen realizarse de manera ambulatoria, aunque requieren anestesia general.
Después del procedimiento, el síntoma más común es el dolor de garganta, especialmente durante los primeros días. También pueden presentarse molestias al comer, beber o tragar, por lo que mantener una adecuada hidratación y controlar el dolor son aspectos fundamentales del cuidado posterior.
La recuperación generalmente dura entre una y dos semanas. Durante este periodo es importante seguir las recomendaciones médicas y vigilar posibles señales de alarma, como:
Sangrado. Fiebre persistente. Signos de deshidratación. Dolor intenso que no mejora con el tratamiento indicado.
Aunque las complicaciones son poco frecuentes, el sangrado es uno de los riesgos más relevantes y debe ser comentado previamente con el equipo médico.
Una decisión que debe evaluarse de forma individual
No todos los niños que presentan dolor de garganta ocasional o ronquidos necesitan cirugía. La indicación depende de múltiples factores, incluidos la frecuencia de los síntomas, su gravedad y el impacto que tienen en la vida diaria.
Por ello, la valoración por un especialista en otorrinolaringología es fundamental para determinar si las amígdalas o adenoides son realmente la causa del problema y si los beneficios de la intervención superan los posibles riesgos.
En algunos casos, la cirugía puede representar una mejora significativa y duradera; en otros, el seguimiento médico y el tratamiento conservador pueden ser suficientes. La mejor decisión siempre será aquella basada en una evaluación personalizada de cada paciente.
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