Alimentos ultraprocesados podrían intensificar el deseo de comida chatarra en los niños

El consumo elevado de alimentos ultraprocesados podría estar relacionado con una mayor respuesta del cerebro infantil ante imágenes de productos poco saludables, como galletas y papas fritas.
Un estudio publicado el 23 de octubre en JAMA Network Open encontró que esta actividad cerebral también se asoció con un mayor aumento de peso y grasa corporal durante el año siguiente.
La investigación fue dirigida por la Dra. Kathleen Page, profesora de medicina y pediatría de la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California (USC). La especialista señaló que la infancia es una etapa importante para el desarrollo cerebral, la formación de hábitos y el establecimiento de preferencias alimentarias.
Los alimentos ultraprocesados suelen elaborarse con ingredientes derivados de alimentos, como almidones, grasas y azúcares añadidos, además de aditivos que mejoran su sabor, textura, apariencia o conservación. Entre ellos se encuentran los productos de repostería empaquetados, los cereales azucarados, las comidas listas para consumir o calentar y algunos embutidos.
En Estados Unidos, estos productos aportan aproximadamente el 67 % de las calorías diarias consumidas por los niños. Investigaciones anteriores ya habían relacionado su consumo con el aumento de peso, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares; sin embargo, todavía se estudian los mecanismos cerebrales que podrían contribuir a estas asociaciones.
¿Qué encontró el estudio?
Los investigadores analizaron información de 46 niños que participaban en un estudio longitudinal sobre el riesgo de obesidad y diabetes. Al inicio, todos tenían un peso considerado saludable.
Mediante imágenes de resonancia magnética, los científicos observaron la actividad cerebral de los participantes mientras contemplaban fotografías de alimentos ultraprocesados. También recopilaron información sobre su alimentación, índice de masa corporal (IMC), circunferencia de la cintura y porcentaje de grasa corporal.
Los resultados mostraron que los niños que consumían mayores cantidades de estos productos presentaban una respuesta más intensa en el estriado dorsal, una región cerebral relacionada con la recompensa y la motivación.
Además, una mayor actividad en esta zona ante las imágenes de comida se asoció con incrementos del IMC y del porcentaje de grasa corporal durante el año posterior. Al finalizar el seguimiento, los niños con mayor consumo de ultraprocesados también presentaban, en promedio, una cintura más amplia, un IMC más elevado y una mayor proporción de grasa corporal.
Los investigadores observaron que las diferencias en la respuesta cerebral podrían explicar parcialmente estas asociaciones. Al considerar la actividad del estriado dorsal en el análisis estadístico, la relación con el IMC se redujo un 31 %, mientras que la asociación con la grasa corporal disminuyó un 44 %.
Según Page, estos hallazgos aportan información sobre los posibles mecanismos neurológicos que vinculan el consumo de alimentos ultraprocesados con los cambios en la composición corporal.
¿Los ultraprocesados modifican el cerebro infantil?
Aunque los resultados sugieren una posible conexión entre la alimentación, los mecanismos de recompensa cerebral y el aumento de peso, el estudio no demuestra que estos productos reconfiguren directamente el cerebro ni que sean la causa del incremento de grasa corporal.
Debido a su diseño observacional y al número reducido de participantes, los hallazgos deben interpretarse con cautela. La investigación identifica asociaciones, pero no permite establecer una relación de causa y efecto.
Para profundizar en esta cuestión, Page planea realizar un estudio de seguimiento en el que se proporcionarán comidas y refrigerios más saludables a niños que consumen habitualmente alimentos ultraprocesados. El objetivo será observar si los cambios en la alimentación se relacionan con modificaciones en la respuesta cerebral ante las imágenes de comida y con cambios en el peso.
Los investigadores consideran que facilitar el acceso a alimentos saludables y mínimamente procesados puede formar parte de las estrategias para mejorar la alimentación infantil.
En conclusión, el estudio sugiere que el consumo elevado de ultraprocesados podría relacionarse con una mayor respuesta cerebral ante estímulos alimentarios y con cambios posteriores en la composición corporal. No obstante, se necesitan investigaciones más amplias y estudios de intervención para determinar si existe una relación causal y qué medidas podrían ayudar a reducir estos posibles efectos.
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