Adicción al celular en niños y adolescentes: señales de alerta

El uso de celulares, tabletas y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes se ha convertido en un tema de creciente preocupación en México. Cada vez se presta mayor atención a situaciones como el bajo rendimiento escolar, el aislamiento, la irritabilidad y los cambios de ánimo que pueden aparecer cuando el tiempo frente a las pantallas comienza a desplazar otras actividades.
A partir del 3 de noviembre de 2026, entrará en vigor una medida nacional que restringirá el uso de celulares y tabletas dentro de las escuelas primarias y secundarias, incluyendo los periodos de recreo. La disposición, impulsada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), busca disminuir las distracciones, favorecer la convivencia y mejorar las condiciones para el aprendizaje.
Más allá de la regulación escolar, especialistas señalan que es importante que madres, padres y cuidadores sepan reconocer cuándo el uso de un dispositivo deja de ser una actividad cotidiana y comienza a generar consecuencias negativas.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Algunas manifestaciones que pueden sugerir un uso problemático del celular o las redes sociales son:
Irritabilidad o enojo cuando se intenta limitar el tiempo de pantalla.
Dificultad para controlar el tiempo de uso, incluso cuando existe la intención de dejar el dispositivo.
Aislamiento social, con preferencia por permanecer conectado en lugar de convivir con familiares o amigos.
Disminución del rendimiento escolar o pérdida de interés por las tareas.
Cambios importantes en el estado de ánimo, como apatía, tristeza o ansiedad.
Estas señales adquieren mayor relevancia cuando el uso de las pantallas comienza a desplazar actividades fundamentales como dormir adecuadamente, hacer ejercicio, leer, convivir o cumplir con las responsabilidades escolares.
También es importante prestar atención cuando el menor continúa utilizando el dispositivo a pesar de que ya existen conflictos familiares, dificultades académicas u otras consecuencias negativas.
¿Por qué puede resultar tan difícil dejar las redes sociales?
Las plataformas digitales están diseñadas para ofrecer estímulos frecuentes y recompensas inmediatas, como notificaciones, mensajes, videos, videojuegos o contenido personalizado. Estos estímulos pueden reforzar el deseo de volver a utilizar el dispositivo constantemente.
Sin embargo, es importante evitar simplificar el fenómeno diciendo que las redes sociales simplemente "agotan" o "destruyen" la dopamina. El comportamiento problemático es más complejo y puede involucrar mecanismos de recompensa, hábitos, regulación emocional y pérdida de control sobre el uso.
De acuerdo con la especialista en orientación psicológica Tania Jiménez García, algunas de las manifestaciones centrales de un uso problemático son no poder controlar el tiempo frente a la pantalla, sentir una necesidad intensa de revisar el dispositivo y continuar utilizándolo pese a las consecuencias negativas.
¿Qué tan extendido está el uso de dispositivos en México?
En México, el uso de teléfonos celulares está ampliamente extendido entre la población. De acuerdo con los datos señalados en el reporte, 84.6% de las personas de 6 años o más utiliza un teléfono celular.
Entre los adolescentes de 12 a 17 años, el tiempo promedio de uso alcanza aproximadamente 4.5 horas al día, mientras que los niños de 6 a 11 años pasan alrededor de 2.6 horas diarias frente al celular.
Durante 2025, aproximadamente 16.5 millones de personas de entre 6 y 17 años utilizaron redes sociales en el país.
Estas cifras ayudan a dimensionar la presencia que tienen actualmente los dispositivos digitales en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes.
¿Qué está haciendo México frente a este problema?
Desde el 3 de noviembre de 2026, las escuelas primarias y secundarias del país deberán restringir el uso de celulares y tabletas durante la jornada escolar, incluido el recreo.
La intención es disminuir las distracciones durante las clases, favorecer la interacción entre estudiantes y crear espacios en los que los menores puedan concentrarse en actividades académicas, físicas y sociales sin depender constantemente de las pantallas.
México forma parte de una tendencia internacional en la que distintos países han comenzado a estudiar o establecer medidas relacionadas con el acceso de menores a dispositivos y redes sociales. El objetivo común es reducir posibles efectos negativos sobre el desarrollo, la convivencia y el bienestar de niños y adolescentes.
¿Qué pueden hacer madres, padres y cuidadores?
La intervención familiar es fundamental. Algunas estrategias útiles son:
Establecer horarios y límites claros para el uso del celular.
Evitar que los dispositivos interfieran con el sueño, las comidas, la escuela o la convivencia familiar.
Promover actividades fuera de las pantallas, como deporte, lectura, juegos y convivencia.
Hablar con los menores sobre los beneficios y riesgos de la tecnología.
Dar el ejemplo mediante un uso equilibrado de los dispositivos.
Observar cambios persistentes en el comportamiento, el estado de ánimo o el desempeño escolar.
Buscar orientación profesional cuando exista una pérdida importante de control o las consecuencias comiencen a afectar la vida cotidiana.
¿Qué hacer si aparecen señales de alerta?
Si un niño o adolescente presenta irritabilidad intensa al limitar el celular, aislamiento, problemas escolares o dificultad persistente para controlar el tiempo de uso, lo recomendable es evitar los castigos excesivos o la confrontación constante.
El primer paso puede ser hablar con el menor para conocer qué función cumple el dispositivo en su vida y establecer límites progresivos y consistentes. Cuando el problema persiste, interfiere con el sueño, la escuela, las relaciones familiares o la vida social, puede ser conveniente solicitar una evaluación profesional.
El objetivo no necesariamente es eliminar por completo la tecnología, sino ayudar al menor a desarrollar un uso equilibrado y saludable.
¿Por qué es importante detectar el problema a tiempo?
Reconocer oportunamente estas señales permite intervenir antes de que el uso de las pantallas interfiera de manera significativa con el aprendizaje, el sueño, la actividad física, las relaciones sociales o el bienestar emocional.
La regulación del uso de dispositivos en las escuelas puede ser una herramienta, pero el acompañamiento familiar también resulta fundamental. Establecer límites, fomentar actividades fuera de las pantallas y mantener una comunicación abierta puede ayudar a que niñas, niños y adolescentes aprovechen la tecnología sin que esta desplace aspectos esenciales de su desarrollo.
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