9 cambios en los lunares que pueden ser señales de alerta de melanoma

El melanoma es un cáncer de piel que se origina en los melanocitos, las células responsables de producir melanina. Puede desarrollarse a partir de un lunar que ya existía o aparecer como una lesión nueva sobre una zona de piel previamente normal.
Detectarlo de manera temprana puede facilitar el tratamiento. Por ello, es importante prestar atención a cambios persistentes en lunares o manchas de la piel.
Una de las herramientas más conocidas para identificar posibles señales de melanoma es la regla ABCDE, que evalúa la Asimetría, los Bordes, el Color, el Diámetro y la Evolución. Sin embargo, no todos los melanomas cumplen necesariamente con estos criterios y algunas lesiones benignas pueden presentar características similares. Por ello, cualquier lesión nueva, cambiante o de apariencia inusual debe ser valorada por un profesional de la salud.
1. El lunar pierde su simetría
Un lunar habitual suele mantener una forma relativamente uniforme. Una señal que puede llamar la atención aparece cuando una mitad de la lesión deja de parecerse a la otra.
La asimetría corresponde a la primera letra de la regla ABCDE. Una lesión nueva o que comienza a modificar progresivamente su forma merece especial atención.
2. Los bordes adquieren una apariencia irregular
Los bordes de una lesión sospechosa pueden volverse desiguales, dentados, poco definidos o presentar extensiones irregulares hacia la piel circundante.
Sin embargo, la irregularidad de los bordes por sí sola no significa que exista melanoma. Algunos lunares benignos también pueden tener contornos irregulares, por lo que es importante valorar el conjunto de características y su evolución.
3. Aparecen diferentes colores dentro de la lesión
Los lunares pueden presentar distintas tonalidades de marrón. No obstante, una lesión que comienza a mostrar varios colores o áreas de pigmentación desigual merece revisión.
Tonos negros, azulados, rojizos o incluso zonas blanquecinas pueden formar parte de una lesión sospechosa. La presencia de diferentes tonalidades es otro de los aspectos contemplados en la regla ABCDE.
4. El lunar aumenta progresivamente de tamaño
Un lunar que crece de manera progresiva, especialmente cuando también modifica su forma o color, debe ser revisado.
Tradicionalmente, un diámetro mayor de aproximadamente 6 milímetros se considera una posible señal de alerta. Sin embargo, algunos melanomas pueden detectarse cuando todavía son más pequeños, por lo que el tamaño no debe utilizarse como único criterio.
5. La lesión comienza a cambiar con el tiempo
La evolución es uno de los aspectos más importantes al vigilar los lunares.
Cambios en el tamaño, la forma, el color, la superficie o la aparición de nuevos síntomas pueden justificar una valoración médica. Una estrategia útil puede ser tomar fotografías periódicas de los lunares para comparar su apariencia con el paso del tiempo.
6. Aparece una mancha nueva que persiste
El melanoma no siempre surge de un lunar preexistente. También puede comenzar como una lesión nueva que continúa creciendo o modificándose.
Una mancha que no estaba anteriormente y que mantiene una apariencia diferente a la mayoría de los lunares de la persona puede llamar especialmente la atención. Esto se relaciona con el llamado signo del “patito feo”, que consiste en identificar una lesión que destaca claramente respecto al patrón habitual de la piel.
7. La lesión sangra o desarrolla costras
Un lunar o mancha que comienza a sangrar, formar costras o modificar su superficie sin una causa evidente debe ser evaluado.
Estos cambios no son exclusivos del melanoma y también pueden aparecer debido a traumatismos, irritaciones, infecciones u otras enfermedades dermatológicas. Sin embargo, cuando persisten o se repiten, no conviene ignorarlos.
8. Aparecen picazón, dolor o sensibilidad
Aunque muchos melanomas pueden desarrollarse sin producir molestias en sus primeras etapas, algunas lesiones pueden presentar picazón, sensibilidad o dolor.
Una lesión que además de cambiar comienza a generar síntomas merece especial atención, sobre todo cuando las molestias persisten y no existe una explicación evidente.
9. Una lesión destaca claramente entre las demás
Otra forma de detectar cambios sospechosos consiste en identificar el lunar que “se ve diferente” al resto.
Puede distinguirse por su forma, tamaño, color, superficie o patrón de crecimiento. Esto no significa automáticamente que sea canceroso, pero puede servir como una señal para prestar atención a una lesión que no coincide con el patrón habitual de la piel.
En resumen
No todos los lunares sospechosos tienen las mismas características y no todos los melanomas presentan las señales clásicas de la regla ABCDE. Por eso, además de observar asimetría, bordes, color y tamaño, es fundamental prestar atención a cualquier lesión que cambie, aparezca de nuevo o se vea claramente diferente de las demás.
Si un lunar presenta cambios persistentes, sangrado, modificaciones de color o forma, o simplemente genera preocupación, lo recomendable es solicitar una valoración dermatológica. Detectar un melanoma en etapas tempranas puede facilitar su tratamiento.
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