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10 bacterias que han marcado la historia por su impacto en la salud humana

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Mucho antes de que la ciencia identificara los microorganismos responsables de numerosas enfermedades, las infecciones bacterianas provocaban epidemias, causaban miles de muertes y alteraban el desarrollo de sociedades enteras.

Durante siglos, la falta de conocimientos sobre su transmisión dificultó la prevención y el tratamiento de estos padecimientos.

No existe una clasificación definitiva de las bacterias más mortales de la historia, ya que las cifras varían según la época y la disponibilidad de registros. Sin embargo, estos diez patógenos destacan por su impacto histórico, su capacidad para causar enfermedades graves y los desafíos que todavía representan para la salud pública.

1. Tuberculosis: una infección que sigue causando millones de casos

La tuberculosis es causada por Mycobacterium tuberculosis y afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos. Se transmite por el aire cuando una persona con tuberculosis pulmonar infecciosa libera partículas al toser, hablar o cantar.

Entre sus principales síntomas se encuentran la tos persistente, la fiebre, los sudores nocturnos y la pérdida involuntaria de peso. En 1882, Robert Koch identificó la bacteria responsable, un descubrimiento fundamental para comprender la enfermedad y desarrollar tratamientos.

A pesar de los avances médicos, la tuberculosis resistente a los medicamentos continúa dificultando su control. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que esta enfermedad causó aproximadamente 1.23 millones de muertes en 2024.

2. Peste: la bacteria detrás de la Peste Negra

La peste es una enfermedad causada por Yersinia pestis. Puede transmitirse mediante pulgas infectadas, el contacto con animales infectados y, en determinadas circunstancias, por partículas respiratorias de personas con peste neumónica.

Su episodio histórico más conocido fue la Peste Negra, que se extendió por Europa, Asia y el norte de África entre 1347 y 1353. Las estimaciones varían, pero en algunas regiones europeas pudo morir entre un tercio y la mitad de la población.

La devastación provocada por esta epidemia transformó las sociedades y contribuyó al desarrollo de medidas de aislamiento y cuarentena. Aunque suele asociarse con la Edad Media, todavía se registran casos en algunas regiones del mundo. El tratamiento oportuno con antibióticos puede ser eficaz.

3. Cólera: una infección que puede causar deshidratación grave

El cólera es una infección intestinal provocada por determinadas cepas de Vibrio cholerae. Su transmisión ocurre principalmente al consumir agua o alimentos contaminados con materia fecal, por lo que representa un riesgo importante en lugares con saneamiento deficiente.

Los casos graves pueden provocar diarrea abundante y vómitos, ocasionando una pérdida rápida de líquidos y electrolitos. Sin tratamiento, la deshidratación puede causar la muerte en poco tiempo.

En 1854, el médico John Snow investigó un brote en Londres y relacionó numerosos casos con el agua de una bomba pública ubicada en Broad Street. Su investigación se convirtió en un referente para la epidemiología moderna.

Actualmente, el acceso a agua potable, el saneamiento, la higiene y la rehidratación son esenciales para combatir la enfermedad. Las vacunas orales también pueden utilizarse en determinados contextos.

4. Difteria: una infección que puede obstruir las vías respiratorias

La difteria respiratoria suele ser causada por cepas de Corynebacterium diphtheriae capaces de producir una toxina que daña los tejidos. Puede formar una membrana gruesa en la garganta que dificulta la respiración y la deglución, motivo por el que históricamente recibió el sobrenombre de «ángel estrangulador».

La toxina también puede afectar el corazón y el sistema nervioso, provocando complicaciones graves. Antes de la vacunación generalizada, la enfermedad ocasionaba brotes importantes, especialmente entre los niños.

La introducción de la antitoxina y las vacunas redujo considerablemente su incidencia en numerosos países. Sin embargo, los brotes siguen siendo posibles cuando disminuye la cobertura de vacunación o se interrumpen los servicios sanitarios. La inmunización y el tratamiento temprano son fundamentales para prevenir consecuencias graves.

5. Tifus epidémico: una enfermedad asociada con guerras y crisis humanitarias

El tifus epidémico es causado por Rickettsia prowazekii y se transmite principalmente a través de piojos del cuerpo infectados. Históricamente, encontró condiciones favorables en campamentos militares, prisiones y comunidades afectadas por el hacinamiento, la hambruna y la falta de higiene.

Sus manifestaciones pueden incluir fiebre alta, dolor de cabeza y erupciones cutáneas. En los casos graves, también puede provocar alteraciones neurológicas y otras complicaciones potencialmente mortales.

Durante diferentes guerras y crisis humanitarias, sus brotes causaron numerosas muertes y dificultaron las operaciones militares. La investigación de las rickettsias también tuvo consecuencias trágicas para la ciencia: Howard T. Ricketts murió en 1910 mientras investigaba microorganismos relacionados.

En la actualidad, el control de los piojos, la mejora de las condiciones de higiene y el tratamiento oportuno con antibióticos ayudan a prevenir complicaciones.

6. Sífilis: una infección que puede transmitirse al bebé durante el embarazo

La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por Treponema pallidum. Puede producir lesiones en la piel y las mucosas y, si no se trata, afectar el sistema nervioso, el cerebro y el corazón.

A lo largo de la historia, la enfermedad estuvo rodeada de estigma. En Europa, distintas sociedades le atribuyeron nombres vinculados con pueblos rivales, reflejando los prejuicios y conflictos políticos de la época.

Aunque existen tratamientos eficaces, como la penicilina, el diagnóstico tardío y las dificultades para acceder a los servicios médicos siguen representando obstáculos. Durante el embarazo, una infección no tratada puede transmitirse al feto y causar pérdida del embarazo, muerte fetal u otras complicaciones graves.

La OMS estimó que en 2022 se produjeron alrededor de 700 mil casos de sífilis congénita y 390 mil resultados adversos relacionados con la infección materna. La detección durante el embarazo y el tratamiento oportuno son esenciales para prevenir estos desenlaces.

7. Estreptococo del grupo A: de infecciones comunes a cuadros mortales

Streptococcus pyogenes, conocido como estreptococo del grupo A, puede causar faringitis e infecciones cutáneas. Sin embargo, también puede provocar enfermedades invasivas graves, como la fascitis necrosante y el síndrome de choque tóxico estreptocócico.

Históricamente, las infecciones estreptocócicas estuvieron relacionadas con numerosos casos de fiebre puerperal, una complicación que causó muchas muertes después del parto.

En el siglo XIX, el médico Ignaz Semmelweis observó que las mujeres atendidas por médicos y estudiantes que también realizaban autopsias presentaban una mortalidad mayor. Al introducir el lavado de manos con una solución de cal clorada, la mortalidad materna disminuyó notablemente. Sus observaciones fueron fundamentales para el desarrollo de las prácticas modernas de higiene hospitalaria.

Actualmente, los antibióticos permiten tratar muchas infecciones por esta bacteria, aunque las formas invasivas continúan siendo una emergencia médica.

8. Neumococo: una causa importante de neumonía y meningitis

Streptococcus pneumoniae, conocido como neumococo, puede habitar en la nariz y la garganta sin causar síntomas. Sin embargo, también puede provocar neumonía, meningitis e infecciones del torrente sanguíneo.

Los niños pequeños, las personas adultas mayores y quienes presentan determinadas enfermedades tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones. La neumonía puede causar fiebre, tos, dolor torácico y dificultad para respirar; la meningitis puede ocasionar secuelas neurológicas o incluso la muerte.

Las vacunas antineumocócicas han contribuido a reducir la carga de enfermedad en numerosos países. Además, esta bacteria ocupa un lugar importante en la historia de la genética: en 1928, Frederick Griffith describió un fenómeno de transformación bacteriana que posteriormente ayudó a orientar las investigaciones sobre el material genético.

9. Fiebre tifoidea: el caso de Mary Mallon

La fiebre tifoidea es causada por Salmonella enterica serovar Typhi, conocida como Salmonella Typhi. Se transmite principalmente mediante agua o alimentos contaminados con heces de una persona infectada.

Puede provocar fiebre prolongada, dolor abdominal y debilidad, además de complicaciones intestinales potencialmente mortales. Sin tratamiento adecuado, la enfermedad puede agravarse considerablemente.

Uno de los casos históricos más conocidos es el de Mary Mallon, una cocinera de origen irlandés que emigró a Estados Unidos y fue identificada como portadora asintomática de la bacteria. Aunque no presentaba síntomas, las investigaciones vincularon su trabajo en distintos hogares con brotes de fiebre tifoidea.

Mallon fue sometida a cuarentena y se hizo conocida como «Mary la tifoidea». Su caso generó un debate sobre cómo equilibrar las medidas de salud pública con los derechos individuales, especialmente cuando una persona puede transmitir una infección sin saberlo.

10. Estafilococo dorado: el desafío de la resistencia a los antibióticos

Staphylococcus aureus, conocido como estafilococo dorado, puede encontrarse en la piel y la nariz de personas sanas sin causar enfermedad. No obstante, si ingresa al organismo a través de una herida o alcanza tejidos internos, puede provocar abscesos, neumonía, endocarditis y sepsis.

Una variante especialmente preocupante es el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA), que presenta resistencia a varios antibióticos y puede limitar las opciones de tratamiento. Algunas cepas ocasionan brotes en hospitales y otros entornos sanitarios.

No todas las infecciones por estafilococo son resistentes a los antibióticos: el riesgo depende de la cepa, el lugar de la infección y los medicamentos disponibles. Un análisis mundial publicado en The Lancet estimó que, en 2019, S. aureus fue el patógeno bacteriano asociado con el mayor número de muertes entre adultos.

La higiene, las medidas de prevención y control de infecciones y el uso responsable de los antibióticos son fundamentales para reducir su impacto.

La importancia de prevenir las infecciones bacterianas

Estas diez bacterias muestran cómo las enfermedades infecciosas han influido en la historia y continúan representando un desafío para la medicina. Aunque la vacunación, los antibióticos, el saneamiento y las prácticas de higiene han permitido reducir numerosas muertes, algunas infecciones persisten y otras se vuelven más difíciles de tratar debido a la resistencia antimicrobiana.

La detección temprana, el acceso a servicios sanitarios, la vacunación cuando está indicada y el uso adecuado de los medicamentos siguen siendo herramientas esenciales para prevenir complicaciones y proteger la salud pública.

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