La ciencia médica ha logrado un avance significativo con la creación del marcapasos más pequeño del mundo, un dispositivo tan diminuto que es más pequeño que un grano de arroz, y que tiene el potencial de salvar millones de vidas de bebés con defectos cardíacos congénitos.
Desarrollado por un equipo de ingenieros de la Universidad Northwestern, este innovador marcapasos se implanta mediante una jeringa y se disuelve en el cuerpo una vez que ya no es necesario, eliminando la necesidad de cirugías adicionales.
Con dimensiones de apenas 1.8 mm de ancho, 3.5 mm de largo y 1 mm de grosor, el marcapasos ofrece la misma estimulación eléctrica que los modelos tradicionales. Su tamaño y diseño lo hacen perfecto para los corazones delicados de los recién nacidos que necesitan asistencia temporal para regular su ritmo cardíaco.
La tecnología asociada también es asombrosa: un pequeño dispositivo inalámbrico, flexible y suave que se coloca sobre el pecho del paciente. Cuando detecta un latido irregular, emite pulsos de luz que atraviesan la piel, el esternón y los músculos, activando el marcapasos sin necesidad de electrodos invasivos ni cables externos.
Una de las principales ventajas de este marcapasos innovador es su capacidad de disolverse de forma natural en el cuerpo una vez que ha cumplido su función. Fabricado con materiales biocompatibles, se desintegra en los biofluidos del organismo, evitando las complicaciones asociadas con la extracción quirúrgica de dispositivos tradicionales, como infecciones, daños en los tejidos y coágulos sanguíneos.
El doctor John Rogers, líder del equipo de desarrollo, señaló que este diseño minimiza el trauma quirúrgico y reduce los riesgos postoperatorios. "Al eliminar la necesidad de extracción, también reducimos la posibilidad de cicatrices y otras complicaciones", explicó.
El dispositivo también ha revolucionado su sistema de alimentación. En lugar de utilizar tecnología de comunicación de campo cercano (NFC), como los marcapasos anteriores, este modelo funciona con una celda galvánica, una pequeña batería que convierte energía química en energía eléctrica, aprovechando los biofluidos del cuerpo como electrolitos para generar la electricidad necesaria.
Otro aspecto innovador es el uso de luz infrarroja para activar el marcapasos. Según el doctor Igor Efimov, coautor del estudio, la luz infrarroja penetra de manera eficiente a través del cuerpo y permite estimular el corazón sin la necesidad de cables ni dispositivos invasivos. "Si colocas una linterna contra tu palma, verás cómo la luz atraviesa la piel; lo mismo sucede con nuestro dispositivo", explicó Efimov.
Los investigadores de la Universidad Northwestern consideran que esta tecnología no solo podría tener aplicaciones en cardiología, sino también en otros campos médicos. Actualmente, se explora su uso en dispositivos implantables para la regeneración de nervios, la curación de fracturas óseas y el tratamiento de heridas.