El sarampión ha vuelto a generar preocupación en México. Según el informe de la Secretaría de Salud correspondiente a la semana epidemiológica 12 (16-22 de marzo de 2025), el país ha registrado 60 casos confirmados, con un alarmante aumento de 17 nuevos contagios en la última semana.
De los 60 casos reportados, dos son importados, 20 están relacionados con contagios fuera del país y 38 aún están siendo investigados para determinar su origen. La mayoría de los casos se concentran en Chihuahua, con 56, seguido de Oaxaca con 4. En cuanto a la distribución por género, los hombres representan el 56.7% de los contagios, mientras que las mujeres suman el 43.3%. En términos de edad, el grupo más afectado es el de niños de 5 a 9 años, con el 33.3% de los casos, seguido por el grupo de 10 a 14 años con el 18.3%.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es que el 93.3% de los casos confirmados corresponde a personas no vacunadas contra el sarampión. Solo el 5% de los afectados tiene una dosis de la vacuna SRP (sarampión, rubeola y parotiditis) y solo el 1.7% ha recibido el esquema completo de dos dosis. Esto resalta la importancia de la vacunación como la principal herramienta de prevención contra esta enfermedad altamente contagiosa.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reportado 16,144 casos confirmados de sarampión hasta la semana epidemiológica 10 de 2025, con 32,488 casos sospechosos. Los países con mayor incidencia incluyen Yemen (7,584 casos), Pakistán (6,661), India (6,532), Tailandia (6,224) y Etiopía (4,596). En la región de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) confirma 611 casos hasta el 13 de marzo de 2025, distribuidos entre Estados Unidos (301), Canadá (278), México (22) y Argentina (10).
El sarampión es una enfermedad viral extremadamente contagiosa que se transmite a través de gotitas respiratorias al toser o estornudar. Sus síntomas incluyen fiebre, conjuntivitis, coriza, tos y las típicas manchas de Koplik en la mucosa bucal. Las complicaciones pueden ser graves, especialmente en niños desnutridos o con sistemas inmunitarios debilitados, y pueden llevar a otitis media, neumonía, laringotraqueobronquitis y encefalitis. En comunidades con alta desnutrición y escaso acceso a atención médica, la tasa de mortalidad puede alcanzar el 10%.