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¿Por qué nos apasionan las pelotas? El secreto evolutivo que revela la UNAM

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Agencias / El Tiempo
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Un especialista de la UNAM revela cómo el impulso humano de patear, lanzar y perseguir balones responde a una evolución avanzada del control motor y el equilibrio.

En el marco del Mundial 2026, la fascinación de los seres humanos por los objetos esféricos cobra una relevancia científica que va más allá del deporte. Víctor Manuel Rodríguez Molina, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que detrás del impulso de interactuar con un balón o pelota existe una compleja combinación de procesos cerebrales, habilidades motoras y equilibrio. Esta conducta se desarrolló mucho antes de la invención del futbol y tiene su origen en actividades de la naturaleza que se realizaban por mera motivación y disfrute.

El sistema de control motor y el desafío del equilibrio

El encargado de coordinar estos movimientos corporales es el sistema de control motor. El cerebro posee neuronas específicas responsables de activar cada músculo de las piernas, los brazos y la espalda. Al jugar de pie y desplazar las extremidades inferiores para golpear un objeto, el cuerpo humano ejecuta una proeza biológica guiada por el equilibrio, el cual forma parte de este sistema de control.

El especialista universitario señaló que el organismo es capaz de impulsarse, levantar la pierna, moverla en el aire y golpear con fuerza un esférico sin caerse. Este sistema es altamente perfectible; los atletas profesionales y jugadores de futbol entrenan continuamente para refinar la fuerza, la destreza y el balance de sus movimientos, optimizando la comunicación entre el cerebro y los músculos para lograr ejecuciones impecables en la cancha.

La complejidad de la anticipación: el caso de Hugo Sánchez

La interacción con un balón requiere de una integración sensorial avanzada. El académico de la UNAM recordó la emblemática anécdota del futbolista mexicano Hugo Sánchez, quien después de los entrenamientos cotidianos se quedaba a practicar los remates de chilena que lo inmortalizaron. Esta jugada es un claro ejemplo de la sincronización de múltiples factores biológicos complejos.

El proceso inicia con la visión, ya que el deportista debe calcular con precisión el origen, la fuerza y la velocidad con la que viaja la pelota. Posteriormente, el sistema nervioso ejecuta lo que la ciencia denomina la anticipación del movimiento. Incluso para un especialista con agilidad motriz sobresaliente, la jugada es tan compleja que de cada 10 intentos solo se lograba concretar uno o dos de forma efectiva, demostrando el elevado nivel de desempeño integral que se le exige al organismo humano.

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