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La Entrevista con Velia Martínez - Comerciante de juguetes en la UCA

Entrevista
Daniela Cordova
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De no tener juguetes a regalar miles de sonrisas. 

Durante diez años, Velia Martínez, comerciante de la Unión de Comercio Ambulante (UCA), ha encontrado en los juguetes mucho más que una forma de ganarse la vida. Entre muñecas Barbie restauradas, carritos armados pieza por pieza y pequeñas figuras cuidadosamente empacadas, ha construido una historia donde el verdadero valor no está en el dinero, sino en la sonrisa de un niño. Su infancia, marcada por la carencia, la llevó a convertir una promesa personal en una misión de vida: hacer que ningún pequeño se quede sin la ilusión de tener un juguete.

¿Cómo nació su pasión por vender juguetes?

"Hace como diez años yo vendía ropa, pero sentía que todavía no encontraba algo que realmente me hiciera feliz. Un día me di cuenta de que lo que más disfrutaba eran los juguetes y desde entonces decidí dedicarme por completo a ellos. Todo lo hago yo sola: acomodo el puesto, transporto los juguetes, los limpio, los arreglo y los preparo para venderlos. Es un trabajo pesado, pero cuando veo el resultado siento que encontré aquello que realmente me apasiona hacer".

¿Qué tienen los juguetes que lograron cambiar su vida?

"Algo muy especial porque despiertan la ilusión de los niños. A mí me encanta venderlos porque siento que cada uno puede hacer feliz a alguien. Mucha gente me dice que gano muy poco dinero por todo el trabajo que les invierto, pero para mí la mayor ganancia es ver la sonrisa de un niño cuando encuentra el juguete que quería. Eso vale mucho más que cualquier cantidad de dinero".

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¿Cómo logra ofrecer juguetes a precios tan accesibles?

"Siempre trato de pensar en la economía de las familias. Por eso hago paquetes y combino juguetes para que cualquier papá pueda comprar uno sin gastar demasiado. Tengo carritos de diez pesos, muñequitas desde cinco pesos y otras un poco más elaboradas de quince pesos. Incluso las bolsitas donde los entrego representan un gasto para mí, pero prefiero ganar poquito y saber que un niño pudo llevarse un juguete que de otra manera quizá no habría podido tener".

Sus muñecas lucen como nuevas. ¿Cómo logra transformarlas para que vuelvan a enamorar a los niños?

"Cada muñeca lleva muchísimo trabajo. Primero las lavo muy bien, las peino con un tenedor porque así el cabello queda más bonito y luego comienza la parte que más disfruto: vestirlas. Incluso les compro accesorios por internet, en Shein. Les encargo vestidos, zapatos, bolsas, collares, diademas y muchas cositas más para que cada una tenga un estilo diferente. Cuando llegan los paquetes me emociono porque ya quiero empezar a combinarlos y ver cómo va quedando cada muñeca. Sé que esos accesorios son caros y, siendo sincera, casi no les gano dinero cuando las vendo, pero eso pasa a segundo plano. Lo que más me gusta es transformar una muñeca que muchos darían por perdida y devolverle vida para que un niño vuelva a ilusionarse al verla. Cuando un pequeño se acerca, la toma entre sus manos y le brillan los ojos porque le gustó, siento que todo el esfuerzo, el tiempo y el dinero valieron la pena. Esa es la forma que encontré de restaurar muñecas y, al mismo tiempo, regalar felicidad".

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Usted dice que cada muñeca tiene personalidad, ¿cómo la descubre?

"Hay muñecas que tienen una carita muy juvenil y les pongo ropa moderna; otras tienen rasgos que me recuerdan otra época y entonces les busco vestidos retro. Algunas me inspiran un estilo más tradicional o más sencillo. Me gusta imaginar cómo sería esa muñeca y vestirla de acuerdo con lo que me transmite. Esa es una parte muy bonita de mi trabajo porque siento que cada juguete vuelve a tener vida".

¿Qué siente cuando un niño compra uno de sus juguetes?

"Me llena de satisfacción porque siempre recuerdo mi infancia. Yo nunca tuve un juguete. Éramos una familia de diez hermanos y vivíamos en dos cuartos de adobe aquí en Monclova. Recuerdo que de niña le preguntaba a mi papá por qué Santa Claus nunca me había traído un regalo. En ese momento no entendía la situación económica que vivíamos, pero con el tiempo comprendí todo el esfuerzo que hacía por nosotros. Cada vez que un niño se lleva un juguete, pienso en esa niña que fui y siento una enorme felicidad".

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¿Esa infancia fue la que la impulsó a emprender este proyecto?

"Definitivamente sí. Desde muy pequeña me prometí que si algún día tenía la oportunidad iba a vender juguetes para que otros niños no pasaran por lo mismo que yo. Quería que cualquier familia pudiera comprar un regalo sin importar cuánto dinero tuviera. Esa promesa nunca la olvidé y hoy siento que la estoy cumpliendo cada vez que un niño sale contento de mi puesto con un juguete en las manos".

¿Cuál ha sido la mayor recompensa que le ha dejado este trabajo?

"Lo más bonito es el cariño de la gente. Muchos niños ya me conocen como 'la señora de los juguetes'. Llegan desde lejos diciéndole a sus papás que quieren venir conmigo. Algunos crecieron y ahora ya son adolescentes, pero todavía los recuerdo cuando eran pequeños. Saber que fui parte de su infancia y que guardan un buen recuerdo de mí es una recompensa que no tiene precio".

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¿Qué piensa al ver que muchos niños prefieren un celular antes que un juguete?

"Me da un poco de tristeza porque antes los niños convivían más, imaginaban historias y disfrutaban jugar durante horas. Hoy muchos prefieren quedarse viendo un teléfono. Yo creo que un juguete todavía tiene el poder de despertar la imaginación, de hacer que un niño cree historias y comparta momentos con su familia. Ojalá nunca se pierda esa ilusión".

Si pudiera abrazar a la niña que nunca tuvo un juguete, ¿qué le diría?

"Le diría que nunca dejara de soñar. Que algún día todo ese dolor se convertiría en algo muy bonito, porque esa niña que nunca recibió un juguete terminó dedicando su vida a regalar sonrisas. Hoy entiendo que no importa cuánto dinero se gane, sino la felicidad que puedes provocar en los demás. Esa ha sido la mayor satisfacción de mi vida".

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