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Diana Covarrubias: 23 años de danzar en familia

La matlachina comparte cómo la fe, la tradición y sus hijas fortalecen una historia familiar.

Entrevista: La matlachina comparte cómo la fe, la tradición y sus hijas fortalecen una historia familiar.
Penélope Cueto
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Saltillo, Coahuila, 12 de junio de 2026.- Para Diana Cecilia Covarrubias la danza de los matlachines no es solo una tradición, sino una forma de expresar su fe y mantener. Durante 23 años ha formado parte de distintos grupos de danza y hoy comparte ese camino con sus tres hijas, quienes encontraron en esta práctica una manera de acercarse a sus raíces.

Ama de casa y madre de familia, Diana pertenece actualmente a la danza María Rosa Mística, de Paraje Santa Elena, y en esta Matlachinada de Saltillo vivió una experiencia especial: por primera vez asumió el papel de incensaria tlaxcalteca, una responsabilidad que representa un acto de agradecimiento y devoción.

Su historia comenzó cuando era niña y, con el paso del tiempo, la danza se convirtió en una parte esencial de su vida. Hoy, su mayor orgullo es que sus hijas continúen una tradición que ella inició desde pequeña.

 

¿Cómo comenzó su historia dentro de la danza?

Yo empecé desde que estaba en el kínder. Mi primera danza fue San José de los Cerritos con la señora Tere Colunga. Después continué con los Sarapes de La Romita y con el paso de los años fui conociendo más grupos hasta llegar a María Rosa Mística.

Tengo 23 años danzando y nunca lo he dejado. Incluso seguí participando hasta los cinco meses de embarazo, porque siempre ha sido parte de mi vida y no quería alejarme de algo que me llena tanto.

 

¿Qué representa para usted la danza?

Para mí significa mucho porque es una manera de agradecerle a Dios y a la Virgen. Yo danzo por fe, porque es una forma de expresar mi agradecimiento por todo lo que tengo y por las bendiciones que he recibido.

Desde niña he estado cerca de la iglesia San José de los Cerritos y esa formación de fe siempre ha estado presente en mi vida. La danza no es solamente un movimiento o un vestuario, también es una forma de oración y de compromiso.

 

¿Cómo llegó a formar parte de la danza María Rosa Mística?

Tengo alrededor de cinco meses con esta danza. Fue una nueva etapa para mí porque también por primera vez tengo la responsabilidad como incensaria tlaxcalteca.

Aunque llevo muchos años danzando, siempre hay algo nuevo que aprender. Cada grupo tiene sus formas, sus símbolos y sus maneras de vivir la tradición.

 

¿Qué significa ser incensaria tlaxcalteca?

Con el incienso damos gracias a nuestro Señor. Es una forma de ofrecer respeto y acompañar la danza desde otro papel.

Además, el vestuario que porto representa al colibrí. Se dice que este animal tiene un significado especial porque es un mensajero, alguien que comunica. Para mí representa un saludo y una conexión con algo más grande.

 

¿Cuál considera que es la parte más difícil de la danza?

Creo que depende mucho de cada persona y del tipo de danza. Algunas requieren más condición física porque tienen pasos rápidos y movimientos constantes.

Al principio puede parecer complicado, pero cuando existe gusto y compromiso se aprende. La danza también enseña disciplina, paciencia y constancia.

 

¿Cuál ha sido la experiencia más bonita que le ha dejado la danza?

Sin duda, ver a mis hijas danzando conmigo. Mucha gente me conoce desde que tenía nueve años y ahora me ven acompañada por ellas. Para mí es algo muy especial porque significa que esa fe y esa tradición que recibí también llegó a mi familia.

Me da mucho orgullo que ellas tengan esa misma alegría y ese respeto por la danza. Es algo que les he inculcado porque creo que las tradiciones deben pasar de generación en generación.

 

¿Qué mensaje daría a las familias que buscan acercarse a la danza?

Que se acerquen y que se den la oportunidad de conocerla. Para nosotros la danza es como una segunda familia. Aquí encontramos personas que comparten la misma fe y los mismos valores.

Aunque en cualquier familia o grupo puede haber diferencias, la danza nos une por un buen camino, por el camino de la fe y de la convivencia.

 

¿La danza ayuda también en los momentos difíciles?

Sí. Cuando uno llega con tristeza, enojo o preocupaciones, al momento de danzar deja todo eso atrás. Es como liberar lo que uno trae dentro y transformar esos sentimientos en alegría.

Por eso dicen que un danzante no solo suda, también brilla cuando danza, porque lo hace con el corazón.

 

¿Cuánto tiempo se necesita para aprender a danzar?

Depende de cada persona. Si realmente le gusta, poco a poco aprende. Lo importante es tener disciplina y compromiso.

Nosotros ensayamos cada 15 días, pero más allá del tiempo, lo importante es mantener las ganas y respetar esta tradición.

 

¿Qué agradecimiento quisiera hacer?

Principalmente a Dios. A Él le agradezco poder seguir danzando y compartir esta experiencia con mi familia. Ser danzante es algo muy bonito; antes de vivirlo uno puede pensar que es difícil, pero cuando ya está dentro descubre lo hermoso que es.

 

Diana Covarrubias continúa dando pasos dentro de una tradición que inició en su infancia y que hoy comparte con sus hijas. Para ella, cada danza representa una historia familiar, una muestra de fe y una forma de conservar la identidad de quienes mantienen viva esta expresión cultural.

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