Una despedida con la alegría que sólo se vive en México

El último partido de la Copa del Mundo 2026 en territorio mexicano fue una fiesta que tuvo de todo.
Calor, lluvia, amenaza de tormenta eléctrica, música, bailes, batallas de porras entre locales e ingleses, y el recuerdo de una jornada inolvidable para el país.
Veinticuatro días después de su tercera inauguración de la Copa del Mundo, el Estadio Ciudad de México vibró por última vez, con un escenario inmejorable: Un partido de octavos de final entre la Selección Mexicana e Inglaterra.
Con nostalgia, emoción e ilusión, miles de aficionados se dieron cita en el Coloso de Santa Úrsula para vivir el último partido de la Copa del Mundo en este inmueble. Los ingleses no querían perderse la oportunidad de conocer el estadio donde Edson Arantes do Nascimento Pelé y Diego Armando Maradona se consagraron como dioses del futbol.
La lluvia volvió a ser un protagonista del Mundial y demoró el comienzo del partido; en lugar de mermar el ánimo, la tormenta fue una invitación para beber, cantar y bailar una hora más antes del silbatazo inicial.
Fher, vocalista de Maná, fue el encargado de poner el balón con el que se jugó el primer tiempo y, al ritmo de Oye mi amor, el estadio explotó de euforia.
La afición tricolor cumplió con su papel de hacer pesar la localía. Las gradas se volvieron a pintar de verde, y especialmente en la cabecera norte, fueron entregadas miles de banderas mexicanas.
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