Sucesos... La censura de los medios
José Mariano Orozco TenorioEl tema de la práctica de la censura no es para nada nuevo; desde la conquista ha estado presente, aunque en algunas épocas con mayor intensidad que en otras. El Rey Felipe II expidió una cédula real el 25 de enero de 1569 en la cual se creaba el Tribunal del Santo Oficio, más conocido como la Santa Inquisición en la Nueva España, cuyo desempeño estaba dirigido al control de las ideas y expresiones y evaluar el contenido de los libros que llegaban, así como las herejías que iban en contra de la fe católica. El Tribunal funcionó hasta el 15 de julio de 1834, cuando María Cristina de Borbón decretó su abolición. En otras palabras, las acciones de la censura en la Nueva España predominaron por 300 años aproximadamente. Durante el período de la Independencia de México hubo avances en la libertad de expresión pero también retrocesos. De una u otra forma, imperaba la censura. Tanto en la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos de 1824 como en la de 1857 figuraba ya el deseo de contar con la libertad de expresión y la manifestación libre de ideas y opiniones, así como también se establecía la libertad de imprenta.
Actualmente el artículo 7 Constitucional prohíbe categóricamente la censura previa y señala: “Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias… o por cualesquiera otros medios y tecnologías de información y comunicación encaminados a impedir la transmisión de circulación de ideas y opiniones. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión…”
El tema de la censura se ha retomado con fuerza últimamente a raíz del anteproproyecto presentado por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a través de la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República difundido a fines del pasado mes de julio del presente año, sobre los “Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias”, cuya responsabilidad es de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT). El documento se ha dado a conocer con la pretensión de que sea sometido a consulta pública. A pocos días de su presentación, han surgido una serie de fuertes reclamaciones de una parte de la sociedad argumentando que se trata de aplicar una censura vedada y ponen en riesgo la democracia del país.Tanto juristas como organizaciones civiles han repudiado dicho anteproyecto porque el propio Gobierno sería quien decida qué es una noticia, qué es una opinión y procedería a ejercer la censura y la aplicación de las sanciones a los concesionarios de la comunicación, si así lo considera “dañino para el país”. El Observatorio Ciudadano para un proyecto Nacional Alternativo (CEPNA), abogados destacados como Diego Valadés, Jorge Alcocer, José Ramón Cossío, Natalia Reyes Heroles, Alma Zamora y José de Jesús Orozco, entre muchos otros, recuerdan que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) sostiene que la piedra angular de toda democracia estriba en la libertad de expresión.
Las partidas presupuestales de los fondos públicos son la 36605, 36101 y la 36201 que abarcan el dinero público disponible para utilizar en los medios de comunicación, pero el truco en su manejo consiste en que queda a discreción de la autoridad. Así, se excluye a TV Azteca, el periódico Reforma y el Universal, debido a que no se alinean a las directrices emanadas desde el Poder Ejecutivo. Esto no es nada nuevo, basta recordar algunos ejemplos de “castigo” a ciertos medios, como el caso del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien mandó clausurar el periódico “El Diario de México”, en 1966, así como la negativa de suministrar el papel subsidiado a la revista “Política”, de Manuel Marcué Pardiñas, cuya tendencias era claramente de la izquierda mexicana, José López Portillo ordenó retirar la publicidad oficial de la revista “Proceso” y acuñó la famosa frase de “yo no pago para que me peguen”. En épocas más recientes, tenemos a Carlos Salinas de Gortari, excluyendo la publicidad oficial en el periódico El Financiero” y Ernesto Zedillo Ponce de León a Reforma”, de Alejandro Junco. Sin poder comprobar, se sabe que Vicente Fox, Martha Sahagún, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, presionaron a los propietarios de medios para que renunciaran algunos periodistas. Como podemos apreciar y entender, la publicidad se volvió una herramienta poderosa para que las autoridades puedan premiar o castigar a los medios, según su disposición para publicar lo conducente. Otra técnica que utilizó al Presidente Andrés Manuel López Obrador fue exponer al desprestigio y emitir la orden de practicar auditorías y llevar a cabo investigaciones a través de la UIF, la Unidad de Inteligencia Financiera. Es tal el temor y la presión que ha obligado, penosamente, a que varios periodistas opten por irse a radicar al extranjero. Raymundo Riva Palacio, afirma en su nota “Censura y miedo”, publicado el 11 del actual mes y año, que “nunca había habido un ecosistema tan cargado de miedo, polarización y hostigamiento sistemático. El disentir tiene consecuencias…..hasta que MORENA pierda el poder”.
Regresando al tema central del día de hoy, al anteproyecto de los Lineamientos, cuya intención es regular los contenidos de radio y televisión, en síntesis, el documento obliga a: 1. Distinguir entre opinión y noticia. 2. Prohibe difundir información falsa o descontextualizada 3, Designar un defensor de las audiencias y medios. 4. Permitir quejas de los ciudadanos (anónimas). 5 Multas para quienes incumplan. Naturalmente los partidos de oposición han alzado la voz rechazando las directrices porque afirman que el Gobierno tendría la facultad para decidir que es verdadero y que es falso; para dictaminar si la información está fuera de contexto. La versión en cuestión no abarca hasta ahora la prensa escrita, pero se estima que la que sigue serían los medios digitales y después la prensa escrita.
El periodista Sergio Sarmiento citó el libro de Seth Stepehns-Davidowitz, colaborador del periódico New York Times, “Everybody lies”, publicado desde el 2017, donde asegura que todo mundo miente, inclusive “los políticos mienten hasta cuando dicen que no mienten, pero en realidad lo hacen porque son humanos. La mentira, según Sarmiento es el arma de muchos políticos y de los principales youtubers y trolls. De acuerdo a la consultoría SPIN, Andrés Manuel López Obrador contabilizó poco más de 110 mil mentiras dichas en las mañaneras por el Expresidente entre las que se cuentan también ciertas afirmaciones que no estaban probadas. Entonces, tenemos aquí dos peligrosas herramientas que son y pueden ser utilizadas por los gobiernos en turno: la censura y la argumentación con mentiras o hechos no comprobados; clara muestra de violaciones a la Constitución política. Ya vimos que la aplicación de la censura no es nada nuevo; muchos de los gobiernos han acudido a ella cuando se sienten agredidos. La censura no es otra cosa más que el bloqueo de la verdad, o al menos, anotando otro contexto y manipulando cifras para distorsionar la verdad. Hay que tener en cuenta que también puede proceder la autocensura al no difundir la información cierta. En épocas modernas, es común la orden para el bloqueo de páginas web y, en su caso, hasta cerrar cuentas completas de usuarios. El ejercicio de la censura provoca tener una sociedad mal informada que facilita el control social. La desinformación ocasiona la toma equivocada de decisiones.
Si bien es cierto que los Lineamientos son –en principio- un anteproyecto para la consulta pública, refleja la tendencia gubernamental para controlar el manejo de la información. Es responsabilidad de todos los ciudadanos no permitir llegar a esos niveles de mutismo en una sociedad que aún presume tener al menos una parte de la libertad de expresión. La base de toda democracia es precisamente el ejercicio de la libre expresión y manifestación de ideas y opiniones. No debemos tener ninguna autoridad censora que coaccione nuestro hablar.
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