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Sucesos... ¡Cuidado con la luz!

José Mariano Orozco Tenorio
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La Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC) dejó de existir jurídicamente en el 2009, cuando la Comisión Federal de Electricidad (CFE) asumió las funciones operativas que tenía bajo su cargo. Sin embargo la CFE existía desde agosto de 1937 que había sido creada por iniciativa del entonces Presidente Lázaro Cárdenas. Cabe hacer notar que en esa fecha se estimaba que la electricidad solo cubría alrededor del 40% del país, abarcando principalmente las zonas urbanas y en aquellas áreas donde operaban las grandes industrias. Por ello, se explica que la mayor parte del servicio de luz estaba a cargo de empresas extranjeras.

El nacimiento de la Comisión Federal de Electricidad tenía como objetivo central organizar, dirigir y coordinar el sistema nacional de energía eléctrica bajo el mandato presidencial de que fuese accesible a precios baratos para la población y así contribuir al desarrollo del país y al bienestar de la gente. Al Presidente Adolfo López Mateos se le debe la nacionalización del servicio eléctrico, para contribuir así al desarrollo industrial del país.

En la actualidad, la CFE es una empresa pública del Estado, después de que a partir de marzo del 2025 dejó el carácter de empresa productiva del estado, para adoptar el enfoque de ser una entidad de seguridad nacional y con un matiz social, que está enmarcada en el sector paraestatal y agrupada bajo el control de la Secretaría de Energía (SENER), con personalidad jurídica y patrimonio propio, con autonomía operativa e independencia técnica. Sin embargo, aún y cuando se considera una empresa paraestatal no se rige bajo las reglas comunes a las dependencias del gobierno, sino que goza de un régimen especial conferido por la Ley de la Empresa Pública del Estado, a la que se puede aplicar, en caso necesario, el derecho civil y mercantil de manera supletoria.

Su propósito general no es contribuir al erario público sino a lograr la independencia energética nacional. Es cierto que se trata de un monopolio, pero es legal, que pretende regular la transmisión y distribución de la energía eléctrica que requiere el país, de acuerdo al artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La misma Ley de la Empresa Pública le permite tener empresas filiales, siempre y cuando el capital mínimo sea del 50% por parte de la CFE. Para ello, la Secretaría de Energía (SENER) cuenta con organismos desconcentrados, como es el caso de la Comisión Nacional de Energía (CNE) cuyo objetivo es controlar el mercado energético. La vinculación entre la CFE y la SENER se desarrolla bajo los siguientes postulados: 1. Mediante el marco jurídico operativo, de conformidad a la planeación con la SENER. 2. Planeación de la transición energética hasta el 2030 buscando el cambio de giro a energías renovables (fotovoltaicas y eólicas). 3. Operación bajo esquemas de desarrollo mixto Estado y empresas privadas. 4. Integración del sistema  eléctrico a nivel nacional, apoyándose en organismos desconcentrados, como la CNE.

Cuando hablamos de energía tenemos que distinguir si hablamos de energía primaria o la secundaria. La primera se refiere a los recursos naturales, originarios como el petróleo o la luz solar. La segunda se refiere a aquella que ha sido sometida a una transformación, como la gasolina o productos refinados para utilizarse. Y esto nos sirve para entender por qué es tan cara la gasolina en México, importamos anualmente el 75% del gas que necesitamos (la mayoría proviene de Estados Unidos, particularmente Texas). PEMEX llega a cubrir solo el 25%; el 55% de ese 75% que se importa se destina a las plantas termoeléctricas de la CFE y algunos productores privados, todos ellos para generar la luz que usamos en las industrias y hogares. Y aquí está el gran riesgo para México: aunque no nos guste, dependemos de Estados Unidos para abastecer las necesidades básicas para la población, incluyendo el sector industrial y residencial. En otras palabras, basta que el señor que nos ha agarrado de punching bag amanezca de mal genio y ordene que nos corte el suministro del gas o nos aplique un arancel del 50 o 100% para meter en un serio problema al país. Los recientes “apagones” en Yucatán, Campeche, Chiapas, y Veracruz, entre otros, reflejan la falta de capacidad de nuestros organismos para mantener y suministrar oportunamente las necesidades de la sociedad en materia energética. Obviamente no podemos estar así, no solo con el vecino sino con cualquier otro país. Son urgentes y prioritarios los planes para lograr a mediano y largo plazo la independencia de la energía eléctrica. No solo es responsabilidad del gobierno, sino que es responsabilidad de toda la sociedad involucrarnos en estas acciones de satisfacer las necesidades básicas de la gente. Como ya sabemos, el actual gobierno, a diferencia del anterior, está analizando la posibilidad de buscar otras opciones como el fracking y la energía eólica, pero mientras tanto hay que colaborar al menos en un cambio de hábitos y procurar eficientar el uso que hacemos de la energía eléctrica, podemos empezar con apagar la luz, desconectar los aparatos electrodomésticos que no están en uso, como lavadoras, hornos de microondas, aparatos de música, cambiar los focos por led; son pequeños ahorros domésticos pero que al sumarlos contribuimos a racionalizar su uso a nivel nacional.  

Una primera clasificación de la energía se clasifica en dos partes, dependiendo de su origen:

1. El consumo total anual abarca toda la energía que se gasta.
2. La demanda máxima denominada instantánea (que comprende aquella que se demanda en los momentos más críticos de mayor calor o de los picos por actividades económicas e industriales).

Se estima que México necesita 360 000 gigavatios-hora (GWh) equivalentes a 360 teravatios-hora. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), para este 2026 el país necesitó un aumento del 2.5% al 2.8%, considerando que se calcula que el promedio por habitante es de 2.788 KWh por cada persona, al año. De conformidad a los registros del IMCO, el pasado mes de julio del presente año el sistema eléctrico nacional alcanzó el pico máximo de la demanda de energía eléctrica con un record histórico de 54 300 magavatios, rebasando con mucho las proyecciones del Centro de Control de Energía (CENACE). La mayor parte de la energía que se consume es por parte de las grandes industrias y medianas empresas (56.6%); el sector de hogares (27.4%), sector comercial y agrícola (12.4%), alumbrado público y servicios (3.7%), servicios educativos de escuelas, colegios y universidades (1.3%).

Los Estados de la República que más consumen energía son:

1. Nuevo León: 18 750 GWh, por su industria, pesada, siderurgia, cementeras, manufactureras y por el intenso uso del aire acondicionado.
2. Estado de México: 16 910 GWh, por sus corredores industriales y concentración en la zona metropolitana. 3. Jalisco: 13 630 GWh, por su hub electrónico en Guadalajara.
4. Chihuahua: 13 050 GWh, industria maquiladora y sus inviernos y veranos extremos.
5.Baja California: 12 380 GWh, fuerte sector manufacturero y alto consumo residencial.
6. Ciudad de México: 11 880 GWh, alta concentración de servicios corporativos y sistemas de transportes masivos.
7. Veracruz: 11 200GWh, por sus complejos petroquímicos y puertos. Debemos reconocer que es el mayor productor de energía a nivel nacional.
8. Coahuila: 10 800 GWh, por su industria automotriz y la influencia del alto calor.
9. Sonora: 10 200 GWh, sus altas temperaturas que obligan a mantener encendidos miles de aparatos de aire acondicionado durante más de medio año.
10. Tamaulipas: 9 700 GWh, sus aduanas y maquiladoras

Llama la atención que entre los países que son autosuficientes en energía eléctrica hay dos de América Latina: Paraguay, que se ha convertido en un ejemplo mundial, con plantas hidroeléctricas (mayoritariamente con la represa de Itaipú); logrando producir más de lo que consume por lo que el excedente lo exporta; y Costa Rica, que utiliza el agua, la geotermia, el viento y la biomasa para generar el 95% de sus requerimientos a nivel nacional. El problema es mayúsculo y seguramente lo vamos a heredar a las siguientes generaciones; tarde o temprano hay que enfrentarlo. Si observamos bien, no hemos cambiado mucho desde 1937, cuando se creó la CFE.

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