Rosario visita cada año a sus padres y hermano en el panteón Guadalupe, donde mantiene vivo su recuerdo

Desde hace tres décadas, la mujer acude sin falta al cementerio municipal para llevar flores a sus seres queridos; asegura que el cariño permanece intacto y que haber podido acompañar a sus padres durante sus últimos años fue uno de los mayores regalos de su vida.
Entre los pasillos del panteón Guadalupe de Monclova, donde las flores, los recuerdos y las fotografías acompañan a quienes llegan a visitar a sus difuntos, Rosario Muñoz mantiene una tradición que no ha dejado pasar ningún año. Procedente de la colonia Hipódromo, acudió nuevamente para visitar las tumbas de sus padres, José Muñoz y Eulalia Robles, así como la de su hermano menor, Baltasar Muñoz. Para ella, recorrer esos espacios, llevarles flores y dedicarles unos momentos es una manera de seguir cerca de quienes marcaron su vida y a quienes asegura llevar siempre presentes en el corazón.
Tres décadas llevando flores a su hermano menor
Una de las visitas que más significado tiene para Rosario es la de su hermano Baltasar, quien falleció cuando apenas tenía 5 años de edad, luego de un accidente automovilístico en el que viajaba junto a su padre. De aquella tragedia han pasado aproximadamente 30 años, pero el recuerdo de aquel pequeño que era el menor de la familia permanece intacto. Su padre, José, también falleció años después, hace aproximadamente 35 años, mientras que su madre, Eulalia, murió hace 8 años. Desde entonces, Rosario ha procurado acudir cada año al cementerio para arreglar sus sepulturas y colocarles flores, una costumbre que espera mantener mientras tenga vida y salud.
El recuerdo de unos padres que nunca le fallaron
Al hablar de sus padres, Rosario no puede evitar reconocer la importancia que tuvieron en su formación y en la vida de sus hermanos. Recuerda a José y Eulalia como personas ejemplares que sacaron adelante a sus 10 hijos, brindándoles apoyo y las herramientas necesarias para construir sus propios caminos. Para ella, su ausencia no ha borrado las enseñanzas ni los momentos compartidos, pues considera que gran parte de lo que es actualmente se lo debe a ellos. Su hermano Baltasar, por ser el más pequeño, también ocupa un lugar especial en sus recuerdos, pues era el consentido y alguien a quien toda la familia quería profundamente.

Agradece haber podido cuidar a sus padres hasta el final
Entre los recuerdos que más atesora está la oportunidad de haber acompañado a sus padres durante sus últimos años de vida. Su papá permaneció enfermo de cáncer durante aproximadamente tres meses, tiempo en el que Rosario pudo estar cerca de él y devolverle una parte de los cuidados y el cariño que recibió durante su infancia. Con su madre vivió una experiencia distinta, pues durante 8 años permaneció en silla de ruedas y posteriormente en cama, por lo que Rosario participó en sus cuidados cotidianos. Hoy reconoce que haber podido atenderlos y acompañarlos hasta el final representa una de las mayores satisfacciones de su vida, una experiencia por la que se siente profundamente agradecida.
Las flores como símbolo de un cariño que no termina
Para Rosario, acudir al panteón no representa únicamente una tradición relacionada con el Día de Muertos, es una forma de demostrar que el amor por sus seres queridos permanece a pesar de su ausencia. Cada flor que coloca y cada momento que dedica a sus tumbas tienen un significado especial, porque siente que sigue cumpliendo con ellos y honrando todo lo que hicieron por su familia.
Acompañada por su esposo, Francisco Calderón, continúa recorriendo los pasillos del Guadalupe para encontrarse simbólicamente con sus padres y su hermano. Su historia también deja un mensaje para quienes todavía tienen cerca a sus seres queridos: aprovechar el tiempo, visitarlos, cuidarlos y demostrarles cariño mientras están vivos, porque para Rosario, haber podido hacerlo con sus padres es un regalo que conserva con profunda gratitud.
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