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¿Qué ve venir AMLO, un golpe de Estado o la mano larga de la justicia?

Raúl Rodríguez Cortés
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¿Qué habrá percibido el agudo olfato político de AMLO para que saliera de su retiro y confrontara públicamente el intervencionismo de Trump y su gobierno en tan crítico momento de la relación bilateral? ¿Será que solamente se montó en esa delicada coyuntura para apuntalar un proyecto político familiar? ¿Acaso se vacunó ante una posible andanada judicial estadounidense en su contra o la de sus hijos? ¿O todo a la vez en habilidosa carambola de tres bandas?

Perfilar algunas respuestas obliga a recuperar una serie de hechos que se suscitaron a velocidad de vértigo durante toda esta semana:

1. El enjundioso discurso de la presidenta Sheinbaum el domingo pasado, en el que acusó a la ultraderecha estadounidense de intervenir en asuntos político-electorales que solo atañen a los mexicanos y advirtió de golpes por venir sobre los que ella, seguramente, ya tenía conocimiento.

2. El llamado al día siguiente del embajador estadounidense Ron Johnson a no politizar la cooperación en el combate a los cárteles de la droga, lo que no hizo sino politizar más un asunto de seguridad y confirmó el intervencionismo de Washington.

3. La audiencia preliminar, también el lunes pasado, del general Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Sinaloa y de quien la jueza federal Katherine Polk Failla, de la corte del Distrito Sur de Nueva York, dijo que hay abundante evidencia, pero que aun así se volvió a declarar inocente de los cargos que le imputan junto con el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y otros siete exfuncionarios de esa entidad.

4. La publicación el martes pasado en redes sociales de la fotografía de Andrés Manuel López Beltrán y su padre López Obrador que se interpretó como un espaldarazo político a “Andy”, quien el pasado 25 de mayo había renunciado a la secretaría de Organización de Morena y dejado un tiradero de cara a las elecciones locales de Coahuila, que tendrán lugar dentro de dos días, para buscar una diputación federal de mayoría en Tabasco.

5. El trascendido de las declaraciones ante la FGR del exfiscal de Chihuahua, César Jauregui, quien empezó a soltar la sopa sobre la operación en ese estado de dos agentes de la CIA muertos al desbarrancar el vehículo en que transitaban y precisó que los estadounidenses habían ido a visitar los laboratorios de droga desmantelados no por sus policías, sino por los de la Fiscalía General de la República.

6. La filtración a través del periódico Los Ángeles Times el miércoles pasado de información que asegura que los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo, y Tamaulipas, Américo Villarreal, son investigados por vínculos con el narco y que el gobierno estadounidense les canceló las visas y solo les dejó un permiso especial de ingreso que únicamente se otorga a quienes son testigos cooperantes. Los gobernadores morenistas por supuesto que lo negaron. AMLO, esa noche, difundió su carta.

Y 7. Ese mismo miércoles 3 de junio, horas antes, la declaración ante el Congreso estadounidense de Mark Wayne Mullin, secretario de Seguridad Interior del gobierno de Trump, en la que reconoció la voluntad de cooperación sin precedente del gobierno de Sheinbaum, así como la convicción de México sobre su soberanía a la que -aseguró- “vamos a respetar”.

Al dejar el poder en octubre de 2024, AMLO anunció su retiro de la política y dijo que solo saldría de él por tres razones: la vulneración de la soberanía nacional, la defensa a Claudia Sheinbaum ante un intento de golpe de Estado y la puesta en riesgo de la democracia.

Al cabo de casi dos años ha cumplido básicamente con el recogimiento. Solo reapareció con un mensaje literario el 30 de noviembre de 2025 para presentar su libro “Grandeza”. El 3 de enero de 2026, vía redes sociales, posteó un mensaje de condena a la intervención de Estados Unidos en Venezuela y en defensa de Nicolás Maduro. Y en marzo pasado condenó el endurecimiento del bloqueo estadounidense a Cuba y promovió una colecta para enviar a la isla alimentos, combustible y medicina.

El miércoles pasado, por primera vez, AMLO fijó una posición de política interna y externa, en la que expresó su apoyo incondicional a Sheinbaum, repudió las tácticas “propagandísticas hitlerianas” con repetidas mentiras sobre México para recuperar en sus elecciones internas de noviembre próximo los votos perdidos por Trump y acusó a Washington de intentar intervenir en las próximas elecciones federales de 2027 e influir en la vida política del país como parte de una estrategia para debilitar a Morena y fortalecer a la oposición.

También refirió el caso de la detención en Estados Unidos del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa en el gobierno de Peña Nieto, cuya entrega a nuestro país fue facilitada por Trump ante la evidente falsificación de pruebas.

Por lo visto, AMLO se lanzó así con tales declaraciones porque vislumbra las tres razones por las que dijo dejaría su retiro político.

En su combativo mensaje -para sus adversarios innecesario al cerrar los medios de entendimiento en la relación bilateral- recordó los buenos términos en que llevó la relación con Estados Unidos durante el primer gobierno de Trump y cerró con la frase “por el bien de todos, que regrese el otro Trump”.

No se descarta, por otra parte, que ante una muy probable embestida judicial estadounidense en su contra o la de algunos de sus hijos, fije desde ya posiciones defensivas y cierre filas con los suyos, una vacuna contra lo que venga.

¿Qué verá venir porque el intervencionismo estadounidense en México y América Latina está demostrado históricamente y avalado por los hechos sucedidos en estos días?

Quedan dos de las razones esgrimidas: golpe de Estado o peligro para la democracia. De esta última razón sus adversarios aseguran que de eso ya se ocupó él mismo, aserto del que discrepa quien esto escribe.

Pero, ¿hay en el horizonte un riesgo de golpe de Estado? Así como andan las cosas se trata de un riesgo real.

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