Pobreza y costo de vida impulsan movilizaciones sociales en Europa

Las movilizaciones en varios países europeos reflejan el descontento por el costo de vida, las dificultades de acceso a vivienda y las carencias en servicios públicos.
Las protestas registradas en Francia, Bélgica, España, Italia, Portugal y Grecia han puesto de nuevo bajo escrutinio el modelo de bienestar europeo, en medio de las dificultades económicas que enfrentan jóvenes y sectores vulnerables por el acceso a la vivienda, el empleo y la educación.
Las protestas en Europa reflejan problemas sociales distintos
Las movilizaciones recientes en distintas ciudades europeas no forman parte de un movimiento único ni coordinado. Sin embargo, comparten demandas relacionadas con la precariedad laboral, el costo de vida, la vivienda y la calidad de los servicios públicos.
El descontento también ha reavivado el debate sobre la capacidad de los gobiernos y las instituciones de la Unión Europea (UE) para garantizar oportunidades y protección social ante las crisis económicas.
Entre los factores señalados se encuentran las consecuencias de la crisis bancaria de 2008, la pandemia de Covid-19 de 2020 y la crisis energética iniciada en 2022, en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania.
En Francia, las protestas comenzaron con reclamos estudiantiles por las condiciones de la educación pública, incluidas las aulas saturadas, el deterioro de las instalaciones y la necesidad de contar con más docentes y personal de apoyo.
Pauliina Patana, catedrática del BMW Center for German and European Studies de la Universidad de Georgetown, explicó que las movilizaciones ampliaron sus demandas hacia los servicios públicos y el costo de vida, con la incorporación de sindicatos y grupos sociales.
Pobreza y exclusión social afectan a millones de europeos
De acuerdo con las cifras de Eurostat citadas en la información, 92.7 millones de personas estaban en riesgo de pobreza o exclusión social en la Unión Europea durante 2025, equivalentes a 20.9% de la población.
Aunque la proporción fue inferior al 23.8% registrado en 2010, persisten diferencias importantes entre los países miembros.
Bulgaria, Grecia y Rumania presentaron algunos de los indicadores más elevados, con cifras de entre 27.4% y 29%, mientras que República Checa, Polonia y Eslovenia registraron los niveles más bajos, de entre 11.5% y 15.5%.
El riesgo de exclusión social también afecta de manera significativa a la población joven. En 2025, la tasa correspondiente a personas de entre 15 y 29 años fue de 24.2%, frente a 25.1% en 2019.
La situación mantiene la presión sobre las políticas sociales europeas, especialmente en materia de empleo, educación, ingresos y acceso a servicios básicos.
Las dificultades económicas persisten entre estudiantes
Aunque algunos indicadores educativos han mejorado, las dificultades económicas siguen afectando a quienes cursan estudios superiores.
Según los datos de Eurostudent incluidos en el reporte, 26% de los estudiantes encuestados declaró enfrentar dificultades económicas graves o muy graves. Además, 18% señaló que no podría afrontar un gasto extraordinario importante e imprevisto, mientras que 59% trabaja durante el periodo escolar.
En el ámbito educativo, Eurostat reportó que el abandono escolar temprano descendió de 11% en 2015 a 9.1% en 2025, cerca del objetivo europeo de 9% para 2030.
También disminuyó la proporción de jóvenes que no estudian, no tienen empleo ni reciben formación, al pasar de 15.2% en 2015 a 11% en 2025. Sin embargo, las diferencias entre países siguen siendo considerables: los indicadores citados van de 5% en Países Bajos a 19% en Rumania.
Estos avances estadísticos no eliminan los problemas relacionados con los ingresos, las condiciones de estudio y las oportunidades laborales.
El acceso a la vivienda se convierte en otro foco de tensión
La dificultad para conseguir una vivienda asequible constituye otro de los principales factores de preocupación entre los jóvenes europeos.
Un estudio de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) señala que el encarecimiento de la vivienda obliga a algunas personas a permanecer con sus padres o familiares, incluso cuando preferirían vivir de manera independiente.
Esta situación puede limitar sus oportunidades profesionales y educativas, además de influir en su bienestar y en sus decisiones sobre la formación de una familia.
El organismo identifica el aumento de la oferta de vivienda asequible como una de las principales vías para atender el problema.
Las demandas relacionadas con la vivienda y el costo de vida también figuran entre las causas de las movilizaciones sociales en España, Portugal e Italia.
La Unión Europea enfrenta el reto de sostener su modelo de bienestar
El debate sobre las protestas también alcanza el financiamiento de los sistemas de protección social y su capacidad para responder a los cambios demográficos, económicos y geopolíticos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, estableció como objetivos reducir en 15 millones el número de personas en situación de pobreza y elevar la tasa de empleo al 78%. Según los datos proporcionados, esta última se situó en 75.1% en 2025.
Por su parte, el Instituto Sindical Europeo (ETUI) advierte que las presiones sobre la competitividad, el envejecimiento de la población y las transformaciones económicas plantean desafíos para las políticas sociales.
Los análisis citados destacan que las inversiones en educación, atención a la primera infancia, inclusión laboral y conciliación entre trabajo y familia pueden generar beneficios económicos y sociales a largo plazo.
En este contexto, las protestas en Europa reflejan distintas problemáticas nacionales, pero también una preocupación compartida: la capacidad del modelo de bienestar para responder a las necesidades de una población que enfrenta dificultades para acceder a vivienda, educación, empleo y seguridad económica.
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