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Océanos reciben apenas 14% de los fondos para conservación

Internacional
Agencias / El Tiempo

 

La Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica COP17 reveló que, a cuatro años de la meta global de 2030, recibe apenas el 14% de los fondos internacionales.

Delegados y economistas advirtieron en Armenia que, sin dinero, el rescate de los mares corre el riesgo de quedarse en "parques de papel".

Dos semanas después de abrir sus puertas, la COP17 de biodiversidad cerró en Ereván con un balance que, leído en voz alta, suena a victoria. Casi cincuenta decisiones adoptadas. Una hoja de ruta, la Vía de Ereván, para los cuatro años que quedan hasta 2030. Las reglas de operación del nuevo órgano permanente del Artículo 8(j), las Directrices de Sevan, que dan a los pueblos indígenas y las comunidades locales un asiento formal dentro del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Y cerca de dos mil millones de dólares en nuevos compromisos: 560 millones del GEF-9, 500 millones de la Alianza para la Recuperación de Especies y más de 330 millones del Fondo Value Nature, creado para atraer capital privado hacia la naturaleza.

Ese es el lado de lo logrado. El otro lo escribió la ciencia antes de que empezaran las negociaciones: el primer balance global del Marco Kunming-Montreal confirmó que el mundo va fuera de ruta en sus 23 metas, y que 17 de ellas están entre las de menor avance. La Vía de Ereván nombra los obstáculos con precisión: subsidios que financian el daño, apoyo insuficiente al Sur Global, presupuestos nacionales que no se parecen a lo que sus gobiernos firmaron. La secretaria ejecutiva del Convenio, Astrid Schomaker, lo resumió en el cierre con una frase que funciona como advertencia: la prueba no es lo que los gobiernos acordaron en Ereván, sino lo que cambian cuando regresan a casa.

Entre todos los resultados, uno atraviesa a los demás y no admite rodeos: el dinero. No es casual que, por primera vez, más de 140 funcionarios de alto nivel de los ministerios de finanzas hayan llegado a una cumbre que históricamente fue cosa de ambientalistas. Y en ninguna parte la distancia entre lo prometido y lo disponible es tan grande como en el mar. El océano cubre más del 70% del planeta y recibe apenas el 14% de los fondos internacionales para conservación. Protegerlo, como se acordó, exigiría 14 mil 100 millones de dólares al año; hoy se invierten 1,800 millones. Con esa aritmética, la meta de proteger el 30% de los mares para 2030 corre el riesgo de quedarse en lo que los científicos llaman, con ironía amarga, parques de papel: una protección ineficaz que existe en los documentos, no en la realidad.

Como advirtió desde la apertura el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres: "El Marco Kunming-Montreal es nuestro plan para hacer la paz con la naturaleza. Pero a mitad de camino hacia 2030, la verdad es sobria: estamos fuera de ruta".

La comunidad de conservación internacional vio la reunión de Ereván como la prueba de fuego del acuerdo adoptado en 2022. Durante dos semanas, miles de delegados examinaron el avance de las 23 metas cuantitativas diseñadas para detener la extinción masiva de especies. El rezago más pronunciado está en la Meta 18, la reducción de subsidios perjudiciales, y en la Meta 19, la movilización de recursos.

Steven Guilbeault, asesor senior de la organización internacional Campaign for Nature y exministro de Medio Ambiente de Canadá, señala la falla de origen del pacto: "El acuerdo en Montreal se basó en el entendimiento común de que quienes pedían más ambición en materia de conservación debían aceptar que se destinara más dinero al Sur Global. Hemos visto aumentar los esfuerzos de conservación en el Sur Global —donde más de 50 países ya alcanzaron sus metas—, pero las naciones del Norte no están cumpliendo su parte del trato".

Un gran déficit

El conflicto en Armenia se resume en una cifra: 700 mil millones de dólares anuales en déficit para la naturaleza. La Meta 19 fijó que los países desarrollados debían transferir al menos 20 mil millones de dólares anuales al Sur Global para 2025, pero ese flujo ha caído por segundo año consecutivo.

Para agravar la situación, el gasto público mundial sigue financiando la destrucción ecológica mediante subsidios que dañan la naturaleza. Mientras los fondos para la conservación llegan a cuentagotas, los gobiernos destinan más de 2.6 billones de dólares al año a actividades destructivas como la agricultura intensiva, los combustibles fósiles y la pesca industrial. Por cada dólar invertido en restaurar la naturaleza, el propio gasto público genera 30 dólares de degradación. O, como lo expresó Schomaker: "Financiar la destrucción de la naturaleza con 30 dólares por cada dólar invertido en restaurarla es como pagarle a 30 personas para demoler tu casa por cada una que contratas para reconstruirla".

Si volteamos a ver el mar, las cifras resultan menos alentadoras. El informe Ocean Protection Gap Report 2026, elaborado por Systemiq junto a WWF, revela que el mundo invierte apenas mil 800 millones de dólares al año en protección marina, frente a una necesidad real de 14 mil 100 millones. A este ritmo, mientras la tierra protegida alcanzará el 27% para 2030, el océano apenas llegará al 12% decretado, con solo entre 2.7% y 3.5% bajo protección efectiva.

Desde Ereván, Bryan O'Donnell, director de Campaign for Nature, cuestiona este abandono: "Aunque existen vías claras para salvaguardar el 30% de los océanos, las inversiones gubernamentales están quedando dramáticamente rezagadas. Resolver esta crisis exige integrar a los ministerios de Medio Ambiente con los de Finanzas, tratando la preservación ecológica no como un adorno presupuestario, sino como una necesidad económica fundamental".

En esa misma línea, Pauli Merriman, directora del Programa de Océanos de WWF International, señala que la conservación marina no puede ser un juego de números: "Tenemos una brecha de protección oceánica muy significativa... No se trata solo de trazar líneas en un mapa, sino de lograr una protección efectiva y equitativa que responda a las necesidades de las comunidades en el agua". Caterina Quadrio, líder global de Hábitats Oceánicos de la misma organización, añade que "la protección efectiva exige diversas dimensiones: salvaguardar áreas clave, conectarlas en redes representativas, garantizar una gestión equitativa y asegurar financiamiento duradero". Asimismo, Ana Lafforgue, de la Plataforma Océano y Clima, advierte que superar el sesgo histórico que ha relegado al mar frente a la tierra es vital para la resiliencia climática global.

Proteger es un negocio rentable

¿Falta dinero para proteger el océano? La respuesta corta es no. El dinero existe, pero está mal asignado. Los mil 800 millones de dólares que el mundo invierte al año en proteger el mar equivalen a solo un mes de los 22 mil millones que los gobiernos gastan anualmente en subsidios a la pesca destructiva.

Al respecto, Merriman afirma: "No es una cuestión de falta de dinero, sino de redirigir prioridades. Si reorientáramos menos de dos tercios de los 22 mil millones de dólares que van a subsidios pesqueros dañinos, cerraremos la brecha oceánica por completo".

Además, los especialistas coinciden en que la protección debe avanzar también en la alta mar (61% del océano), mediante la entrada en vigor del Tratado BBNJ. La evidencia demuestra, asimismo, que proteger el océano no es un costo, sino un negocio rentable: el 30x30 marino generará 85 mil millones de dólares anuales en beneficios económicos netos para 2050 por pesca, turismo y protección costera.

Para destrabar el estancamiento, la Presidencia de la cumbre lanzó el Yerevan Call on Incentives, que busca acelerar la reforma de los subsidios perjudiciales. El presidente de la COP17 y ministro de Medio Ambiente de Armenia, Hambardzum Matevosyan, declaró: "Nuestra ambición en Ereván es construir una plataforma inclusiva que traduzca los compromisos políticos en acción práctica y duradera para la naturaleza".

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