Maestras sombra: un mercado laboral que mueve el dinero de las familias en Coahuila

La necesidad de acompañamiento educativo abre una fuente de empleo para profesionistas que no encuentran una plaza escolar. Los pagos reportados van de 2 mil 500 pesos por quincena a 2 mil pesos semanales, dependiendo de la capacidad económica de cada familia.
La necesidad de acompañamiento educativo para niñas y niños con discapacidad o condiciones del neurodesarrollo está impulsando un mercado de servicios particulares en Coahuila. Mientras las familias destinan parte de sus ingresos a contratar maestras sombra, profesionistas egresadas que no han conseguido una plaza en una escuela encuentran en esta actividad una alternativa para ejercer y obtener recursos.
Entre las personas que participan en este sector se encuentra Claudia Isabel Rodríguez, maestra sombra, cuya labor forma parte de una actividad que conecta las necesidades educativas de los hogares con nuevas oportunidades de empleo.De acuerdo con los testimonios recabados en esta investigación, los pagos por este servicio oscilan entre 2 mil 500 pesos por quincena y hasta 2 mil pesos por semana. Esto representa ingresos aproximados de 5 mil a 8 mil pesos mensuales, considerando cuatro semanas de trabajo. Las jornadas reportadas van de las 7:30 de la mañana a la 1:00 de la tarde.Para las profesionistas, estos empleos representan una oportunidad de incorporarse al mercado laboral sin contar con una plaza escolar; sin embargo, sus ingresos dependen de los acuerdos con las familias y de cuánto pueden pagar. Esto puede llevarlas a aceptar remuneraciones menores a las que esperarían por su preparación y responsabilidad.
Miles de estudiantes requieren apoyo
La dimensión potencial de este mercado está relacionada con la cantidad de estudiantes que necesitan atención educativa. De acuerdo con cifras de la Dirección de Educación Especial de Coahuila, existen más de 3 mil alumnos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en las escuelas del estado.Esta cifra forma parte de un universo más amplio: cerca de 35 mil estudiantes de educación básica presentan alguna discapacidad o condición que requiere adecuaciones o algún tipo de apoyo, lo que representa aproximadamente el 5 por ciento de la matrícula estatal. En este grupo se encuentran alumnos con autismo, discapacidad intelectual, motriz y otras condiciones. Aunque no todos necesitan una maestra sombra, estos números permiten dimensionar la población que podría requerir servicios especializados.
La cobertura pública y el gasto familiar
Según los datos reunidos, el 52.4 por ciento de las escuelas primarias de Coahuila cuenta con apoyo de las Unidades de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER), mientras que el 47.6 por ciento carece de esta cobertura. Además, 362 planteles de educación básica habrían solicitado a la Secretaría de Educación del Estado la apertura de una unidad.En Monclova, la información recabada señala que algunos maestros de apoyo llegan a atender hasta 23 alumnos con distintas discapacidades dentro de un mismo grupo, lo que dificulta el seguimiento individual.Gabriela Carranza, del área Jurídica de la Secretaría de Educación, explicó que las maestras sombra son personal externo al sistema educativo y que su ingreso a las escuelas requiere una valoración previa entre la docente del grupo y los servicios de Educación Especial, como USAER o los Centros de Atención Múltiple (CAM). También señaló que algunas necesidades pueden atenderse mediante ajustes razonables, sin contratar acompañamiento particular.
Una oportunidad de empleo que depende del presupuesto
Los pagos identificados muestran que una familia puede destinar entre 5 mil y 8 mil pesos mensuales a este servicio, mientras una profesionista puede obtener esa cantidad por su trabajo. Sin embargo, todavía no existe información suficiente para calcular cuánto dinero mueve en total este mercado en Coahuila, pues se desconoce el número de acompañantes contratadas y de familias usuarias. La contratación de maestras sombra representa así una actividad económica que abre oportunidades laborales fuera de las escuelas y canaliza recursos familiares hacia servicios educativos particulares. Su crecimiento plantea dos retos: que las familias puedan cubrir el costo y que las profesionistas reciban una remuneración acorde con su preparación y responsabilidad.
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