Los ucranianos y nosotros
Jean MeyerMe van a decir: “¡Otra vez con Ucrania! cambie de disco por favor”. Ni modo, Putin acaba de pedir a su ejército de “actuar sin observar ninguna regla” sobre las poblaciones civiles y eso lo que hacen día y noche; la “guerra total”, teorizada por Ludendorff y aclamada por Goebbels quién gritó en 1943: “Pregunto ¿quieren una guerra total? ¿Aún más radical y total que cualquier cosa que podamos imaginar?” Putin dijo: “El punto de no retorno puede llegar muy rápidamente y de forma inesperada para todos”, evocando el empleo de armas nucleares.
México es bastante silencioso. Ni toco la cuestión de nuestra política exterior con su escudo hipócrita de la pobre Doctrina Estrada, tampoco evoco el noble compromiso del presidente Cárdenas con la república española, sólo lamento la falta de interés por los valientes ucranianos. ¿Por qué tantos brillantes espíritus nuestros, que comentan con perspicacia y astucia los acontecimientos del día, no han dedicado una sola frase, en las redes sociales, a la destrucción cotidiana que sufre Ucrania? ¿Por qué no pidieron a los “amigos” rusos poner fin a su agresión? ¿Será aberrante mi simpatía por la causa ucraniana?
?Conozco muy bien el imperialismo de los EU, esa “república imperial” desde sus orígenes cuando, recién nacida, intentaba conquistar militarmente a lo que no se llamaba aún “Canadá”, antes de lanzarse contra México; conozco su hipocresía, su doble lenguaje en las crisis internacionales; sé que Donald Trump no es una excepción en su trayectoria, sino su hiperbólica manifestación sin tapujos: no importa la democracia en Venezuela, en Irán tampoco, no se trata de cambiar de régimen, sino de apropiarse del petróleo. Sin embargo, no puedo aceptar la tesis que comparten la Francia insumisa del señor Melanchon —que presume de su amistad con Andrés Manuel López Obrador— el Rassemblement Nacional de la señora Le Pen, y muchos jerarcas de nuestra 4T: a saber que el asalto a Ucrania en febrero de 2022 (olvidan cómodamente que la guerra empezó en 2014 y la hostilidad política en 2004) ha sido causado por los Estados Unidos. Hasta lo dijo el Papa argentino, marcado por el peronismo de su juventud.
No quieren ver o, si ven, han de pensar como Jean-Paul Sartre frente a los crímenes del GULAG soviético, que no hay que decirlo. Por eso el silencio en cuanto al horror que vivió la ciudad de Mariúpol en 2022, frente a los cadáveres y las fosas comunes en Bucha. Recuerdo un autor que concedió, en este caso, la “crueldad rusa”, pero para denunciar, en seguida, su “explotación polémica y cínica” por los medios de comunicación occidentales. ¡Ojalá y nuestros medios merecieran esa crítica!, pero no, prevalece el silencio. Hay cuerpos torturados, hay cadáveres que merecen la compasión, y otros que no. ¿Cuántas veces me han dicho —o, en el mejor de los casos, preguntado— que los ucranianos son antisemitas y nacionalistas? En cuestión de antisemitismo y de nacionalismo somos bastante buenos.
La sociedad ucraniana, amenazada de destrucción total, bajo el lema de “desnazificación”, sabe cuál es la alternativa a su lucha; sabe que su defensa es legítima, que su guerra es justa. Vive un momento peligroso en extremo y los meses que vienen se antojan terribles, en la oscuridad y el frío. Vive al mismo tiempo nuestra guerra de independencia, las trincheras de la primera guerra mundial, los bombardeos de Vietnam, la lucha de las abuelas de la Plaza de Mayo para encontrar a los niños secuestrados y “adoptados” y la novedad infinita de drones y misiles.
Patria, nación, héroes, gloria, honor, sacrificio son palabras desmonetizadas en Europa. Creo que en México no lo son y eso debería inspirarnos simpatía y algo más que simpatía para Ucrania y los ucranianos. Y para la minoría de valientes rusas y rusos que pagan muy caro su oposición a la guerra cada día más personal de un Vladímir Putin que ha fracasado en su proyecto inicial de guerra relámpago y victoriosa. Un personaje de Cormack McCarthy, en The Passenger, dice que “el mal no tiene plan B. Es simplemente incapaz de reconocer su fracaso”.
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