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Los 50 años del CCE y una presidenta encanchada

Mario Maldonado

Claudia Sheinbaum pasó una tarde de comida y fotografías con los empresarios que celebraron los 50 años del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Hacía tiempo que no se veía una convivencia tan abierta entre la Presidencia y la iniciativa privada.

La tarde soleada, el buen ánimo y los acercamientos sin un aparatoso despliegue de seguridad recordaban algunas reuniones que otros presidentes solían tener —ellos sí con mucha más seguridad— con los hombres y mujeres de negocios. 

José Medina Mora reunió a dirigentes de cámaras, banqueros, expresidentes del organismo y funcionarios. Sheinbaum compartió la mesa con Altagracia Gómez, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, el canciller Roberto Velasco, el secretario de Hacienda, Édgar Amador, el presidente de los banqueros, Emilio Romano, el de la Concamin, Alejandro Malagón, entre otros. A dos lugares de ella estaba el embajador estadounidense Ronald Johnson. En otra mesa, junto a los expresidentes del CCE, se encontraba el diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar y otros legisladores. 

La Presidenta comió, escuchó a Medina Mora y después tomó la palabra. Hubo reconocimientos a quienes encabezaron el organismo y un recuento de las crisis que atravesó México. El dirigente empresarial recordó las macrodevaluaciones, la hiperinflación y la estatización bancaria. También precisó la posición de sus representados. “El CCE no es oficialismo, el CCE no es oposición, el CCE es institución”, dijo. 

El buen ánimo no excluyó los pendientes. Medina Mora pidió conservar la calificación crediticia, reducir el déficit fiscal y desacelerar la contratación de deuda.   Desde la mesa principal, Amador asintió con la cabeza. Sheinbaum respondería que bajar el déficit “tiene su complejidad” y que su gobierno debía hacerlo responsablemente, sin prometer lo que no pudiera cumplir. 

También hubo una diferencia sobre el crecimiento. Medina Mora planteó impulsar la inversión “para que vuelva a haber crecimiento económico”. La Presidenta retomó esa conversación que sostiene con los empresarios. “Dicen que México no está creciendo, que no estamos creciendo”, reprodujo antes de presentar sus cifras. Frente a la gráfica de la OCDE contó “1, 2, 3, 4, 5, 6”, hasta ubicar a México en el séptimo lugar entre los países del organismo con mayor crecimiento del PIB en el segundo trimestre de 2026. Estaba encanchada. Había repasado sus notas y acuerdos con la IP sobre salarios, combustibles, inversión y simplificación de trámites; ahora quería convencer a sus interlocutores de que la economía estaba avanzando. 

Con un “adelante” fue pasando las láminas de carreteras, trenes, electricidad, Pemex, gasoductos, agua, puertos y vivienda. Al llegar a Pemex corrigió la cantidad. “2 mil 200 millones, no, 2 billones, 2 billones de pesos”. La cartera completa ascendía a 8.4 billones para los próximos cuatro años, entre inversión pública y mixta. 

La oferta fiscal tuvo una introducción dirigida a sus anfitriones. “Esta es una gran noticia para ustedes”, anunció. Dijo que propuso permitir el próximo año el pago de adeudos sin multas ni recargos, “a todos, sin tener límite”. El programa vigente ya ofrece esas reducciones, pero está dirigido a contribuyentes cuyos ingresos de 2024 no superaron los 300 millones de pesos. La novedad estará en quiénes podrán incorporarse.

Johnson escuchó los discursos, aplaudió durante los reconocimientos y se retiró al terminar el evento. Sheinbaum lo mencionó una vez y lo llamó “un buen aliado de México”. Venían de reunirse con empresarios estadounidenses y el propio embajador. En la comida del CCE, la relación con Washington estuvo presente.

Medina Mora recurrió al futbol para describir la colaboración que busca. Invitó a revivir la unidad del Mundial, cuando los mexicanos se pusieron la camiseta de la selección. Contó que lo había conversado con la Presidenta y pidió apostar por México. La referencia acompañó un discurso en el que también solicitó a las empresas revisar cuánto gana su trabajador peor pagado, cuál es su escolaridad y en qué condiciones vive. 

Sheinbaum cerró con una invitación que recogía el tono de la tarde. “Habrá cosas en las que no estamos de acuerdo, pero siempre pongamos por encima de todo aquello en lo que sí estamos de acuerdo”.Después bajó a saludar y a tomarse fotografías.

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