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La historia detrás del fuego en Frontera

Bomberos
Daniela Cordova
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Un incendio que estremeció a Frontera evidenció una necesidad que hombres valientes decidieron convertir en servicio.

Antes de que Frontera tuviera sirenas propias recorriendo sus calles, cuando un incendio de grandes dimensiones obligaba a esperar el apoyo de corporaciones vecinas, hubo hombres que comenzaron a imaginar una respuesta distinta. Entre ellos estuvo Leopoldo “Polo” Galván Olvera, un hombre que convirtió la idea de crear un cuerpo de bomberos para el municipio en una lucha personal.

El incendio del antiguo Hotel Internacional, ubicado frente a la estación del ferrocarril el 21 de marzo de 2001 y considerado uno de los siniestros más significativos de aquella época, evidenciaron que Frontera necesitaba contar con una corporación propia. Los intentos habían comenzado desde antes, pero fue el 26 de abril de 2001 cuando el sueño finalmente tomó forma.

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Antes de las sirenas

La historia comenzó lejos de una gran estación y mucho más cerca de la incertidumbre. En aquel entonces, cuando el fuego aparecía en algún punto de Frontera, la ayuda debía llegar desde otros municipios. Cada minuto de espera podía significar una habitación consumida, una familia atrapada o un incendio creciendo sin control.

Polo Galván conocía esa realidad. Antes de que existiera Bomberos Frontera, ya trabajaba para que el municipio tuviera una corporación propia. Oziel Flores Puente, actual comandante, lo conoció desde aquellos años y todavía recuerda su insistencia.

“Yo creo que era su sueño, y se logró su sueño”, contó Flores Puente. No fue sencillo. Hubo intentos anteriores que no fructificaron, gestiones, reuniones y esfuerzos que tuvieron que repetirse hasta que, durante la administración del doctor Esteban Martínez, el proyecto finalmente se concretó. El 26 de abril de 2001 nació formalmente el Cuerpo de Bomberos de Frontera.

De atrás de Presidencia al fuego

Los primeros bomberos no tuvieron una estación como la que hoy conocen los ciudadanos. Tenían un rincón detrás de la Presidencia Municipal y 28 elementos que comenzaron a responder con lo que tenían: unidades, conocimientos, voluntad y una enorme disposición para entrar donde otros intentaban salir. Entre los nombres que quedaron ligados a aquellos primeros pasos están Leopoldo Galván Olvera, Juvencio Valdés Cabello, Fernando de los Santos y Enrique Morales Ortiz. Pero la corporación no se construyó únicamente con nombres. Fue con noches sin dormir, llamadas inesperadas y hombres que aprendieron a convivir con el riesgo. Y ellos tienen historias para demostrarlo.

El miedo que se convirtió en vocación

Ramón Favela Tijerina tenía apenas siete u ocho años cuando escuchó hablar de uno de los incendios que marcaron su infancia: el de la antigua tienda del ISSSTE, en la colonia El Pueblo de Monclova. Sus familiares le contaban lo ocurrido y utilizaban aquel incendio para asustarlo cuando se portaba mal. La imagen de aquel edificio envuelto en llamas quedó en su memoria. Paradójicamente, aquel miedo terminó llevándolo hacia el fuego. A los 11 años comenzó en la academia de Bomberos Monclova. Venía, además, de una familia donde ser bombero prácticamente era una tradición: tíos, hermanos y primos habían portado el uniforme.

Hoy, con más de dos décadas de servicio, entiende que aquella escena que alguna vez lo aterrorizó terminó marcando su vida. Para Favela, el miedo nunca desaparece. “Hay que trabajar con miedo”, sostuvo, dejando en claro que, el miedo no los detiene, sino que los mantiene alerta. El bombero que entra creyéndose invencible puede cometer un error; el que reconoce el peligro activa sus sentidos y piensa en cómo regresar.

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El hombre que no le temía al fuego

Favela también guarda en su memoria a Polo Galván, no solamente como fundador, sino como el hombre que enseñaba sin reservas. Lo describió como humilde, disciplinado y dispuesto a compartir sus conocimientos con quienes querían aprender. Una de las escenas que más recuerda ocurrió durante el incendio en la empresa Takata el 30 de marzo de 2006. Una explosión lanzó a Galván dos o tres metros desde la entrada.

El golpe pudo haberlo detenido

No lo hizo. Se levantó y continuó trabajando. Para Favela, aquella imagen decía más que cualquier discurso sobre valentía. Era la clase de ejemplo que hacía que los demás regresaran a la línea de fuego. Historias que no se apagan. Con el paso de los años, los bomberos han descubierto que las llamas no serían las únicas imágenes difíciles de olvidar. Luis Fatoni acumula alrededor de 25 años de servicio y ha pasado por corporaciones de bomberos, Cruz Roja, Cruz Ámbar y grupos de búsqueda y rescate. Ha aprendido a trabajar en alturas, agua, estructuras colapsadas y accidentes vehiculares. Pero ninguna capacitación prepara completamente a una persona para ver morir a un niño.

Recuerda un accidente en el que dos menores fueron atropellados. Cuando llegaron, ambos estaban tendidos sobre el pavimento. Uno ya no tenía signos vitales. El otro apenas tenía posibilidades de sobrevivir. Los bomberos tomaron una decisión: subirlo a la ambulancia y trasladarlo. Durante un largo tiempo no supieron qué ocurrió con él. Hasta que, dos años y medio después, una mujer se acercó durante un evento cívico. Llevaba a un niño consigo y una carta en las manos. Era aquel pequeño. Había sobrevivido. Para Fatoni, ese momento convirtió uno de los recuerdos más dolorosos de su carrera en uno de los más significativos.

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Una vocación que se aprende

Para Salvador Salinas Pérez, convertirse en bombero llegó después de los 40 años. Su historia comenzó en AHMSA, donde recibió capacitación y descubrió el gusto por ayudar a los demás. Hace 13 años llegó al Departamento de Bomberos de Frontera y encontró una nueva forma de servir.

No llegó siendo un joven atraído por la adrenalina. Llegó con experiencia de vida y con una idea sencilla: ayudar a quien lo necesitara. Aquella motivación terminó convirtiéndose en una disciplina que, aseguró, no cualquiera está dispuesto a soportar. “Que te guste ser bombero”, resumió cuando se le pregunto qué necesita una persona para desempeñar esta labor. Pero detrás de esa frase también colocó una palabra que considera indispensable: disciplina.

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El recuerdo de los que no volvieron

Hay historias que no terminan con un rescate. Oziel Flores Puente habló de los riesgos que persisten después de apagar un incendio. El principal enemigo de un bombero, no siempre es el fuego. Es el humo. Los gases que inhalan durante años pueden dejar consecuencias graves. Por eso recordó a Juan Ramón Tovar Meléndez, “Johnny”, un bombero que murió de cáncer. Su muerte también forma parte de la historia de Bomberos Frontera. Porque el uniforme no solamente se desgasta con el calor. También puede desgastarse dentro del cuerpo.

Cuando el incendio parecía interminable

Si hay un servicio que Flores Puente consideró especialmente significativo, es el incendio de Bodega Aurrera el 25 de agosto del 2025. Las dimensiones del siniestro obligaron a movilizar a bomberos de Frontera, Monclova, San Buenaventura, Castaños, voluntarios y elementos retirados. Más de un centenar de personas participaron en las labores. Mientras desde afuera muchos solamente veían una enorme columna de fuego, dentro de la emergencia los bomberos estaban concentrados en un peligro mucho más específico: un tanque de cinco mil litros que se encontraba parcialmente lleno. Cuerpo de bomberos en turno. Leopoldo “Polo” Galván Olvera, fundador de estación Bomberos Frontera. Una profesión que motiva a ayudar. Jorge Rocha, 18 años de edad el bombero más joven del equipo. Había que enfriarlo constantemente. Una explosión podía convertir aquel incendio en una tragedia todavía mayor. Y entonces apareció otro enemigo: el miedo de la gente alimentado por rumores. Personas comenzaron a correr porque circulaba la versión de que el tanque iba a explotar. Flores Puente lo recuerda con claridad. “El riesgo más grande que hay en un incendio de ese tipo es la desinformación”, señaló. El peligro no solamente estaba en el fuego, sino en una multitud presa del pánico.

Por eso, para el comandante, la palabra “cuerpo” no es casualidad. Un cuerpo de bomberos funciona como un cuerpo humano: cada elemento tiene una función y todos dependen de los demás. Uno avanza, otro vigila, otro sostiene, otro atiende a los lesionados y alguien más permanece pendiente de lo que ocurre alrededor. Si uno falla, todos pueden quedar expuestos.

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No quieren ser héroes

Curiosamente, los cuatro bomberos coinciden en algo: no se consideran héroes. Flores Puente dijo “los héroes, no comen, no lloran, no necesitan mejores condiciones laborales y no tienen miedo, nosotros sí. Somos personas que tienen familias esperándolos en casa, que sienten miedo y que también desean regresar después de cada servicio”. Fatoni lo resume de otra manera: son “personas comunes haciendo cosas extraordinarias”. Y quizá esa sea la parte más humana de esta historia. Porque detrás del casco no hay un personaje invencible. Hay un padre, un hermano, un hijo, un compañero. Hay alguien que escucha una sirena y sabe que, en cuestión de segundos, tendrá que dejar de lado lo que estaba haciendo para acudir a donde alguien necesita ayuda. En 25 años, Bomberos Frontera ha acumulado aproximadamente 75 mil servicios. Son miles de llamadas, miles de recorridos y ocasiones en las que alguien tuvo que decidir entrar mientras otros buscaban ponerse a salvo. Hoy la corporación cuenta con 14 elementos de base y 4 voluntarios que apoyan ocasionalmente.

La estación que comenzó detrás de la Presidencia Municipal terminó convirtiéndose en una parte indispensable de Frontera, ubicada en la colonia Pemex.

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Historia que sigue sonando

Este 22 de agosto, Día del Bombero en México, Frontera no solamente celebra 25 años de una corporación. Celebra una historia construida por hombres que comenzaron prácticamente desde cero; por quienes insistieron cuando el proyecto parecía imposible; por quienes aprendieron a convivir con el miedo y por quienes todavía hoy se suben a una unidad sin saber qué encontrarán al llegar.

También recuerda a quienes ya no están y a quienes quedaron marcados por aquellas emergencias que no se borran con el paso del tiempo. Polo Galván soñaba con que Frontera tuviera sus propios bomberos. Veinticinco años después, cada vez que una sirena rompe el silencio de la ciudad, su sueño vuelve a escucharse. Y detrás de esa sirena van ellos no héroes, no hombres sin miedo, solo bomberos. Personas comunes que aprendieron a caminar hacia el peligro cuando todos los demás buscan alejarse de él.

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