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La Entrevista con Verónica Anahi López Hidalgo

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Daniela Cordova
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El yoga que nació después del cáncer y transformó su vida

Hay caminos que comienzan buscando bienestar físico y terminan transformando la manera de mirar la vida. Hace 11 años, el yoga llegó a la vida de esta instructora en un momento especialmente significativo: después de atravesar un cáncer y diversas experiencias que la llevaron a replantearse muchas cosas.Lo que inició como una práctica personal para encontrar calma, fortalecer su parte emocional y reconectarse consigo misma terminó convirtiéndose en una vocación.

Hoy, su manera de enseñar parte de una idea: el yoga no consiste solamente en conseguir una postura, sino en aprender a escucharse, respirar y llevar lo aprendido más allá del tapete.

¿Qué encontró en el yoga cuando llegó a su vida?

“Mi acercamiento comenzó hace años, pero llegó en un momento muy significativo. Había atravesado un cáncer y diferentes situaciones fuertes que me hicieron replantearme muchas cosas. Descubrí que necesitaba algo que me ayudara no solamente físicamente, sino también a encontrar calma, fortalecerme emocionalmente y volver a conectar conmigo misma.

Al principio pensé que era una disciplina física, pero poco a poco descubrí que era mucho más. Me ayudó a conocerme, respirar en momentos difíciles, soltar, perdonar, vivir con mayor conciencia y mirar la vida desde otra perspectiva.Durante estos 11 años, ¿cómo ha evolucionado su manera de practicarlo? “Para mí, ser maestra no significa dejar de aprender.

Al principio estaba más enfocada en las posturas y en lo físico. Con el tiempo entendí que el yoga va mucho más allá de lograr una postura. Ahora pongo mucha atención en la respiración, la conciencia corporal, la relajación y la conexión mente-cuerpo. Mi práctica pasó de querer hacer correctamente una postura a preguntarme qué puedo aprender de ella y qué puedo llevar de esa enseñanza a mi vida”.

Yoga
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¿Qué necesita una persona para formarse como maestra de yoga?

“Preparación, estudio, práctica constante y compromiso. No se trata solamente de aprender posturas y después enseñarlas. Una maestra necesita conocer el cuerpo, la respiración y la filosofía del yoga, además de saber adaptar una práctica a diferentes personas, porque cada alumno tiene una historia y necesidades distintas. También hay una parte que no viene solamente de los libros: la experiencia personal. Practicar, observarse, equivocarse, aprender y vivir los valores que uno quiere transmitir”.

¿Qué ha sido lo más difícil en su desarrollo como instructora?

“Entender que no todas las personas llegan al yoga por la misma razón. Algunas buscan ejercicio, otras relajación y otras atraviesan momentos difíciles y necesitan un espacio donde puedan respirar y sentirse en paz. También he tenido que aprender a escuchar y adaptar las clases. Como maestra, no se trata de demostrar lo que una sabe, sino de ayudar a que cada persona encuentre su propio camino. El yoga también me ha enseñado a respetar mis límites. Descansar, modificar una postura o detenerse cuando el cuerpo lo necesita también es parte de la práctica”.

¿Qué recomendación daría a alguien que nunca ha practicado yoga?

“Primero, que no se compare. El yoga no es una competencia. Les diría que aprendan a respirar, escuchen su cuerpo y tengan paciencia. No necesitan ser flexibles, fuertes ni saber hacer posturas complicadas para comenzar. El yoga comienza desde donde estás, con el cuerpo que tienes y con la vida que estás viviendo en ese momento”.

Más allá de lo físico, ¿qué beneficios puede encontrar una persona? “Pueden ser físicos, mentales y emocionales. Puede ayudar a mejorar la movilidad, flexibilidad, equilibrio, conciencia corporal y respiración. También puede convertirse en un espacio para disminuir el estrés y aprender a estar más presentes. Pero para mí hay un beneficio todavía más profundo: comenzar a escucharnos.  Cuando aprendemos a escuchar nuestro cuerpo, muchas veces también empezamos a escuchar nuestras emociones, pensamientos y necesidades”.

Yoga
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¿Por qué considera importante mantener una práctica constante?

“La constancia permite que el yoga deje de ser solamente una actividad ocasional y se convierta en una herramienta para nuestra vida. Una práctica ocasional puede regalarnos un momento de relajación, pero la práctica constante permite observar cambios con mayor profundidad: cómo respiramos, cómo reaccionamos, cómo escuchamos nuestro cuerpo y cómo nos relacionamos con nosotros mismos. El verdadero aprendizaje ocurre cuando lo que practicamos sobre el tapete comienza a acompañarnos fuera de él”.

¿Qué busca transmitir durante sus clases?

“Quiero que cada persona que entra a mi clase sienta que ese espacio también es para ella. Que no tienen que ser perfectos, compararse ni exigirse todo el tiempo. Pueden permitirse respirar, soltar y comenzar nuevamente. El yoga no termina cuando enrollamos el tapete. La paciencia, respiración, presencia, aceptación y amor que aprendemos en una práctica podemos llevarlos a nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra vida”.

¿Cuáles son las ideas equivocadas que encuentra con mayor frecuencia?

“Una de las más comunes es pensar que para hacer yoga tienes que ser flexible, también existe la idea de que es solamente para personas jóvenes, delgadas o capaces de realizar posturas complicadas, no es así. El yoga puede adaptarse a diferentes cuerpos, edades y necesidades. No tienes que llegar sabiendo hacer yoga; precisamente vienes a aprender. Siempre les digo a mis alumnos: no se trata de llegar a tocar los pies con las manos, sino de aprender a estar presentes mientras lo intentas.

¿Qué herramientas busca incorporar actualmente a sus clases?

“Ha cambiado muchísimo. Hoy existe mayor información y también una mayor conciencia de que una clase debe adaptarse a las necesidades de las personas. Actualmente me interesa integrar prácticas más terapéuticas, ejercicios de respiración, relajación y meditación, además de buscar formas de hacer que el yoga sea accesible para quienes quizá nunca han practicado”.

¿Qué proyectos y metas tiene para los próximos años?

“Uno de mis mayores deseos es seguir creciendo como maestra y continuar preparándome, quiero crear más espacios donde el yoga pueda llegar a personas que quizá piensan que no es para ellas. Me gustaría seguir realizando clases, eventos y experiencias donde podamos combinar movimiento, respiración, relajación, meditación y convivencia. Mi meta no es solamente tener más alumnos; es poder impactar positivamente más vidas”.

Después de 11 años, ¿cómo le gustaría contribuir al futuro del yoga en su comunidad?“Me gustaría ver una comunidad donde el yoga sea entendido no solamente como ejercicio, sino como una herramienta de bienestar y conexión. Quiero contribuir acercándolo a más personas, especialmente a quienes creen que no pueden practicarlo o nunca han tenido la oportunidad de conocerlo.

Después de 11 años sigo sintiendo que apenas estoy comenzando. Me gustaría continuar aprendiendo, compartiendo y sirviendo desde lo que amo. Si algún día alguien me dice: “El yoga llegó a mi vida y me ayudó a verla de otra manera”, sentiré que todo este camino ha valido la pena”.

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