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La Entrevista con Natalia Cortés Salazar

Entrevista
Daniela Cordova

"Una hija, una madre y una lucha que la fe mantiene viva"

En este 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, Natalia comparte su experiencia como hija, cuidadora y acompañante de una mujer que enfrenta nuevamente la enfermedad, una historia que refleja las batallas silenciosas de las familias que viven el cáncer desde el amor, el miedo, el desgaste y la fe.

¿Quién es la persona que actualmente enfrenta el cáncer? “Es mi mamá, Diana Salazar. Hace dos años ya había atravesado por este mismo padecimiento y ahorita otra vez está en tratamiento. Primeramente Dios, ya estamos en la recta final para que termine y podamos conocer los resultados. Sabemos que serán favorables porque Dios está con ella todo el tiempo”.

¿Qué sintió cuando recibió la noticia de que su mamá tenía cáncer? “Fue muy duro porque uno obviamente no espera eso en ningún momento. Fue algo que nos pegó mucho a toda mi familia, a mis hijos y a mí, sin embargo tocaba ser fuertes porque mi mamá necesitaba ánimos, no que estuviéramos ahí llorando. Ella fue quien mostró más fuerza que nosotros. Mi mamá nos enseñó a ser fuertes durante este proceso que ya pasó y que está pasando nuevamente. Aunque como familia sentimos miedo y dolor, teníamos que encontrar la manera de acompañarla y darle motivos para seguir”.

¿Cómo cambia la dinámica familiar cuando el cáncer llega a casa? “Cambian muchas cosas, tanto emocionalmente para ella como para nosotros. Durante el tratamiento había ocasiones en las que mi mamá no se sentía bien, no tenía ganas de comer y, cuando recibió las radiaciones, le lastimaron la garganta. Había que estar insistiendo para que comiera y eso provocaba algunas discusiones entre ella y yo, una quiere cuidarla, pero también debe entender lo que está sintiendo. No es fácil porque, además de atender sus necesidades, tienes que aprender a manejar tus propias emociones. Mis hijos también estuvieron muy atentos, con mucha paciencia y pendientes de su abuela, al final, todos tuvimos que adaptarnos a una nueva manera de convivir y de cuidarnos”.

¿Considera que el cáncer es una enfermedad que afecta a la familia? “Claro que sí, lo padecemos todos. Es una enfermedad que nos pega parejo: a ella físicamente y a nosotros emocionalmente. Literalmente, arrasa porque es una enfermedad que da miedo.  En nuestro caso, gracias a Dios, mi mamá ha tenido buenos médicos. Todos los que la han atendido nos han dado tranquilidad al explicarnos que el tipo de cáncer que padece tiene diferentes formas de tratarse y que está muy estudiado. Eso nos ha ayudado a confiar y a mantenernos fuertes”.

¿Qué ha sido lo más difícil de acompañarla? “A mí me tocó estar desde la biopsia y hacerle las curaciones, a mi hermana le daba miedo y yo tenía que hacerme la valiente. Después, cuando le hicieron la mastectomía, también fue muy difícil, porque uno nunca espera pasar por algo así con su mamá. Como hija, hay momentos en los que tienes que dejar a un lado tus propios temores para ayudarla, no significa que no tengas miedo, sino que buscas la manera de enfrentarlo porque sabes que ella te necesita”.

¿Cómo se organizaron para atenderla y acompañarla en la cotidianidad? “Somos tres hermanos: mi hermano mayor, mi hermana y yo, nos dividíamos las actividades mi hermana y yo, porque mi hermano trabajaba en una fábrica y sus horarios eran muy complicados. Mi hermana me decía que fuera a su casa, que ella preparaba la comida, y yo me trasladaba para hacerle las curaciones a mi mamá, llegó un momento en el que decidí irme a vivir con ella porque ya no quería dejarla sola, también se involucraron mis hijos y mis sobrinos. Mi niña tenía 10 años cuando comenzó este proceso y se acercaba conmigo para aprender a hacer las curaciones y ayudar con los medicamentos de su abuela”.

¿Cómo enfrentaron los gastos que implica el cáncer? “Económicamente es muy pesado, aunque a mi mamá siempre la han atendido muy bien en el Seguro Social, hay estudios que tardan demasiado y ella decía que no podía esperar, que necesitaba moverse. Entonces teníamos que hacerlos de manera particular, son gastos muy fuertes que uno no prevé, hay que trabajar más para poder costearlos y buscar la manera de resolver las necesidades que van surgiendo. Hace dos años, cuando mi mamá atravesó por este proceso, se organizó un evento con causa para ayudarla. Ella normalmente es quien realiza ese tipo de actividades para personas que lo necesitan, pero aquella vez le tocó ser la persona por la que se hacía el evento”.

¿Qué les ha permitido mantenerse unidos durante esta experiencia? “Principalmente, la fortaleza de mi mamá, ella nos ha enseñado mucho y supo cómo transmitirles a mis hijos y a mis sobrinos la manera de enfrentar lo que estaba pasando. Todos nos involucramos de alguna forma y aprendimos a tener paciencia, a estar pendientes y a apoyarnos, actualmente trabajo en Saltillo y mi hijo mayor es quien vive con ella y está al pendiente de su abuela, las circunstancias cambian, pero buscamos la manera de acompañarla”.

¿Qué les diría a las familias que acaban de recibir un diagnóstico? “Está por demás decirles que le echen ganas o que sean fuertes, porque es muy fácil decirlo cuando uno no sabe realmente el temor por el que están pasando, yo lo único que puedo decirles es que se agarren muy fuerte de Dios, que nunca dejen de confiar y que le pidan con toda la fe del mundo su sanidad, que no se dejen caer, que luchen porque la vida es muy bonita y no hay por qué dejarse derrotar por un diagnóstico, es una enfermedad fuerte, pero existen muchos tratamientos y posibilidades de salir adelante, tanto para hombres como para mujeres y niños”.

¿Confía en que su mamá volverá a superar esta etapa de la enfermedad? “Claro que sí, sin duda alguna, sé que tengo una mamá muy fuerte y muy valiente, y que Dios me la va a sanar otra vez, me la va a entregar sanita de nuevo”. 

Para Natalia, acompañar a su madre significa mucho más que estar presente en las consultas o hacerse cargo de sus curaciones. Es aprender a ser fuerte incluso cuando el miedo aparece, reorganizar la vida familiar y encontrar la manera de seguir adelante sin perder la esperanza. Su testimonio recuerda que detrás de cada paciente con cáncer también hay hijos, hermanos, nietos y cuidadores que enfrentan sus propias batallas, muchas veces en silencio, mientras concentran sus esfuerzos en acompañar a quien aman.

 

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