La Entrevista con Héctor Raciel de León - Párroco de la Parroquia Santuario de Guadalupe

A los 13 años escuchó el llamado de Dios que cambió su vida.
Con apenas 13 años, cuando la mayoría de los adolescentes apenas comienza a descubrir qué quiere hacer con su vida, Héctor Raciel de León tomó una decisión que marcaría su destino para siempre: ingresar al seminario. Hoy, al cumplir 25 años de sacerdocio, recuerda con emoción el camino recorrido, los desafíos que enfrentó, las dudas que logró superar y las satisfacciones que le ha dejado servir a miles de personas. En esta entrevista comparte cómo nació su vocación, el papel que desempeñó su familia, las experiencias que transformaron su ministerio y el mensaje que hoy dirige a los jóvenes que sienten el llamado de Dios.
Padre, ¿cómo inició su vocación sacerdotal y de dónde es originario?
"Soy originario precisamente de la Parroquia del Santuario de Guadalupe. A los 13 años, cuando cursaba segundo de secundaria en la Secundaria Número 1, fui invitado al preseminario y para mí fue como amor a primera vista. Fui aceptado y ese mismo año ingresé como interno al seminario para terminar ahí la secundaria".
¿Quién fue la primera persona que impulsó ese sueño?
"Recibí desde el principio el apoyo del padre Héctor Jorge García, quien era párroco del Santuario de Guadalupe. Él me dio la carta de apoyo para ingresar al seminario y durante todo mi proceso de formación estuvo acompañándome y animándome".
¿Cómo reaccionaron sus padres cuando les dijo que quería ser sacerdote?
"Mis padres siempre me apoyaron. A pesar de que yo tenía apenas 13 años, nunca se opusieron. Ese respaldo fue fundamental y siempre les voy a agradecer que confiaran en mi decisión desde el primer momento".
¿Cuál fue el mayor reto al ingresar al seminario siendo tan joven?
"Lo más difícil fue separarme de mi familia. De pronto dejé mi casa para integrarme a un ambiente completamente distinto. Ese cambio fue el primer gran reto que tuve que enfrentar. y a una muy corta edad".
¿Considera que a esa edad ya estaba seguro de convertirse en sacerdote?
"No. Creo que nadie a los 13 años tiene la madurez suficiente para una decisión de esa magnitud. Esa madurez llegó durante los 13 años de formación, donde fui confirmando poco a poco que ese era realmente mi camino".
¿A qué edad concluyó el seminario y recibió la ordenación sacerdotal?
"Terminé el seminario a los 25 años y fui ordenado sacerdote a los 26. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida porque culminaba un proceso de muchos años de preparación".
¿Influyó que su familia fuera muy cercana a la Iglesia?
"Siempre fuimos una familia católica, pero no participábamos activamente en la Iglesia. Creo que influyó más mi participación en el catecismo y que mi hermano mayor me invitó a integrarme a grupos juveniles. Ahí comenzó a fortalecerse mi fe".
Después de 25 años de sacerdocio, ¿qué es lo que más satisfacción le ha dado?
"Lo que más me llena es el servicio a las personas. He descubierto una enorme necesidad de Dios en la gente y poder brindarles consuelo, esperanza y paz a través de los sacramentos es una de las mayores satisfacciones que puede tener un sacerdote".
¿Qué experiencias considera que marcaron más su ministerio?
"Cada cambio de comunidad me dejó grandes enseñanzas. Primero fui promotor vocacional, después maestro y director espiritual en el seminario, permanecí muchos años en Saltillo y posteriormente fui enviado a Cuatro Ciénegas durante ocho años. Todos esos cambios me enseñaron el valor de la obediencia y la confianza en Dios".
¿Qué sintió al regresar como párroco al Santuario de Guadalupe, donde nació su vocación?
"Sentí una enorme alegría, pero también un gran compromiso. Regresar al lugar donde comenzó mi historia sacerdotal y suceder a grandes sacerdotes representa una gran responsabilidad. Siempre digo que no vengo a ponerme delante ni detrás de la comunidad; vengo a caminar junto con el pueblo de Dios".
¿Qué mensaje les daría a los jóvenes que sienten inquietud por ingresar al seminario?
"Les diría que vale la pena escuchar el llamado de Dios. Él sigue llamando a muchos jóvenes para servir a la Iglesia y acompañar a las personas. Si sienten esa inquietud, no tengan miedo de abrir su corazón, porque el sacerdocio es una misión hermosa que llena profundamente la vida".
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