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La difícil ruta de Lenia Batres hacia la presidencia de la Corte

Mario Maldonado
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Hay una diferencia fundamental entre ganar una elección y ejercer el poder. Lenia Batres obtuvo la segunda mayor votación entre quienes integran actualmente la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), pero los hechos muestran que una cosa es el respaldo en las urnas y otra muy distinta la capacidad para construir mayorías dentro del máximo tribunal del país.

Ese es hoy el principal problema de la ministra. Desde su llegada a la Corte ha buscado convertirse en la voz más visible del ala ideológica de la Cuarta Transformación. Sus posicionamientos suelen privilegiar el discurso político sobre el jurídico y, particularmente en materia fiscal, ha defendido sistemáticamente que el Estado cuente con mayores facultades para recaudar impuestos y limitar los márgenes de actuación de los grandes contribuyentes. Sin embargo, esa visión rara vez ha encontrado eco entre sus colegas.

La prueba más reciente fue la polémica que ella misma detonó al plantear la posibilidad de gravar las herencias. La propuesta provocó una inmediata reacción de especialistas, fiscalistas, jueces y representantes del sector privado, quienes cuestionaron tanto la viabilidad jurídica como los argumentos utilizados para justificarla. El golpe político definitivo llegó desde Palacio Nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum marcó distancia y dejó claro que un impuesto a las herencias no forma parte de la agenda de su gobierno.

No deja de llamar la atención que una de las ministras más identificadas con el movimiento gobernante haya terminado desautorizada por la propia Presidenta de la República.

Tampoco fue un episodio aislado. Hace apenas unos días, en el litigio entre el SAT y FEMSA, Batres fue la única integrante del Pleno que votó por revivir un crédito fiscal por casi 2 mil 900 millones de pesos que ocho de sus compañeros consideraron jurídicamente improcedente. La escena se ha repetido en otros asuntos relacionados con grandes contribuyentes y controversias fiscales: mientras ella sostiene interpretaciones expansivas en favor del fisco, la mayoría de la Corte termina votando en sentido contrario.

Más allá del contenido de sus votos, el patrón revela que Lenia Batres no ha logrado construir consensos dentro del máximo tribunal. Ese déficit es relevante por la discusión que ya comenzó, aunque públicamente se niegue, sobre quién deberá presidir la Suprema Corte cuando concluya el primer periodo de Hugo Aguilar.

La interpretación más extendida sostiene que la presidencia correspondería automáticamente a quien obtuvo la siguiente mayor votación en la elección judicial, es decir, Lenia Batres. No obstante, varios ministros consideran que las lagunas existentes tanto en la Constitución como en la Ley Orgánica del Poder Judicial permiten otra interpretación, y es que, concluido ese primer periodo, el Pleno pueda elegir libremente a cualquiera de sus integrantes.

Recientemente la propia Corte difundió un comunicado para desmentir que ese debate exista. Pero puertas adentro el tema sigue siendo motivo de conversaciones entre ministros y sus equipos jurídicos. No es un asunto menor. Si finalmente prevalece la interpretación que privilegia la elección interna, Batres necesitaría algo que hasta ahora no ha demostrado tener: los votos de sus propios compañeros.

Y aun suponiendo que la presidencia le correspondiera automáticamente por el orden de votación, el problema se mantendría. Porque la Corte se gobierna construyendo acuerdos y conciliando posiciones. Ningún presidente puede conducir el tribunal si permanentemente queda en minoría.

La sesión de este jueves volvió a ofrecer una imagen lamentable. Mientras el ministro Giovanni Figueroa exponía un asunto ante el Pleno, debió interrumpir su intervención debido a las conversaciones que sostenían otros integrantes de la Corte, como la ministra Loretta Ortiz. Batres incluso se levantó para dialogar con el presidente Hugo Aguilar y cuando recibió el uso de la palabra tardó en ubicar el expediente que se discutía.

La Suprema Corte ha tenido presidentes con perfiles ideológicos muy distintos. Lo que distinguió a los más influyentes no fue su cercanía con el gobierno en turno ni el número de votos obtenidos en una elección, sino su capacidad para reunir mayorías alrededor de decisiones complejas. Ese sigue siendo el verdadero poder dentro del máximo tribunal.

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