La cueva que volvió a armarse en Cuatro Ciénegas

Restauradoras del INAH reconstruyeron el mural rupestre de La Pinta, dañado por un saqueo en 2025
Cuatro Ciénegas, Coahuila.- En una cueva del cañón de La Pinta, un grupo de mujeres pasó tres meses y medio armando, pieza por pieza, un mural que grupos nómadas plasmaron hace siglos, acaso milenios, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Según el INAH, es la primera restauración integral en México de patrimonio rupestre dañado por un intento de saqueo de esta magnitud, y el pasado fin de semana el instituto invitó a reporteros de varios medios de Coahuila a conocerla en el sitio.
Cuatro Ciénegas, Pueblo Mágico desde 2012, se ubica en el centro de Coahuila, a unos 80 kilómetros de Monclova por la carretera federal 30, dentro de un valle de más de mil 500 kilómetros cuadrados famoso por sus pozas turquesas. Ahí mismo, entre la sierra, la cueva de La Pinta guarda pinturas en negro, blanco, amarillo y rojo, pigmentos que los antiguos habitantes obtuvieron de la naturaleza. Por eso el lugar es tan simbólico, porque comprueba que hubo grupos nómadas viviendo en este territorio mucho antes que nosotros.
Durante años nadie tocó la cueva, a pesar de que se halla muy cerca de un camino que lleva a una mina. Hasta que en enero de 2025 llegó el saqueo, y fue inusual porque los ladrones no se conformaron con una fotografía o un raspado. Con sierras y herramientas de perforación desprendieron la roca misma para llevarse la pintura. Se fueron con la imagen de una mano humana y el resto del mural quedó destrozado, con muescas y pedazos de piedra regados por el suelo.

El INAH actuó de inmediato y convocó a siete restauradoras de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, encabezadas por Sandra Guadalupe Cruz Flores, quienes se mudaron al pueblo para recuperar los restos, clasificarlos y devolverlos a su lugar. La restauradora Hilda Serrano lo describió durante la presentación de los resultados, celebrada a finales de junio en el Museo Regional de la Laguna, con una frase sencilla. “Fue un gran rompecabezas”. Y algo más que vale la pena anotar, las especialistas decidieron que la cicatriz debe permanecer, para que la ausencia también se vea y se comprenda.
Fue el arqueólogo Yuri de la Rosa quien guio a los periodistas por el antecedente histórico, la interpretación de las pinturas y el trabajo de restauración, tan fino que a simple vista cuesta trabajo notarlo. Explicó que La Pinta pudo ser una cueva ceremonial donde los chamanes plasmaron sus visiones, aunque es solo una hipótesis, pues también pudieron ser trazos de mujeres o de niños y eso es difícil de determinar. Sí se distinguen figuras conocidas, como serpientes y círculos concéntricos en color blanco que quizá se refieran a la luna. De la Rosa ve además algunas imágenes simbólicas que pudieran aludir a la vagina, una referencia sexual común entre comunidades ancestrales, y recordó que en La Ferrería, en Durango, se veneró al falo mediante esculturas de piedra.

De la Rosa confirmó además que, al concluir los trabajos y revisar las paredes de los dos sitios intervenidos, Cueva Pinta y Cueva Pinta VI, aparecieron tres pinturas que permanecían ocultas. El hallazgo se suma a los detalles pictóricos no documentados que el propio INAH reconoció durante la restauración y abre nuevas posibilidades de estudio sobre los grupos cazadores-recolectores que habitaron la región.
No es la primera vez que este patrimonio sufre. En 2008 fueron robadas más de mil piezas arqueológicas de la Casa de la Cultura del municipio, una historia que merece contarse en una siguiente entrega. De la Rosa subrayó que se trata de un patrimonio de los coahuilenses y esperó que las autoridades estatales y municipales colaboren con las federales para protegerlo.
Por lo pronto el predio particular donde se localiza La Pinta permanece bajo candado, aunque durante la visita con reporteros ya faltaban dos de las tres cadenas que se colocaron para resguardarlo. Aun con el sol cayendo a plomo, los periodistas recorrieron el sitio con interés, porque el acontecimiento lo merecía. Fue agridulce, favorable por la riqueza antropológica, lamentable por el saqueo y positivo por una restauración imperceptible en un lugar sin igual, Cuatro Ciénegas, por su riqueza antropológica y biológica.
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