Harfuch: entre la popularidad, el poder y los adversarios
Mario MaldonadoOmar García Harfuch es hoy una de las figuras predominantes de la política mexicana, aunque su carrera se construyó en la policía y no en un partido. Sí se afilió a Morena en septiembre de 2023, pero no pertenece a su militancia histórica. Su identificación con el oficialismo pasa por Claudia Sheinbaum, quien tiene en él y en Marcelo Ebrard a dos de sus funcionarios más eficaces y, paradójicamente, dos opciones presidenciales que incomodan al ala más radical de la 4T.
La semana pasada, Manuel Velasco lo llamó “el Pedro Infante de la política” y abrió públicamente la puerta del Verde para 2030. El coordinador de los senadores del PVEM suele encargar encuestas para consumo propio y sus dichos sobre que “sería un proyecto ganador” tiene ese respaldo. Las mediciones reservadas del Verde y de Morena lo colocan en una posición difícil de alcanzar. Falta mucho y esos resultados no son tan públicos, pero explican por qué Velasco lleva tiempo planteándole una candidatura, incluso si Morena le cierra el paso.
El antecedente está en la capital. En noviembre de 2023, la encuesta de Morena dio a Harfuch 40.5% de las preferencias y a Clara Brugada 26.7%. Fueron 13.8 puntos de ventaja, alrededor de 41 de cada 100 entrevistados contra 27. La candidatura fue para Brugada por el ajuste de paridad.
Harfuch aceptó el desenlace. Esa disciplina es uno de sus principales activos ante Sheinbaum. No se movería sin su autorización ni convertiría una invitación del Verde en un desafío a su jefa. La presidenta será decisiva en la sucesión y hoy lo necesita en las tareas de seguridad. La reducción oficial de 51% en el promedio diario de homicidios, de septiembre de 2024 a julio de 2026, es uno de los resultados que más presume la jefa del Ejecutivo. Harfuch coordina la estrategia con las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional.
Para Sheinbaum, tener un sucesor competitivo significa contar con una opción de continuidad. Su lealtad permite suponer que preservaría sus proyectos y las políticas centrales. La disyuntiva es que Harfuch nunca fue uno de los favoritos del obradorismo y su cercanía con la presidenta no lo convierte en heredero natural del movimiento. Los fundadores que lo combatieron en 2023 siguen ahí y una candidatura presidencial elevaría el costo de esa disputa.
En ese frente habrá que observar a Andrés Manuel López Beltrán. Andy busca una diputación federal por Tabasco y, si llega a San Lázaro, intentará convertir el apellido en influencia legislativa y partidista. Está por verse cuánto podrá mover las piezas después de los escándalos que lo rodean. La familia del expresidente conserva ascendencia en Morena, pero deberá demostrar que puede construir una alternativa con respaldo social comparable al de Harfuch.
El atractivo del secretario rebasa el porte y los apodos de Batman o superpolicía. Habla con frases breves y rara vez abandona el gesto serio. Esa contención contrasta con la celebridad que lo rodea. Sobrevivir al atentado del 26 de junio de 2020 añadió gravedad a su imagen pública. Conecta con mujeres y hombres, sectores medios y autoridades de oposición. Si Morena se desgasta entre esas clases medias en 2027, como anticipan sus mediciones internas, esa aceptación será todavía más valiosa.
Tampoco es ajeno a la historia del poder. Su padre, Javier García Paniagua, dirigió la Federal de Seguridad y presidió el PRI. Su abuelo, Marcelino García Barragán, gobernó Jalisco y fue secretario de la Defensa. Son raíces políticas y de seguridad. No obstante, esa herencia también ofrece munición a sus adversarios.
Harfuch y Ebrard representan las opciones pragmáticas frente a perfiles como Brugada y Martí Batres. Luz Elena González, también muy cercana a Sheinbaum, podría entrar en el cálculo si la presidenta impulsa a otra mujer. Estados Unidos añade una paradoja. La interlocución de Harfuch con sus agencias fortalece su reputación operativa y alimenta entre los duros la sospecha de que abriría demasiado la puerta a Washington. El 2027 servirá para medir esas fuerzas. El “Pedro Infante” ya tiene público. Para llegar a 2030 necesitará, primero, que su jefa a la que tiene todo el respeto y le debe su cargo, le permita disputar el papel principal.
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