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Entre lluvia y ventas, comerciantes le hacen frente al cambio de clima

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Marco Orozco
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El clima modifica el consumo y obliga a vendedores a cambiar cantidades, recorridos y hasta los productos que ofrecen.

La lluvia cae, el viento arrecia y las calles cambian de ritmo. Para quienes viven de vender en la calle, el clima no es solamente cuestión de sacar el paraguas: también significa preguntarse cuánto venderán ese día y cuánto producto podrán llevar de regreso a casa.

Entre quienes conocen bien esos cambios está Amador Delgadillo, “El Flaco”, un vendedor de tacos de olla que lleva más de tres décadas recorriendo las calles para ofrecer su producto.

A sus 49 años, Amador ya conoce perfectamente su ruta. No se queda esperando a que lleguen los clientes; toma su olla y sale a buscarlos.“Ya tengo mi recorrido”, cuenta.

Su jornada comienza visitando distintos establecimientos y después continúa hacia otros puntos, entre ellos una clínica, donde permanece varias horas ofreciendo sus tacos.

Y aunque la lluvia podría parecer un enemigo para quien trabaja en la calle, en su caso el clima fresco puede jugar a favor.“Se vende un poquito más”, explica.

El problema llega cuando el frío o la lluvia se combinan con fuertes ráfagas de viento. Entonces la jornada se vuelve más complicada, porque hay que cuidar la olla, el producto y seguir caminando aunque las condiciones no sean las mejores.

Pero Amador también ha aprendido a no arriesgar de más.

Antes preparaba alrededor de 30 docenas de tacos; ahora se mantiene entre 18 y 20 docenas, dependiendo de cómo vea el movimiento.“Si le pongo más, pues sí corre el riesgo de que se quede”, dice.

Y que se quede producto significa dinero que ya no regresa al bolsillo ese mismo día.

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 Maribel cambia el menú según el cielo

A unos metros de esa misma realidad está Maribel, quien se dedica a la venta de yukis y otros productos que tienen mayor demanda durante la temporada de calor.

Para ella, cuando las temperaturas bajan y llegan las lluvias, el comportamiento de los clientes también cambia.

Hay personas que siguen saliendo a comprar, pero ya no buscan necesariamente lo mismo que durante los días soleados y calurosos.

Por eso, Maribel ha tenido que aprender a leer también el clima.

La comerciante explicó que, debido a los cambios climatológicos, combina los productos de temporada de calor con artículos propios de la temporada invernal, buscando tener opciones para sus clientes y no depender únicamente de la venta de yukis.

Es una manera de mantener el negocio en movimiento cuando el clima deja de favorecer los productos refrescantes.

“Hay gente que viene a comprar”, comentó Maribel, aunque reconoció que las ventas cambian considerablemente dependiendo de las condiciones climatológicas.

Y así, mientras el cielo cambia, también cambia lo que se vende.

Para Amador, un día fresco puede significar una mejor oportunidad para colocar sus tacos de olla. Para Maribel, en cambio, las temperaturas bajas obligan a diversificar y comenzar a ofrecer productos acordes con la temporada invernal.

Son pequeños negocios que no tienen margen para quedarse esperando.

Unos reducen la cantidad de mercancía para evitar pérdidas; otros cambian parte de su oferta. Todos hacen cuentas mientras trabajan, porque la lluvia puede traer frescura a las calles, pero también puede llevarse una parte importante de las ventas.

Al final, para ellos el pronóstico del tiempo también es un pronóstico de ingresos: si cambia el clima, cambia el cliente y cambia el negocio.

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