El partido Inglaterra-México antes del silbatazo
Raúl Rodríguez CortésNo parece haber este domingo 5 de julio asunto público alguno que dispute o arrebate la atención que el país entero tiene puesta en el partido de futbol que sostendrán por la tarde las selecciones de Inglaterra y México en el legendario Estadio Azteca.
El ánimo social del país tiene grandes esperanzas de que el equipo nacional obtenga una victoria que rompa su techo histórico en ese encuentro de octavos de final del Campeonato Mundial de Futbol 2026, luego de que se inflara y explotara de júbilo por el desempeño más que efectivo de su selección con cuatro juegos ganados sin recibir goles de equipos, cierto es, de menor calidad y jerarquía futbolísticas que el de Inglaterra, país inventor del apasionante juego.
No soy un periodista deportivo que pueda profundizar con un análisis táctico del estilo inglés caracterizado por su verticalidad, potencia física y presión intensa, frente al mexicano que opta por la posesión del balón, su control y el desgaste de sus adversarios.
Pero sí soy un aficionado que disfruta del futbol y busca datos objetivos y contextos en curso, con el solo afán de sopesar las posibilidades de un resultado favorable que seguramente esperamos la mayoría de los mexicanos.
De esas valoraciones numéricas e históricas resulta que el equipo de Inglaterra va como favorito. La inteligencia artificial lo confirma al darle entre 40 y 45 por ciento de las posibilidades de triunfo, mientras que al de México le da entre 30 y 35 por ciento.
Esto no significa que nuestro equipo no tenga lo necesario para lograr una victoria. Es más, la selección mexicana ha mostrado un desempeño que quien esto escribe no le vio jamás en años.
Así que lo ocurrido a lo largo de la historia sin duda contará, sobre todo para no repetir los errores que antaño se cometieron, pero en términos prácticos, contará más lo que resulte, en el actual contexto y circunstancias, de los 90 minutos (o 120 si nos vamos a tiempos extras) del juego de esta tarde.
Las selecciones de futbol de Inglaterra y México se han enfrentado en nueve ocasiones desde 1959 hasta 2010, año de su más reciente encuentro. Seis de esos partidos los han ganado los ingleses y solo dos los mexicanos. Uno más resultó en empate.
Solamente uno de esos nueve encuentros fue parte de un campeonato mundial de futbol, el de 1966, con sede por cierto en Inglaterra y del que resultó campeón el llamado “equipo de la rosa”.El flemático mediocampista sir Bobby Charlton y el goleador del Liverpool, Roger Hunt, vulneraron en dos ocasiones la portería defendida por Nacho “El Cuate” Calderón, arquero del equipo en el que el inolvidable Nacho Trellez dirigió, entre otros, al zaguero central Gustavo “El Halcón” Peña, al mediocampista Isidoro “El Chololo” Díaz, al extremo izquierdo Aarón “El Gansito” Padilla y el entonces veinteañero centro delantero Enrique Borja. Fue un partido jugado en el londinense estadio de Wembley el 16 de julio de 1966. Quien esto cuenta tenía nueve años, vio aquel partido en transmisión diferida en un televisor blanco y negro rentado para la ocasión por su papá, y entristeció por el resultado.
Entre los otros ocho encuentros hay seis derrotas de México, dos de ellas por goleada: 8-0 en partido amistoso jugado en Londres en 1961 y 4-0 en partido igualmente amistoso jugado en Birmingham en 2001.
Pero también hay dos victorias: 2-1 en 1959 y 1-0 en 1985. Ambos partidos fueron jugados en la Ciudad de México y el segundo de ellos ya en el Estadio Azteca, lo que habla de lo favorecedores que pueden ser la localía y el apabullante respaldo que la afición ofrece invariablemente en “el coloso de Santa Úrsula”.
En el futbol, como en toda competencia deportiva, se gana o se pierde. Hay muchas posibilidades de ganarle a Inglaterra, como también las hay de perder frente a ellos. Si esto último es lo que resulta, ojalá que sea en un gran partido, uno de esos que se vuelven ejemplares por el pundonor que dejan ver, tal y como el jugado el viernes pasado por el equipo de Cabo Verde (con el bravísimo Vozhina, su soñador y fuera de serie portero de 40 años), frente al actual campeón Argentina.
Una derrota, por otra parte, no puede ni debe ser motivo para transformar el júbilo de los días pasados en violentas y destructivas expresiones producto de la frustración, que buscan culpables en otros y no en nosotros mismos y que justifican con la autodenigrante frase de “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre” repetida una y una y otra vez como mantra budista.
Una victoria, por otro lado, potenciará los festejos en concentraciones espontáneas que ameritará protocolos más cuidadosos ya tomados por las autoridades para limitar a 25 mil personas el acceso al Ángel de la Independencia.
Pero nada de eso funcionará a cabalidad sin una mayor conciencia ciudadana que ayude a evitar consecuencias lamentables como las registradas la noche del martes pasado tras el triunfo contra la selección de Ecuador.
Victoria esa que, dicho sea de paso, no fue resultado -como ahora pretenden hacer creer medios afines a los gobiernos derechistas de Ecuador y Argentina- de fantasiosas amenazas hechas a los futbolistas ecuatorianos por el Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Nada más falta que si hoy le ganamos a Inglaterra se diga que fue porque la selección mexicana recibió financiamiento ilegal de la delincuencia organizada o porque dinero ilícito compró a la inglesa para que se dejara ganar o porque sobornó a los árbitros, incluido el VAR (con V chica) y ofreció barra libre en el BAR (con B grande).
Y en medio de esa tristísima percepción de que está todo corrompido, fue buena la respuesta de los jugadores del seleccionado nacional que no aceptaron el regalo de relojes de marca que les hizo el influencer estadounidense Steve WillDot quien, según versiones periodísticas, apostó dos millones de dólares por el triunfo de México sobre Ecuador.
Entre tanto, solo una cosa más: ¡Vamos México!
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