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Eduardo Cordero: “Dios nunca deja de llamar”

El seminarista de 20 años comparte cómo descubrió su vocación, los desafíos de la formación sacerdotal y su mensaje para los jóv

Entrevista: El seminarista de 20 años comparte cómo descubrió su vocación, los desafíos de la formación sacerdotal y su mensaje para los jóv
Penélope Cueto
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Saltillo, Coahuila, 2 de agosto de 2026.- A los 17 años, cuando estaba por iniciar una carrera de ingeniería y dejar su natal General CepedaEduardo Gabriel Cordero Sánchez tomó una decisión que cambió el rumbo de su vida: ingresar al seminario. Hoy, con 20 años de edad y en su cuarto año de formación, segundo de Filosofía, asegura que la vocación nace del encuentro con Dios en medio del silencio y que el mayor desafío para los jóvenes consiste en aprender a escuchar en un mundo lleno de ruido.

Originario de la Parroquia de San Francisco de Asís, el joven seminarista reconoce que el proceso no ha estado exento de dificultades. La distancia de su familia, las dudas propias de la edad y las exigencias de la formación forman parte de un camino que, afirma, ha fortalecido su convicción de responder al llamado sacerdotal.

 

¿Cómo nació tu vocación sacerdotal?

Creo que hoy vivimos en un mundo donde todos hablan y pocos escuchan. Para un joven resulta muy importante aprender a descubrir la voz de Dios en el silencio. Ahí comenzó mi vocación. Entendí que la verdadera felicidad no depende sólo de los planes personales, sino también de responder al llamado que Dios hace a cada persona.

 

¿Por qué consideras importante hablar de vocación entre los jóvenes?

Muchas veces se dice que existe una crisis vocacional, pero la palabra vocación significa "llamado". Si hablamos de crisis, parecería que Dios dejó de llamar, y eso no ocurre. Dios nunca deja de llamar. Lo que sucede es que muchas personas han dejado de escuchar. Por eso hace falta detenerse, guardar silencio y abrir el corazón.

 

¿Cómo puede un joven escuchar ese llamado en medio de tantas distracciones?

Primero necesita pedir esa gracia. En ocasiones esperamos señales extraordinarias, pero Dios suele manifestarse en las cosas sencillas, en los pequeños acontecimientos de cada día. Cuando una persona hace un examen de su vida y busca con sinceridad aquello que le dará felicidad, encuentra respuestas que orientan su camino.

 

Ingresaste al seminario a los 17 años. ¿Qué pasó en ese momento de tu vida?

Estaba por ingresar a una carrera de ingeniería y pensaba mudarme a Saltillo para estudiar. Sin embargo, fue precisamente en esa etapa cuando sentí con mayor fuerza el llamado. Comprendí que debía responder con generosidad y decidí entrar al seminario.

 

¿Cómo reaccionó tu familia?

Al principio mis padres no aceptaron con facilidad la decisión. Como cualquier familia, tenían otros planes para mí. Con el paso del tiempo comprendieron que este era mi proyecto de vida y ahora me apoyan por completo. Eso ha sido muy importante para continuar.

 

¿Qué ha significado alejarte de tus hermanos?

Soy el mayor de cuatro hermanos y esa ha sido una de las partes más difíciles. No he podido acompañarlos en muchas etapas de su crecimiento porque paso la mayor parte del tiempo en el seminario. Algunas semanas puedo visitarlos y otras sólo una vez al mes, según las actividades. Esa ausencia pesa, pero también entiendo que forma parte del camino que elegí.

 

¿Cuál ha sido el momento más valioso durante tu formación?

Descubrir que Dios me ama y que tiene un proyecto para mi vida. Entender que cada persona es única y que Dios pensó en nosotros incluso antes de nuestro nacimiento cambia la manera de ver la existencia. Esa certeza fortalece la vocación.

 

¿La formación sacerdotal resulta tan complicada como muchas personas imaginan?

Sí. No es un camino sencillo. Existen momentos de crisis y de duda. A veces uno piensa que tiene 20 años y se pregunta si debería vivir otra etapa de la juventud. Sin embargo, cuando recuerdas el propósito que dio origen a tu decisión, recuperas la fuerza para continuar.

 

¿Cuántos seminaristas logran llegar al sacerdocio?

Dentro del proceso existe un porcentaje importante de personas que deciden tomar otro rumbo. De aproximadamente 50 seminaristas, la tasa de ordenación ronda el 25%, lo que refleja el nivel de exigencia del proceso de discernimiento y formación.

 

¿Qué mensaje enviarías a los jóvenes que sienten inquietud por la vocación?

Que no tengan miedo. Muchas veces el temor impide responder al llamado de Dios. Si alguien siente esa inquietud en su corazón, vale la pena escucharla con valentía y generosidad. Dios siempre conduce hacia la verdadera felicidad.

 

También invitan a actividades para jóvenes en Catedral. ¿Qué encontrarán quienes se acerquen?

La Iglesia no es un lugar triste ni aburrido. Dios es un Dios cercano a los jóvenes. Quienes quieran participar pueden asistir a Vacaciones con Jesús, que iniciará el próximo domingo a las cinco de la tarde en la Catedral de Santiago. También pueden consultar información en las redes sociales del Santo Cristo y de Pastoral Juvenil Catedral.

 

La historia de Eduardo Gabriel Cordero Sánchez refleja una decisión poco común para alguien de su edad. Mientras muchos jóvenes inician una carrera profesional, él eligió un camino de discernimiento espiritual con la convicción de que la vocación no nace del azar, sino de la capacidad para escuchar aquello que, asegura, permanece en silencio dentro del corazón.

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