Deudas, colegiaturas y gastos imprevistos: el dinero que no alcanza y la preocupación que crece en las familias

36.9% de las personas adultas en México reportó un nivel alto de estrés financiero.
El salario llega, pero detrás de cada quincena esperan la despensa, los recibos, las colegiaturas y las deudas. En Monclova, Sabinas y Piedras Negras, ciudadanos describen cómo distribuyen sus ingresos, qué gastos sacrifican y por qué carecer de ahorros para una emergencia puede convertirse en una preocupación constante. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera confirma que la presión económica también afecta el bienestar personal.
El estrés financiero comienza cuando los ingresos no alcanzan

Las cifras nacionales ayudan a dimensionar una preocupación que se vive en los hogares de distintas maneras. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi), publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) en 2024, encontró que 36.9% de las personas adultas en México reportó un nivel alto de estrés financiero. La acumulación de deudas fue motivo de preocupación para 48.4% de los encuestados, mientras que 45.4% señaló la posibilidad de tener que cubrir gastos imprevistos. A su vez, 30.7% reportó consecuencias psicológicas, como problemas para dormir o para comer. Los indicadores muestran que la presión financiera no se limita al saldo de una cuenta bancaria: también involucra la incertidumbre de no saber si el siguiente ingreso alcanzará para cubrir las obligaciones pendientes.
En Monclova, administrar cada peso se convierte en una necesidad

Para José Luis Morquecho, habitante de Monclova, el manejo del dinero comienza con una decisión cotidiana: distinguir entre lo indispensable y aquello que puede esperar. Desde su perspectiva, una parte de las dificultades económicas se relaciona con los hábitos de consumo y la falta de planeación del presupuesto familiar. Considera que incluso un salario limitado puede cubrir las necesidades básicas cuando se distribuye con cuidado, aunque reconoce que eso no significa tener recursos suficientes para adquirir productos o servicios que representan un lujo. Su reflexión pone sobre la mesa un principio de las finanzas personales: elaborar un presupuesto, identificar los gastos fijos y establecer prioridades ayuda a controlar el flujo de efectivo, aunque esa disciplina no elimina las dificultades cuando el ingreso resulta insuficiente frente al costo de vida.
El precio de los alimentos compite con otros gastos del hogar

Morquecho observa una diferencia en la manera en que algunas personas perciben el costo de los productos de consumo cotidiano. Como ejemplo, mencionó que el kilogramo de carne puede superar los 200 pesos, un precio que, desde su perspectiva, dificulta que determinados hogares incorporen ese alimento con frecuencia a su dieta. También cuestionó que ciertos consumidores consideren elevado el costo de los alimentos, mientras mantienen gastos en cerveza, bebidas alcohólicas o cigarros. Su testimonio refleja una discusión habitual sobre el presupuesto doméstico: cuánto dinero se destina a alimentación, cuánto al consumo discrecional y qué gastos pueden reducirse. Sin embargo, las decisiones de compra no explican por sí solas todas las dificultades económicas, pues el poder adquisitivo también depende del nivel salarial, los precios y las obligaciones que cada familia debe cubrir.
En Sabinas, las colegiaturas y una emergencia médica inquietan a las familias

En la Región Carbonífera, la maestra Lupita Meléndez identifica las deudas, las colegiaturas y la falta de ahorros como parte de las preocupaciones que acompañan la administración del dinero en casa. Cuando los gastos cotidianos absorben buena parte de los ingresos, explica, algunas compras deben posponerse hasta recibir la siguiente quincena. La posibilidad de enfrentar una emergencia médica sin contar con recursos disponibles representa una inquietud particular, porque puede obligar a recurrir al crédito, pedir apoyo a familiares o desplazar otros compromisos del presupuesto. Desde una perspectiva financiera, la falta de un fondo de emergencia deja a los hogares con menor capacidad para absorber gastos inesperados sin comprometer el pago de servicios, alimentación o educación. Meléndez también relaciona esta incertidumbre con el estrés y la pérdida de sueño, efectos que coinciden con las consecuencias reportadas en la Ensafi.
En Piedras Negras, las deudas pesan incluso cuando hay ingresos mensuales

El sondeo realizado en Piedras Negras muestra que las preocupaciones financieras no se presentan de la misma manera para todas las familias. Jacqueline Ibarra, de 33 años y madre soltera, señaló que las deudas son el gasto que más le preocupa, aunque considera que su sueldo le permite cubrir las necesidades mensuales. Su inquietud principal es no disponer de ahorros para responder ante una emergencia. Por su parte, Guadalupe Rodríguez, de 37 años y padre de familia, reconoció que sus ingresos no le alcanzan para cubrir todos los gastos del mes, por lo que necesita limitar algunas compras. Ambos identifican las deudas como una carga importante y coinciden en la falta de recursos disponibles para imprevistos, aunque describen situaciones distintas respecto a su capacidad de pago. Sus experiencias muestran por qué tener ingresos regulares no necesariamente equivale a contar con estabilidad financiera: una parte del salario puede estar comprometida antes de llegar a la siguiente quincena.
Ahorrar para una emergencia depende también del margen disponible

Los testimonios de las tres ciudades permiten observar distintas caras de un mismo problema: administrar el dinero cuando existen compromisos que no pueden posponerse. En Monclova aparece el debate sobre los hábitos de consumo y la distribución del presupuesto; en Sabinas, la preocupación por las colegiaturas y los gastos médicos; y en Piedras Negras, el peso de las deudas y la falta de ahorros. Crear un fondo para emergencias puede ayudar a reducir la dependencia del crédito, pero requiere que los ingresos permitan separar una cantidad después de cubrir las necesidades básicas. Cuando el presupuesto está ajustado, la prioridad puede ser identificar los gastos indispensables, revisar las condiciones de las deudas y evitar compromisos que excedan la capacidad de pago. La educación financiera es una herramienta útil, aunque no sustituye la necesidad de contar con ingresos suficientes para afrontar el costo de vida.
La estabilidad económica también se mide en tranquilidad
La Ensafi muestra que las preocupaciones relacionadas con las deudas y los gastos imprevistos alcanzan a una proporción importante de la población adulta mexicana. Los testimonios locales permiten entender cómo esas cifras se traducen en decisiones concretas: reducir compras, esperar a la siguiente quincena, cumplir con las colegiaturas o preguntarse de dónde saldrá el dinero si alguien enferma. En las entrevistas de Piedras Negras, los ciudadanos señalaron que sus preocupaciones no han afectado su tranquilidad ni la convivencia familiar, una precisión importante frente a los indicadores nacionales sobre estrés financiero. La estabilidad económica no depende únicamente de cuánto se gana, también de la capacidad de cubrir obligaciones, enfrentar contingencias y conservar un margen para el futuro. Para muchas familias, el alivio no consiste en gastar más, sino en dejar de sentir que cualquier imprevisto puede desajustar todo el mes.
Con la colaboración de Gilberto Ortiz de Piedras Negras y Alberto Solís de Sabinas.
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