Del acero nació Acerón: un nieto que homenajea a su abuelo y a los obreros de AHMSA

Un adolescente convirtió el acero de AHMSA en una criatura fantástica dedicada a su abuelo, Rodolfo Castillo, exempleado de la siderúrgica, y a todos los obreros que sueñan con volver a ver encendidos los hornos.
Hay historias que nacen de la imaginación pero llevan consigo sentimientos que van mucho más allá de lo que nuestros ojos pueden ver.
En Monclova, donde el acero forma parte de la identidad de miles de familias, un adolescente encontró en un proyecto escolar la manera de expresar algo que muchos comparten, la esperanza de que algún día vuelva a encenderse el fuego de Altos Hornos de México (AHMSA).
Gerardo Emiliano González Villa, alumno de la Secundaria General Número 2 Emiliano Zapata, creó un alebrije al que llamó Acerón. Su cuerpo, envuelto en aluminio para simular el acero, sus alas de murciélago y los rasgos del borrego cimarrón, representativo de Coahuila, cuentan una historia que tiene mucho de nuestra tierra.Pero lo más especial de esta criatura no está solamente en su apariencia, sino en lo que representa.Gerardo se inspiró en su abuelo, Rodolfo Castillo, quien trabajó en AHMSA. Pensó en él al darle vida a su alebrije y quiso dedicarle esta creación, porque sabe que sería muy feliz si pudiera ver nuevamente en funcionamiento la empresa a la que entregó tantos años de su vida.
Es ahí donde Acerón deja de ser solamente un proyecto escolar para convertirse en algo mucho más personal, el homenaje de un nieto a su abuelo y al mismo tiempo, a tantos trabajadores que hicieron de la siderúrgica una parte fundamental de sus vidas.Sus ojos encendidos representan el fuego de los hornos donde el acero cobraba vida. Para Gerardo, esa luz guarda el deseo de que algún día la empresa vuelva a funcionar.
“Nos vigila desde lo más alto, ve cómo la población ha crecido a pesar de las dificultades que se presentan en la empresa”, explica el joven al hablar del significado de su creación.
Acerón está dedicado a los obreros de AHMSA, a quienes encontraron en la siderúrgica una forma de sacar adelante a sus familias y a quienes todavía conservan la esperanza de que la historia de la empresa pueda tener un nuevo capítulo.
La historia de este alebrije comenzó en el salón de clases, como parte del proyecto Alebrijes que dan identidad impulsado por el profesor Héctor Rico en la materia de Formación Cívica y Ética.
La actividad invitó a los estudiantes a mirar hacia su interior, reconocer aquello que los identifica y plasmarlo en una criatura fantástica que representara también su tierra, su región y su país. A través de bocetos, colores y formas, cada alumno dio vida a una creación con un significado propio.Gerardo decidió hacerlo a través del acero, el desierto y una historia familiar que merece ser contada.
Su maestro quedó sorprendido por el significado que logró darle a su obra y decidió compartirla, al reconocer que en aquel alebrije había algo que podía llegar más allá de las paredes de la escuela.Su mamá también participó, ayudándolo a darle estilo. Así, el proyecto cumplió otro de sus propósitos que es reunir a padres e hijos en una actividad donde la creatividad se convierte en una oportunidad para compartir.
Los alebrijes

Los alebrijes nacieron de la imaginación del cartonero Pedro Linares López, en la Ciudad de México, en 1936. Desde entonces, estas criaturas fantásticas se han convertido en una expresión del arte popular mexicano. Hoy, Gerardo retoma esa tradición para contar una historia muy nuestra.Porque en una región donde tantas familias han vivido de cerca las dificultades de AHMSA, el acero no es solamente parte del pasado. También representa los recuerdos, el esfuerzo de quienes trabajaron en la siderúrgica y los deseos de quienes esperan un futuro distinto.Acerón no puede encender los hornos ni cambiar la realidad de una empresa, pero su historia nos recuerda que hay cosas que permanecen vivas incluso en los momentos más difíciles, el orgullo por nuestras raíces, el amor de una familia y la esperanza que pasa de una generación a otra.Gerardo todavía no dimensiona todo lo que representa su creación. Quizá para él comenzó como un proyecto escolar inspirado en su abuelo. Pero en ese cuerpo plateado y en esos ojos que se encienden hay un mensaje que muchos en Monclova pueden sentir como propio.Porque detrás de Acerón hay un nieto que sueña con ver feliz a su abuelo, Rodolfo Castillo, un trabajador que dejó parte de su vida en AHMSA y una región que, pese a las dificultades, conserva la ilusión de volver a ver encendido el fuego de sus hornos.
A veces la esperanza no necesita grandes discursos, basta la imaginación de un joven, el recuerdo de un abuelo y el amor por una tierra para recordarnos que aunque el acero se enfríe los sueños de toda una región pueden seguir encendidos.


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