Cuauh, el guardián de la Escuela Cuauhtémoc que vive para siempre en sus paredes

El perrito ahora forma parte de los altares de muertos que los alumnos colocan cada año en el plantel.
Aunque ya no corre por los pasillos ni se asoma a los salones para escuchar las lecciones, Cuauh sigue presente en la memoria de quienes lo adoptaron como un integrante más de la comunidad escolar. En la Escuela Cuauhtémoc, ubicada en la colonia Obrera Norte de Monclova, su recuerdo vive en una pintura del artista Honer y en los altares de Día de Muertos que cada año le reservan un espacio especial.
Un alumno de cuatro patas que se robó el corazón de todos
Cuauh llegó un día a la escuela y, aunque nadie sabía de dónde venía ni cuál era su raza, pronto encontró un hogar entre estudiantes y maestros. La subdirectora Marta de Hoyos, recordó que el perrito era tan sociable que se metía a los salones y hasta parecía interesado en las clases. Uno de sus lugares favoritos era el aula del profesor Jorge, donde se acomodaba para escuchar las lecciones como cualquier alumno, con la diferencia de que podía terminar paseándose entre los pupitres y poniendo a todos a buscar la manera de sacarlo sin mucho éxito.
Dos años de travesuras, cariño y compañía
Durante aproximadamente 2 años, Cuauh convivió con la comunidad educativa, entraba y salía del plantel con naturalidad y se ganó el cariño de quienes compartían con él la jornada escolar. Era noble, obediente y tan inteligente que saludaba a los maestros y hasta daba la patita. Aunque no tenía un dueño conocido cuando llegó, los integrantes de la escuela se organizaron para cuidarlo, darle alimento y procurarle atención, incluso durante las vacaciones, cuando se ponían de acuerdo con vecinos para que no le faltaran sus croquetas. Más que un visitante, se convirtió en el guardián de la escuela y en un compañero inseparable.

Una despedida que dejó huella en las paredes
La alegría de sus travesuras se transformó en tristeza cuando Cuauh enfermó. Los maestros se organizaron para llevarlo a recibir atención veterinaria, pero descubrieron que padecía una enfermedad terminal y tuvieron que despedirse de él. Lamentablemente aplicaron la eutanasia.
Su partida ocurrió hace aproximadamente 2 o 3 años, aunque el tiempo no ha borrado las anécdotas ni el cariño que dejó. Por iniciativa del profesor Alejandro, surgió la idea de conservar su memoria con una pintura que recordara al perrito tal como era: curioso, entrañable y siempre dispuesto a acompañar a quienes consideraba su familia.
Honer convirtió una fotografía en un recuerdo para siempre
La imagen que inspiró la pintura fue tomada en el salón de segundo año, con el profesor Jorge, cuando Cuauh apoyaba una de sus patitas sobre el escritorio. A partir de esa fotografía, el artista Honer realizó una obra que permanece al interior del plantel y que permite a estudiantes, docentes y visitantes encontrarse con la imagen de aquel compañero de cuatro patas. Su retrato no es solo un adorno en la escuela: es la huella de una historia de cariño que merece seguir contándose, incluso para las nuevas generaciones que no tuvieron la oportunidad de conocerlo.

Un lugar en el altar para quien nunca dejó de ser familia
Cada año, cuando llega el Día de Muertos, Cuauh vuelve a reunirse simbólicamente con la comunidad escolar al formar parte de los altares que se organizan en el plantel, donde colocan su fotografía para honrar su recuerdo. La tradición mantiene viva la historia de aquel perrito criollo que llegó sin invitación, se metió a los salones y terminó conquistando a todos. Porque en esta escuela, las lecciones más importantes no siempre están escritas en los cuadernos: algunas tienen cuatro patas, una mirada noble y una manera muy especial de enseñar que cuidar y querer a los animales también forma parte de la educación.
Una lección de humanidad que también se aprende con las mascotas
La subdirectora Marta de Hoyos destacó que la presencia de Cuauh en la Escuela Cuauhtémoc también representó una oportunidad para enseñar a los alumnos valores que van más allá de los libros, como la empatía, la responsabilidad, la amistad y el respeto por los animales. Explicó que convivir con el perrito ayudaba a los niños a comprender la importancia de cuidar a otros seres vivos, brindarles cariño y actuar con sensibilidad ante sus necesidades. De esta manera, Cuauh dejó una enseñanza que permanece entre las aulas: que la educación también consiste en aprender a querer, proteger y respetar a quienes no pueden expresarse con palabras.

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