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Cinco minutos con Pilar... ¡Que Viva México!

Columna
Ma. del Pilar García Pacheco
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México ha sido famoso por sus Celebraciones Patrias su folklore, música, comida, trajes típicos y mucha fiesta.

Bueno, a eso estaba yo acostumbrada, cuando desde la infancia, de rigor, llegando septiembre, había que adornar la casa, cambiar el color de los cojines de la sala a verde, rojo y blanco. En la escuela, prepararse con las ceremonias cívicas, en donde se recuerdan a los héroes que nos dieron “Patria y Libertad”, y culminar con bailables típicos, como el Jarabe Tapatío, luciendo las faldas de China Poblana y los trajes de charro. Obligado el paseo al Zócalo de la Capital Mexicana, en donde la iluminación de los edificios públicos es impactante. Cada año, la gente se contagia; es común ver a las mujeres de todas clases sociales lucir sus vestidos y rebozos en los restaurantes, por las calles y en los mercados. Hasta uno se siente mal si vas vestido normal. Quienes han visitado esta ciudad y otras como las de los estados de Puebla, Oaxaca y Guadalajara, por ejemplo, pueden constatarlo.

Infinidad de puestos de platillos típicos encontramos en las plazas de las grandes ciudades de nuestro país. Comer pozole no debe faltar en nuestras mesas. Del náhuatl Pozolli, de tlapozonalli, hecho a base de maíz cacahuazintle, se precose por dos horas, hasta que sus granos pierden la cáscara fibrosa que los cubre y cuando hierven se abren como flor.  Pozole blanco, rojo o verde es nutritivo: El maíz contiene hierro, potasio y magnesio, que ayudan en el flujo sanguíneo, la oxigenación de los órganos y a que los nutrientes lleguen a las células, al ser un cereal que contiene además fibra, que ayuda a la digestión.

¡Por favor, no faltes a una celebración de Fiestas Patrias!

Desde niña, mis padres formaban parte del Club de Leones, Lions International Villa de Guadalupe. Y cada año se organizaba la Tradicional Noche Mexicana. Obligatorio que los Señores Leones, Damas Leonas y Cachorros (que éramos los jóvenes y niños) luciéramos atuendos típicos.  

Este tipo de Clubes de Servicio, ayudan al desarrollo de nuestra personalidad; nos enseñaron la importancia de hacer “labor social con actividades en apoyo a la comunidad” y en los eventos de Fiestas Patrias, nos contrataban un Maestro de Danza Folklórica para que presentáramos tres bailables en la Noche Mexicana. En una ocasión fue “La Tortuga del Arenal” del Estado de Chiapas y del Istmo de Tehuantepec. Danza que también aprendió mi amigo, el de Monclova (hoy Marido), que me andaba pretendiendo, y me advertía que a él no le gustaba el baile, que de plano no bailaba… Le argumenté que, para una relación de noviazgo en mi caso, el baile era fundamental, y que si no le gustaba, pues que mejor nos quedáramos siendo “solo amigos”… Pues funcionó… fue mi pareja y hasta descalzo bailó.   Incluidas “Las Alazanas” de Jalisco y “El Jarabe Tapatío”… Tengo fotos para constatarlo. 

En otra ocasión asistimos a la noche mexicana organizada por el Club de Leones, Lions International, Ciudad de México. Ubicado en la calle de Ures, Roma Sur, Delegación Cuauhtémoc. Central de todos los Clubes de Leones y una casa club con salones de fiesta y para sesiones. Todo adornado muy mexicano con cena y baile. Llegado el momento de la ceremonia del grito, y para nuestra sorpresa, todos de pie con honores a la bandera, entra el que fungía como presidente de ese año, alto, con rasgos europeos, y con voz firme, mencionó a cada uno de los héroes y heroínas de la lucha independentista, pero con acento español¡Viva México!, nos sorprendió a todos. ¡Un español, dando el Grito de la Independencia de México!… ¡Vaya, vaya! Y lo dijo todo, de corrido y con mucho orgullo.

Pasaron los años, más celebraciones patrias, y con estas costumbres, pero ya en familia con el hoy Marido y dos hijas, con la ilusión de iniciar una nueva vida en una maravillosa ciudad, como lo es Monclova, Coahuila, llegamos en el año 1997. La Familia Loya García, emocionada, quiso celebrar “La Fiesta de Independencia”. Nos arreglamos, como de costumbre. La niña Alejandra, de 5 años, vestida de Indita, con guarachito y rebozo; Mary Fer, de 8 años, con su vestido de Tehuana, huipil floreado, falda y olán blanco almidonado en la cabeza. Y la que suscribe, como una paloma blanca, vestida de veracruzana, tela de organza con olanes y mandil negro floreado. Mi cabello recogido y claveles rojos de lado. Ah, y el Sr. Marido, haciendo juego conmigo. Pantalón blanco, camisa blanca tipo guayabera, paliacate rojo al cuello y sombrero de palma.

Subimos al auto un Chrysler Lebaron, Modelos 87, que por cierto era prestado. Y emocionados nos dirigimos al centro de Monclova; nos estacionamos en la calle Zaragoza, frente a Librería Patria.

Bajamos del flamante automóvil, como si descendiéramos de un carro alegórico; todo mundo nos miraba; pero muy orgullosos caminamos hacia la plaza, en busca de platillos típicos, iluminación y adornos patrios.

Conforme avanzábamos, sentíamos más miradas curiosas a nuestro alrededor… ¡Nadie vestido como nosotros!… Lo peor, cuando llegamos a la plaza, solo hot dogs y nachos… ni un pozole, o tlayudas, o puestos típicos con artesanías, nada de eso. Ese 15 de septiembre de 1997, la plaza de Monclova, Coahuila, lució como cualquier día entre semana.  Como era tanta la curiosidad de la gente hacia nosotros, nos cohibimos, decidimos mejor regresar a resguardarnos en el auto… Y lo máximo que pudimos hacer fue dar vueltas en el Boulevard Pape.

Pasaron algunos años, y yo compartí esta anécdota en mi programa de radio. Para mi sorpresa, llamó un Sr. a cabina, para decir que recordaba habernos visto en esa ocasión…

Ya pasando el tiempo, las Fiestas Patrias se han llevado con rigor por las diversas administraciones y hasta con pirotecnia.

 Agradezco a la exalcaldesa Mimí Martínez haberme invitado junto con el Profesor Carlos G. Daniel a ser Maestros de Ceremonias en la noche del Grito de Independencia, así como en el desfile del 16 de septiembre, lo mismo con el Lic. Gerardo García Castillo, quien impulsó un programa cultural de arraigo en la ciudad e hizo de los eventos patrios los más lucidos desde entonces; al Restaurante Campanario, por invitarme a dar el Grito de Dolores, vestida de China Poblana, en varias ocasiones.

Les comento que aún conservo mis trajes típicos, como ya mencioné: el de China Poblana con su falda cargada de lentejuelas, el vestido de charra con todo y sombrero, una falda ampona pintada a mano por la Pintora Yolis Menchaca, con la historia de Monclova y una colección de rebozos, que puedo lucir en el escenario, por si alguna administración me vuelve a contratar.

Me despido, haciendo la invitación a festejar nuestra independencia con el orgullo de ser mexicanos.

Compremos la bandera, para la casa o para el auto. En cada esquina, hay vendedores que cada año montan y van cargando a la patria entera.

Hoy y siempre… ¡Que viva México!

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