Blanquita sigue esperando donde su familia ya no está

Acurrucada bajo una mesa, la perrita aguarda fiel en la casa vacía.
Está ahí, sobre la banqueta, con la mirada triste, merodeando por el patio de una casa de la colonia Córdova que ayer quedó en silencio. Es Blanquita, la perrita de la familia que perdió la vida en ese mismo domicilio.
No ladra. No huye. Solo espera.
Se acurruca bajo la mesa donde siempre dormía, su refugio de siempre, como si al quedarse ahí pudiera hacer que todo vuelva a ser como antes.

La casa donde todo cambió.
Ayer, en esa vivienda, Eduardo Alejandro Valadez Rodríguez presuntamente se quitó la vida, pero a su vez se investiga si antes fue responsable de la muerte de su esposa o si esta perdió la vida de formas naturales, Amelia Margarita Orozco Ramírez.
En conclusión las autoridades investigan el caso como un posible feminicidio seguido de suicidio. La escena quedó asegurada, pero dentro quedó ella.

Blanquita era de la dueña, de aquella mujer que la alimentaba a diario, que la acariciaba, según los vecinos. Ella no entiende de investigaciones ni de tragedias. Solo entiende que su familia no ha vuelto y que la casa se siente vacía.

Fiel hasta el final.
Hoy la casa está sola y nadie ha resguardado a la perrita. Sigue ahí, noble y fiel, esperando un cariño, un poco de alimento, una voz conocida. Es el daño colateral más inocente, la que espera a los dueños que nunca llegarán.


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