— Agencias 06/11/2026
La creación y difusión de imágenes íntimas falsas mediante inteligencia artificial (IA), conocidas como deepfakes, representa un problema creciente que afecta a personas de distintos grupos sociales, no únicamente a celebridades o figuras públicas.
Un estudio publicado en el International Journal of Human-Computer Interaction, basado en una encuesta a más de 7,200 adultos de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, encontró que el 7% había experimentado al menos una modalidad de abuso mediante imágenes generadas con IA desde los 18 años. De quienes fueron víctimas, el 87% señaló que la experiencia había tenido consecuencias negativas en su salud, bienestar, relaciones personales, trayectoria profesional o situación económica.
Los investigadores identificaron distintas formas de abuso: más del 4% de los participantes afirmó que alguien había creado imágenes íntimas falsas de ellos, mientras que cerca del 4% indicó que ese contenido se había difundido sin su consentimiento. Casi el 4% también reportó haber recibido amenazas relacionadas con la publicación de imágenes falsas.
El fenómeno no afecta a todos los grupos por igual. Los hombres, las personas menores de 35 años, quienes pertenecen a minorías raciales o étnicas y las personas con discapacidad registraron mayores tasas de victimización. En particular, más del 10% de los hombres afirmó que alguien había creado imágenes utilizando su apariencia, frente a menos del 4% de las mujeres.
Sin embargo, las mujeres reportaron consecuencias emocionales más intensas. El 88% reaccionó negativamente ante las imágenes falsas, en comparación con el 71% de los hombres. También manifestaron con mayor frecuencia sentimientos de depresión (43% frente a 26%), temor por su seguridad (42% frente a 18%) y tristeza (33% frente a 11%).
Respecto a la identidad de los responsables, el 56% de las víctimas señaló que se trataba de personas a quienes únicamente conocían por internet; el 30% había tenido contacto presencial con ellas y el 14% desconocía quién había creado el contenido.
Entre las medidas adoptadas por las víctimas estuvieron bloquear al responsable (69%), denunciar el contenido ante la plataforma (57%), conservar pruebas del abuso (55%), confrontar al autor por internet (55%) y solicitar la eliminación de las imágenes (53%). Además, aproximadamente la mitad eliminó sus cuentas de redes sociales o modificó sus opciones de privacidad.
Nicola Henry, investigadora principal del estudio y profesora de la RMIT University, advirtió que las cifras podrían representar solo una parte del problema, ya que algunas personas quizá nunca descubran que existen imágenes falsas de ellas o que estas han sido compartidas.
Los investigadores consideran que las plataformas tecnológicas deben asumir una mayor responsabilidad en la prevención de estos abusos, en lugar de depender exclusivamente de las denuncias de las víctimas. También destacan la importancia de fortalecer la educación digital, ofrecer apoyo accesible a las personas afectadas e incorporar medidas de seguridad desde el desarrollo de las herramientas de inteligencia artificial.
El estudio aporta evidencia de que los deepfakes sexuales no consentidos constituyen un problema que puede afectar la seguridad, la salud mental y la vida cotidiana de personas de diferentes edades y contextos sociales.
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