9 estructuras del cerebro: sus funciones y qué ocurre cuando se dañan

— Agencias 03/11/2026

El cerebro coordina prácticamente todas las actividades del organismo: desde recordar información y reconocer rostros hasta controlar los movimientos, regular las emociones y mantener funciones vitales como la respiración. Para realizar estas tareas, distintas regiones cerebrales trabajan de manera coordinada y cumplen funciones especializadas.

Cuando una lesión, enfermedad o alteración afecta alguna de estas estructuras, pueden aparecer cambios en la memoria, el lenguaje, la percepción, la personalidad y el comportamiento. Estas son nueve regiones fundamentales y las consecuencias que pueden surgir cuando su funcionamiento se ve comprometido.

1. Lóbulo frontal y corteza prefrontal: decisiones, planificación y personalidad

El lóbulo frontal participa en funciones cognitivas complejas, como el razonamiento, la planificación, la toma de decisiones, el control de impulsos y la producción del lenguaje.

En su región anterior se encuentra la corteza prefrontal, que ayuda a organizar conductas, anticipar consecuencias y regular las respuestas emocionales. Algunas de sus funciones continúan madurando durante la adolescencia y los primeros años de la adultez.

Cuando esta región sufre daños, pueden presentarse dificultades para organizar actividades, controlar impulsos, tomar decisiones y regular el comportamiento. También pueden aparecer cambios en la personalidad y desinhibición.

Un caso histórico que permitió comprender mejor estas funciones fue el de Phineas Gage, quien sobrevivió a una lesión cerebral penetrante que afectó regiones frontales y posteriormente presentó cambios importantes en su conducta.

2. Lóbulo parietal: percepción corporal y orientación espacial

Situado en la región superior y posterior de la corteza cerebral, el lóbulo parietal integra información sensorial relacionada con el tacto, la presión, el dolor, la temperatura y la posición del cuerpo.

También participa en la orientación espacial y en actividades que requieren coordinación entre la percepción y el movimiento, además de intervenir en determinadas habilidades matemáticas.

Cuando se lesiona, pueden aparecer dificultades para reconocer estímulos, calcular distancias o realizar actividades cotidianas. Una alteración característica es la negligencia espacial, que puede presentarse después de un accidente cerebrovascular, especialmente cuando se afecta el hemisferio derecho.

En estos casos, la persona puede dejar de prestar atención a una parte del espacio que la rodea. Por ejemplo, podría comer únicamente los alimentos ubicados en la mitad derecha de su plato.

3. Lóbulo occipital: procesamiento de la información visual

El lóbulo occipital se encuentra en la parte posterior del cerebro y es esencial para procesar la información visual que llega desde los ojos.

Sus distintas regiones participan en la interpretación de colores, formas, movimiento y otros elementos que permiten reconocer el entorno.

Una lesión en esta zona puede provocar alteraciones visuales de origen cerebral, incluso cuando los ojos funcionan correctamente. Entre ellas se encuentra la acromatopsia cerebral, que ocasiona una pérdida de la percepción normal de los colores y puede hacer que el entorno parezca estar en blanco y negro.

Otra alteración es la prosopagnosia, caracterizada por la dificultad para reconocer rostros conocidos. Esta condición se relaciona principalmente con redes de procesamiento visual distribuidas, especialmente en regiones occipitotemporales.

4. Lóbulo temporal: memoria, sonidos y comprensión del lenguaje

Los lóbulos temporales se encuentran a ambos lados del cerebro, aproximadamente detrás de las sienes. Participan en el procesamiento de sonidos, la comprensión del lenguaje, el reconocimiento de objetos y rostros, y distintos procesos relacionados con la memoria.

En el hemisferio dominante, que generalmente es el izquierdo, existen redes fundamentales para comprender el significado de las palabras.

Cuando se afectan regiones relacionadas con el área de Wernicke, puede aparecer una afasia caracterizada por un habla fluida, pero con frases difíciles de comprender, además de dificultades para interpretar el lenguaje escuchado.

Las lesiones temporales también pueden ocasionar alteraciones de la memoria, crisis epilépticas y experiencias perceptivas inusuales.

5. Cerebelo: coordinación, equilibrio y precisión de los movimientos

El cerebelo se localiza en la parte posterior e inferior del encéfalo. Aunque representa aproximadamente el 10 % de su volumen, contiene una proporción considerable de las neuronas del sistema nervioso.

Su función principal es coordinar los movimientos, mantener el equilibrio, regular la postura y ajustar la precisión de las acciones. También participa en el aprendizaje motor, que permite perfeccionar movimientos mediante la práctica.

Cuando se lesiona, puede aparecer ataxia cerebelosa, una alteración caracterizada por movimientos descoordinados, marcha inestable, dificultad para realizar actividades que requieren precisión y problemas para articular palabras.

La fuerza muscular puede mantenerse relativamente conservada, pero los movimientos pierden precisión y fluidez. La persona generalmente permanece consciente de sus dificultades.

6. Tronco encefálico: control de funciones vitales

El tronco encefálico conecta el cerebro con la médula espinal y participa en la regulación de funciones automáticas indispensables para la supervivencia.

Está integrado por tres estructuras:

Mesencéfalo: participa en los movimientos oculares, los reflejos visuales y auditivos, y el control motor.

Puente o protuberancia: interviene en la regulación de la respiración, el sueño y la comunicación entre distintas regiones del sistema nervioso.

Bulbo raquídeo: contiene centros fundamentales para regular la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de participar en la deglución y otros reflejos.

Una lesión grave puede provocar alteraciones respiratorias, dificultades para tragar, parálisis y pérdida de conciencia, dependiendo de su ubicación y extensión.

Es importante distinguir el daño del tronco encefálico de los trastornos de conciencia, ya que condiciones como el síndrome de vigilia sin respuesta no se definen simplemente por una lesión de la corteza cerebral con el tronco encefálico conservado.

7. Amígdala: emociones y reconocimiento de amenazas

La amígdala es un conjunto de núcleos situados en profundidad dentro de los lóbulos temporales. Participa en el procesamiento emocional, especialmente en la detección de amenazas, el aprendizaje emocional y la formación de recuerdos asociados con experiencias intensas.

No funciona exclusivamente como un centro del miedo, sino que interactúa con otras regiones cerebrales para interpretar situaciones y preparar respuestas adecuadas.

Cuando ambas amígdalas presentan daños importantes, pueden aparecer dificultades para reconocer señales de peligro y responder ante situaciones amenazantes.

Un caso conocido es el de una paciente identificada como SM, quien padecía la enfermedad de Urbach-Wiethe y mostró una capacidad inusualmente reducida para experimentar miedo ante determinadas amenazas.

8. Hipocampo: formación de recuerdos y orientación espacial

El hipocampo es una estructura localizada en el interior de los lóbulos temporales y desempeña un papel esencial en la formación de nuevos recuerdos y la navegación espacial.

Participa en la consolidación de experiencias para que puedan almacenarse y recuperarse posteriormente.

Cuando sufre daños, puede aparecer amnesia anterógrada, que consiste en la dificultad o incapacidad para formar nuevos recuerdos duraderos.

Uno de los casos más conocidos fue el de Henry Molaison, identificado durante décadas como H. M., quien desarrolló graves alteraciones de la memoria después de una cirugía cerebral realizada en 1953 para tratar su epilepsia.

El hipocampo también suele verse afectado en etapas tempranas de la enfermedad de Alzheimer, aunque esta enfermedad neurodegenerativa compromete progresivamente muchas otras regiones cerebrales.

9. Hipotálamo: hambre, sed, temperatura y equilibrio hormonal

El hipotálamo es una pequeña estructura situada en la base del cerebro que desempeña un papel fundamental en la homeostasis, es decir, el mantenimiento del equilibrio interno del organismo.

Participa en la regulación del hambre, la sed, la temperatura corporal, el sueño y distintas respuestas hormonales mediante su conexión con la hipófisis. También interviene en funciones relacionadas con la reproducción y el comportamiento.

Cuando se lesiona, pueden aparecer alteraciones del apetito, cambios de peso, dificultades para regular la temperatura corporal y trastornos hormonales.

Algunas lesiones pueden provocar hiperfagia, caracterizada por un aumento excesivo del apetito, mientras que otras ocasionan pérdida de apetito o dificultades para mantener el equilibrio de líquidos y energía.

¿Por qué es importante conocer las funciones del cerebro?

Aunque cada estructura cerebral tiene funciones particulares, ninguna trabaja de manera completamente aislada. La memoria, el lenguaje, las emociones y el movimiento dependen de redes que conectan distintas regiones del sistema nervioso.

Por esta razón, una misma lesión puede producir manifestaciones diferentes dependiendo de su localización, extensión y gravedad, así como de las características de cada persona.

Conocer estas estructuras permite comprender mejor cómo se manifiestan algunas enfermedades neurológicas y por qué una lesión cerebral puede afectar no solo las capacidades físicas, sino también la conducta, las emociones y la autonomía de una persona.

 

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