— Agencias 01/11/2026
El origen de las proteínas que consumen los hombres podría estar relacionado con algunas variaciones en sus concentraciones hormonales.
Así lo sugiere un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista International Journal of Food Sciences and Nutrition, que encontró asociaciones diferentes entre la ingesta de proteína animal y vegetal y los niveles de testosterona y globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG).
La investigación, realizada por científicos de la Universidad del Este de Finlandia y otras instituciones, incluyó a 2,546 hombres de entre 42 y 60 años. Los resultados mostraron que un mayor consumo de proteína animal se relacionaba con concentraciones más bajas de testosterona total y SHBG. En contraste, una mayor ingesta de proteína vegetal se asociaba con niveles más elevados de ambas sustancias.
Sin embargo, las diferencias observadas fueron pequeñas y el diseño del estudio no permite demostrar una relación de causa y efecto. Por ello, los hallazgos no significan que la carne o los lácteos reduzcan directamente la testosterona, ni que sustituirlos por alimentos vegetales aumente esta hormona.
¿Qué encontró la investigación sobre las proteínas y la testosterona?
Los investigadores utilizaron datos del Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study, un estudio realizado con hombres residentes en el este de Finlandia.
La alimentación de los participantes se evaluó mediante registros de consumo durante cuatro días, recopilados entre 1984 y 1989. Además, se analizaron muestras sanguíneas para determinar sus concentraciones de testosterona total y SHBG.
Al comparar los grupos con mayor y menor consumo de proteína animal, se observó que quienes tenían una ingesta más elevada presentaban, en promedio, 1.2 nanomoles por litro menos de testosterona total.
Por el contrario, los hombres que consumían más proteína vegetal registraban concentraciones de testosterona aproximadamente 1.1 nanomoles por litro superiores a las del grupo con menor ingesta.
También se identificaron diferencias en la SHBG:
Una mayor ingesta de proteína animal se relacionó con concentraciones 3.0 nanomoles por litro menores.
Un consumo más elevado de proteína vegetal se asoció con niveles 3.0 nanomoles por litro superiores.
Estas cifras representan diferencias promedio entre los grupos de consumo más alto y más bajo. No indican cuánto cambiarían las hormonas de una persona si modificara su alimentación.
¿Qué fuentes de proteína mostraron asociaciones diferentes?
El análisis también encontró variaciones según el origen de la proteína animal.
La proteína procedente de los lácteos mostró una asociación más clara con concentraciones menores de testosterona total y SHBG. Sin embargo, esto no demuestra que consumir leche, queso o yogur provoque una disminución hormonal.
En cuanto a la proteína de la carne, se observó una relación con niveles más bajos de SHBG, pero no se encontró la misma asociación con la testosterona total.
Por otro lado, una mayor ingesta de proteína vegetal procedente de verduras y de fuentes distintas de los cereales se relacionó con concentraciones más elevadas de testosterona total.
En conjunto, los resultados sugieren que las distintas fuentes de proteína pueden presentar asociaciones diferentes con los indicadores hormonales. No obstante, no permiten identificar un alimento específico como responsable de modificar la producción de testosterona.
¿Qué es la SHBG y por qué importa al evaluar la testosterona?
La globulina fijadora de hormonas sexuales, conocida como SHBG, es una proteína producida principalmente en el hígado. Su función es transportar hormonas sexuales por la sangre, incluida la testosterona.
En el organismo, una parte de la testosterona circula unida a la SHBG, mientras que otra se encuentra libre o vinculada a proteínas como la albúmina. Por esta razón, los niveles de SHBG influyen en la interpretación de la testosterona total y de la fracción libre.
Cuando la SHBG disminuye, la testosterona total también puede ser menor sin que la testosterona libre se reduzca necesariamente en la misma proporción. Por tanto, una concentración baja de SHBG no significa automáticamente que exista una menor cantidad de testosterona disponible para los tejidos.
Los investigadores también analizaron asociaciones con la testosterona libre. Encontraron una relación inversa entre la proporción de proteína animal respecto a la vegetal y este indicador. En cambio, la proteína vegetal procedente de fuentes distintas de los cereales mostró una asociación positiva.
Estos resultados destacan la importancia de considerar varios indicadores hormonales y no interpretar la testosterona total de manera aislada.
¿Consumir proteína animal reduce la testosterona?
El estudio no demuestra que una dieta rica en proteína animal provoque una disminución de la testosterona. Se trató de una investigación transversal, por lo que evaluó la alimentación y las concentraciones hormonales sin establecer qué fenómeno ocurrió primero.
Los investigadores consideraron características de los participantes como la edad, el índice de masa corporal, la alimentación y distintos factores relacionados con el estilo de vida y la salud. Aun así, no se puede descartar la influencia de variables que no fueron evaluadas por completo.
También es posible que las asociaciones estén relacionadas con otros componentes de la dieta o con las características metabólicas de los participantes.
El autor principal, Miika Wynne-Ellis, señaló que las diferencias fueron estadísticamente significativas, pero pequeñas, y que todavía no se conoce si tienen consecuencias relevantes para la salud.
Por ello, los resultados no justifican eliminar la carne o los productos lácteos con el propósito de aumentar la testosterona.
¿Qué otros factores pueden influir en la testosterona masculina?
La testosterona participa en diversas funciones del organismo, como el mantenimiento de la masa muscular, la salud ósea y la función sexual.
Sus concentraciones pueden variar por diferentes factores, entre ellos:
La edad y los cambios hormonales asociados con el envejecimiento.
El peso corporal y la composición del organismo.
La calidad y duración del sueño.
El estado general de salud y la presencia de determinadas enfermedades.
Algunos medicamentos y tratamientos médicos.
La evolución hormonal no es igual en todos los hombres. Por ello, no debe asumirse que todos experimentarán la misma disminución de testosterona después de los 40 años.
Cuando aparecen síntomas persistentes como disminución del deseo sexual, pérdida de fuerza, fatiga o alteraciones de la función eréctil, conviene solicitar una valoración médica. El diagnóstico de testosterona baja requiere considerar las manifestaciones clínicas y confirmar los niveles hormonales mediante pruebas apropiadas.
¿Qué significa este hallazgo para los hombres mexicanos?
Aunque la investigación se realizó en Finlandia, sus resultados aportan información sobre la posible relación entre las fuentes de proteína y algunos indicadores de salud hormonal. Sin embargo, no pueden extrapolarse automáticamente a la población mexicana.
En México existen diversas fuentes vegetales de proteína que pueden formar parte de una alimentación equilibrada, como frijoles, lentejas, garbanzos, semillas y frutos secos. También pueden incluirse alimentos de origen animal, de acuerdo con las necesidades nutricionales y preferencias individuales.
El estudio no demuestra que eliminar la carne o los lácteos mejore los niveles de testosterona. Tampoco confirma que incrementar el consumo de legumbres, verduras o semillas produzca un aumento hormonal.
Sus resultados plantean la necesidad de investigar con mayor profundidad cómo los diferentes patrones alimentarios se relacionan con la salud masculina.
¿Conviene modificar el consumo de proteína para cuidar la testosterona?
La investigación no establece una cantidad ideal de proteína animal o vegetal para mantener concentraciones adecuadas de testosterona. Tampoco identifica una dieta capaz de prevenir una disminución hormonal relacionada con la edad.
Por ahora, lo recomendable es mantener una alimentación variada que aporte suficiente proteína y otros nutrientes, sin depender exclusivamente de un solo grupo de alimentos.
Las necesidades proteicas pueden cambiar según la edad, el peso, la actividad física y el estado de salud. Las personas que buscan aumentar su masa muscular o tienen requerimientos nutricionales específicos pueden beneficiarse de una orientación individualizada.
En conclusión, el estudio encontró asociaciones distintas entre el consumo de proteína animal y vegetal y las concentraciones de testosterona y SHBG en hombres de mediana edad. Sin embargo, las diferencias fueron pequeñas y no demuestran que modificar el origen de la proteína cambie directamente la producción hormonal.
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