— Agencias 30/10/2026
La temporada de influenza comenzó antes de lo habitual en Estados Unidos, impulsada por una variante del virus H1N1 que se ha propagado inicialmente en algunos estados de la costa del Pacífico.
Este comportamiento ha llamado la atención de los especialistas, ya que muchas personas todavía no habían considerado aplicarse la vacuna anual.
De acuerdo con el doctor Alex Greninger, jefe de la División de Diagnóstico de Enfermedades Infecciosas del Departamento de Medicina de Laboratorio de la Universidad de Washington, la temporada comenzó aproximadamente dos meses y medio antes de lo esperado y siguió una distribución geográfica poco habitual.
Tradicionalmente, la circulación de influenza aumenta primero en el sur del país y posteriormente se extiende hacia el norte durante el otoño y el invierno. En ciudades como Seattle, los mayores niveles de actividad suelen registrarse entre finales de diciembre y febrero.
Sin embargo, este año algunas regiones comenzaron a presentar cifras de contagios propias de los meses de invierno desde octubre.
Aumentan los resultados positivos en las pruebas de influenza
En el estado de Washington, aproximadamente una de cada diez personas sometidas a pruebas de influenza obtuvo un resultado positivo durante la semana previa al reporte. Greninger señaló que estos niveles suelen observarse en enero, lo que refleja el adelanto de la actividad viral.
A escala nacional, la cadena Walgreens también reportó un incremento en la dispensación de medicamentos antivirales y productos para tratar la tos y el resfriado en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Por otra parte, cerca del 2.1% de las consultas médicas correspondieron a enfermedades con síntomas similares a los de la gripe. Aunque este indicador mostraba un aumento de la actividad respiratoria, todavía permanecía por debajo del nivel basal nacional establecido por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
La epidemióloga Caitlin Rivers, de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, explicó que el incremento comenzó en los estados de la región del Pacífico y posteriormente se extendió hacia el este, con aumentos de actividad en distintas zonas del país.
En Arizona, California, Hawái y Nevada, al menos el 10% de las pruebas de influenza resultaron positivas durante la semana analizada. El sur de Estados Unidos también comenzaba a acercarse a esos niveles.
Una variante de H1N1 con una mutación genética
Los especialistas identificaron al virus H1N1 como el principal responsable de esta oleada de contagios. Se trata de una variante relacionada con el virus que provocó la pandemia de influenza de 2009.
Según Greninger, aproximadamente el 98% de las muestras recibidas en su laboratorio correspondían a este subtipo.
Una de las características que ha llamado la atención de los investigadores es la presencia de una mutación genética denominada G155E, que podría facilitar que el virus evada parcialmente la respuesta inmunitaria.
Esta variante también ha provocado un incremento de casos en Japón, donde se reportaron cierres de escuelas y guarderías ante la rápida propagación de la enfermedad entre los menores. Las autoridades sanitarias de ese país también adelantaron sus campañas de vacunación.
La mutación apareció después de que se seleccionaran las cepas que integrarían las vacunas contra la influenza de esta temporada. Por ello, aunque las formulaciones incluyen una versión de H1N1, podría existir una reducción de su capacidad para reconocer completamente a la variante circulante.
No obstante, esto no significa que la vacuna haya perdido toda su utilidad: todavía puede ofrecer protección frente a formas graves de la enfermedad y sus complicaciones.
Los especialistas recomiendan vacunarse cuanto antes
Ante el adelanto de la temporada, los expertos recomiendan no retrasar la vacunación. Aunque habitualmente se aconseja recibirla antes de finalizar octubre para contar con protección durante los meses de mayor circulación viral, este año la actividad comenzó antes de lo esperado.
Greninger señaló que muchas personas suelen esperar hasta finales de octubre para vacunarse, pero considera que, dadas las condiciones actuales, lo conveniente es hacerlo lo antes posible.
Rivers también expresó preocupación por el momento en que la población suele iniciar la inmunización, ya que muchas personas no consideran necesario vacunarse cuando todavía no perciben una circulación importante del virus.
Nuevas tecnologías podrían acelerar el desarrollo de vacunas
La pandemia de COVID-19 impulsó herramientas que permiten identificar y seguir las mutaciones de los virus con mayor rapidez. Según Greninger, la secuenciación genética facilita conocer qué variantes están circulando y detectar cambios que podrían modificar su comportamiento.
Las vacunas contra la influenza se diseñan con varios meses de anticipación para que puedan producirse y distribuirse antes de cada temporada. En Estados Unidos, una parte importante todavía se fabrica mediante tecnología basada en huevos de gallina, un método que continúa utilizándose por sus ventajas económicas.
También existen alternativas que emplean tecnología de ARN mensajero (ARNm), la cual podría facilitar una adaptación más rápida de las formulaciones ante la aparición de nuevas variantes. Sin embargo, su posible expansión dependerá de factores como la eficacia, la producción y los costos.
¿Podría haber una segunda oleada de contagios?
Aunque todavía es temprano para determinar la gravedad que tendrá la temporada, Greninger no descarta que se produzca una segunda oleada después del punto máximo de circulación de H1N1.
El comportamiento del virus durante los próximos meses dependerá de su evolución, la respuesta inmunitaria de la población y la circulación de otros subtipos de influenza.
En conclusión, el adelanto de la temporada y la aparición de una variante con cambios genéticos refuerzan la importancia de la vigilancia epidemiológica y la vacunación oportuna. Aunque las vacunas pueden no coincidir perfectamente con todas las variantes circulantes, continúan siendo una herramienta fundamental para reducir el riesgo de complicaciones asociadas con la influenza.
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