¡Hay fuego en la pista!... La noche que el diablo bailó en el J & G

— Edith Gámez 31/10/2026

¡Música, maestro! La discotheque que marcó una época en Monclova y la Región Centro de Coahuila guarda una leyenda terrorífica iluminada con luces reflejadas por la bola de espejos, pero fuera de todo eso fue un tiempo glorioso de diversión sana.

Por: Néstor Jiménez, historiador y cronista de la Región Centro de Coahuila.

“¿Bailamos?”, preguntó aquel joven rubio y de cuerpo atlético a la chica que disfrutaba del ambiente disco de finales de los años setenta durante un baile con motivo de la noche de brujas.

Ella levantó la vista y observó al “Adonis” y no dudó ni siquiera un segundo en aceptar “quemar suela” en la pista mientras se escuchaban los éxitos del momento como “Off the Wall” de Michael Jackson o las pegajosas melodías de los Bee Gees.

Desde las nueve de la noche, la taquilla de la disco en el centro de Monclova no se daba abasto, era tanta la necesidad de la juventud de pasar un rato agradable disfrutando de sus canciones favoritas.

La pista estaba a reventar, tenía satisfechos a los dueños por “el pegue” que tuvo su concepto en los chicos y chicas que cada fin de semana no se perdían un baile.

Tras disfrutar del momento a más de dos melodías, la jovencita decidió regresar al asiento acompañada por el galán, despertando la envidia de sus amigas presumiendo lo que acababa de conocer.

Faltaban cuatro días para el Halloween y ese 27 de octubre de 1979 (algunos, como Luis Cadena, aseguran que fue el 26 de octubre de 1985) pasaría a la historia en nuestra ciudad.

En medio de la oscuridad y los juegos de luces que la disipaban por segundos, ambos platicaron y degustaban una bebida. Los penetrantes ojos del chico hacían estremecer hasta el alma de la incauta.

En tanto, al más puro estilo de John Travolta en la película “Fiebre del sábado por la noche”, estrenada en 1977, Gonzalo Robledo González, mejor conocido como “El Acapulco”, hacía derretir a las chicas y ponía la muestra en el baile a sus seguidores entre gritos de emoción al momento que le abrían la pista y la bola de espejos ponía el sabor, además del intenso olor a lavanda.

Y cómo sucede siempre en estos casos, las doce de la noche habían sonado y por alguna razón la muchacha tuvo que agacharse, hay quienes aseguran porque se le cayó una cadenita con un Cristo y otros un arete.

Fue en ese momento que descubrió que su guapo y fino pretendiente… ¡Tenía una pata de gallo y pezuña de cabra! Presa de pánico lo observó descubriendo que era un demonio que se carcajeaba y en el acto desapareció. La joven se desmayó y despertó gritando que había bailado con el diablo y se dejó sentir un tufo a azufre.

La tradición oral se encargó de fomentar la extraña historia que sigue presente y constituye una de las leyendas más famosas de Monclova y la región.

Tras el rumor sin evidencias del diablo bailarín se encuentra el ¡BOOM! que representó toda una época de diversión sana que muy difícil se puede encontrar hoy en día.

El nombre de la discotheque usted seguramente lo conoce, pues forma parte de la historia moderna de la capital del acero, la región y nuestro estado. Posiblemente llegó a bailar en la pista de lo que era el… ¡J & G!

DOS AMIGOS EMPRENDEDORES

Javier y Gastón no perdían los eventos que se organizaban en los salones Club de Leones y “Tersicore”, este último ubicado en lo que hoy es la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Monclova.

Estaba de moda la canción "Disco Inferno", lanzada en diciembre de 1976, y en nuestra ciudad abarrotaba “Bulldog”, proveniente de Monterrey. El par de jovencitos se deleitaban escuchando la música, pero lo que les llamaba más la atención eran los equipos de sonido.

Javier Valadéz Ramos nació un 31 de diciembre de 1957 y fue precisamente en esos eventos donde conoció a Gastón Zertuche Acha; el primero estudiaba en la Prepa 24 (la primera generación de tres años en el ciclo 73-76) y el segundo en el Instituto Central Coahuila.

Ambos perseguían el mismo sueño de emprender un negocio y comenzaron a formar un grupo de cintas al que llamaron “Light and Sound” (luces y sonido) y se dedicaban a amenizar eventos sociales.

“Es que nos preguntamos… ¿Por qué tienen que venir de otras partes de México si nosotros lo podemos hacer aquí?”, dijo Valadéz Ramos al ser entrevistado en su negocio del sur de Monclova.

Tenían cerca de 21 años y decidieron registrarse para tener establecido su proyecto, pero se toparon con escollos que representaban los sindicatos de músicos, permisos, entre otras cosas, que al final desistieron.

Tras años de seguir con la renta de su show de luces y sonido se enteraron del éxito del legendario “Studio 54” en Nueva York, que se convirtió en el templo de la música disco.

Y la nueva idea se les vino a la mente: formar una discotheque en Monclova que tuviera infinidad de innovaciones para atraer a la juventud y disfrutaran de los hits del momento.

“En la cochera de la casa de mi padre en la colonia Los Pinos hicimos un taller donde fabricamos todo el mobiliario, desde mesitas hasta sillas, la barra… ¡Todo!”, expresó Javier.

Tuvieron que pedir dinero prestado y con un capital de siete mil pesos se decidieron a emprender la aventura buscando el local adecuado y lo encontraron en el edificio que hoy alberga la Dirección de Seguridad Pública Municipal en la calle Hidalgo con Pípila.

A un lado estaban el salón de baile "Tersicore" y el bar “El Social”; cruzando la cuadra era el Centro de Readaptación Social, edificio que reunía los Ministerios Públicos, policías preventivas y judicial, actualmente la Delegación Regional de la Fiscalía General del Estado.

El logotipo se realizó con Calcomanías Peralta y el concepto lo registraron como “J & G”, que son las siglas de Javier y Gastón, instalando el conocido anuncio luminoso fabricado por Miguel Villarreal.

Todo estaba listo, parecía que la suerte estaba de su lado y tenían que aprovecharla hasta el último momento, pues era ya un proyecto que nadie pararía.

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Y el ansiado día llegó durante la administración del presidente municipal José Dimas Galindo Villarreal, fue un viernes 24 de noviembre de 1978 cuando se llevó a cabo la inauguración de la disco con más arraigo entre la juventud monclovense.

Sin embargo, fue hasta el sábado 25 cuando se abrieron las puertas al público con la mejor música de los artistas del momento como Donna Summers, Village People, Bee Gees, entre otros grandes de ese género.

El local tenía capacidad para mil 200 personas, en la taquilla estaba siempre José Luis Facundo “El Sabritas”, en la puerta los policías auxiliares “Payo y Coque”, prestados por Seguridad Pública, y un cuerpo de seguridad amplio, entre ellos Nacho Limón, Tony Pérez y Dino Sidney Martínez, José “La Morsa” Martínez, Víctor “El Apache” Zamora, Alfonso González, Julio Hernández, Carlos “El Silicon” Gaytán, entre otros, y Sergio Ruiz en el guardarropa.

La música fue confiada al primer Disc Jockey que tuvieron, Luis Miguel González (posteriormente, de acuerdo a información de Luis Cadena, lo fue el Chirris). Desde el primer día fue un cañonazo. Cuando iniciaron solo estaba la disco Lellip´se.

Organizaron muy bien sus eventos, pues aparte de los sábados que era exclusivo de la disco, se rentaban los viernes para fiestas de escuelas o quinceañeras.

“Fuimos pioneros en el concepto de las tardeadas los domingos, pero tardamos como cinco meses en que la gente se acostumbrara a ellas y luego también tuvieron mucho éxito”, explicó Javier.

Gastón Zertuche y su amigo siempre estaban innovando, fueron los primeros en contar con una pantalla gigante que le daba un ambiente más sofisticado al ritmo de las bolas de espejo.

Sus inicios en el esfuerzo de picar piedra vieron sus frutos, pues poco a poco fueron sumamente solicitados para eventos… a golpes y porrazos fueron creciendo. Realizaban obras de beneficencia para los cuerpos de rescate, principalmente Bomberos y Cruz Roja.

Apoyaron equipos de fútbol y béisbol demostrando que ambos estaban abiertos siempre a tender la ayuda por una noble causa.

Como todo, los pleitos no pudieron faltar, pues un lugar de esparcimiento sin problemas de bronca no es considerado como tal. Eran los tiempos de las pandillas, entre ellas “La China Town” de la colonia Obrera o “los Cholos” de la calle Jesús Silva, pero la cercanía con la policía era una garantía de seguridad total.

Acudían regularmente a Estados Unidos para adquirir novedades musicales y en más de una ocasión se quedaban sin dinero por comprar cosas en “Treviño Music” que terminaban por regresar de "aventón".

En aquellos años se transmitía los sábados en horario estelar de 8 a 10 de la noche el programa televisivo “Fiebre del 2”, conducido por Fito Girón y Chela Branniff, donde se realizan concursos. El mismo método lo utilizaron Gastón y Javier convocando a los bailarines que demostraran sus talentos.

Los ganadores eran enviados a la Ciudad de México a participar en el programa y otros eran presentados en el “J & G”. Además, los maratones de baile eran épicos, hubo concursantes que duraban hasta… ¡72 horas quemando suela!

"Enviamos a los DJ's a capacitarse a Acapulco, íbamos a la vanguardia siempre", dijo Gastón Zertuche.

Los trajes de poliéster blanco, la camisa de seda negra y zapatos de tacón grueso era la indumentaria de aquellos que imitaban a Travolta, entre los más distinguidos de nuestra ciudad, “El Acapulco” Robledo.

Contrario a otros establecimientos, la barra no era el negocio, sino la taquilla, la gente solo quería divertirse. No faltaban los borrachitos, pero eso pasaba a segundo plano.

"Las colas para entrar eran inmensas", mencionó Zertuche Acha.

“El rumor del famoso diablo no sabemos de dónde salió ni cómo inició, pero nos dio mucha publicidad al grado que todavía se acuerden de eso, no podemos desmentir o asegurar algo que nunca existió”, aclaró Valadéz Ramos al referirse a la leyenda del "J&G".

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Octubre

EL FIN DE UNA ÉPOCA SIN IGUAL

La discotheque “J & G” tuvo fuerte influencia en la juventud de finales de los setenta, toda la década de los ochenta y principios de los noventa, donde inició su declive.

No había distinción de estatus sociales, pero tampoco se deformaba la diversión. Todos disfrutaban de la mejor música que era hasta ese entonces el género disco y los derivados que surgieron.

Al menos en Estados Unidos esta música comenzó su quiebre al aparecer otros ritmos y la rivalidad que existía con el rock, siendo representativa la quema de discos el 12 de julio de 1979 en el Estadio “Comiskey Park” de Chicago. Para mediados de los 80, las disqueras ya no estaban interesadas en producir el género. Sin embargo, aun así se mantenía en México la corriente y en el caso de Monclova “El J & G” seguía en su apogeo, pues ahí nacieron ballets coreográficos; sí se acoplaron a la moda musical de los 80 cuando iniciaron otras discotheques como “El Rainbow” sobre la calle Carranza o “Disco Five” en la Zaragoza. El Estudio Monclova en la calle Hidalgo y posteriormente Kashbah, Star City; en los últimos años Cocodrilos, Krystal y El Planetario, más reciente La Oh.

Sin embargo, a consideración de Javier Valadez fueron las mismas modas las que dieron el tiro de gracia al negocio.

“Era muy diferente la moda o corrientes musicales de los ochenta a los noventa, nos faltó adaptarnos, no poníamos nada de cumbias y al final era lo que más pedía la gente”.

Poco después de celebrarse el aniversario número 13, el 24 de noviembre de 1991, y ante el pesar de miles de seguidores, la legendaria discotheque cerró sus puertas y con ello se ponía punto final a una página de nuestra historia.

A casi 43 años de su creación y a 30 de su final, se guarda con cariño la añoranza de esa época de diversión e incluso se realizan bailes del recuerdo que abarrotan locales, pero, sin lugar a dudas, lo que inmortalizó el nombre de la disco fue la historia del diablo bailarín que dio estatus de leyenda al “J&G”.

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