— Agencias 29/10/2026
La atención de un accidente cerebrovascular (ACV) depende en gran medida de la rapidez con la que se reconocen los síntomas, se solicita ayuda y se traslada al paciente a un hospital capacitado para atender la emergencia. Cada etapa de este proceso puede influir en las posibilidades de recibir tratamiento oportuno y reducir las secuelas.
En Argentina se registran alrededor de 60.000 casos de ACV al año, una enfermedad que constituye la principal causa de discapacidad adquirida en el país. Aunque los avances médicos han ampliado las opciones terapéuticas, persisten dificultades relacionadas con las distancias, los traslados, la coordinación entre instituciones y el acceso a la rehabilitación.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el ACV, que se conmemora el 29 de octubre, especialistas destacan que el objetivo de la atención no debe limitarse a evitar la muerte, sino también a favorecer que los pacientes recuperen la mayor independencia posible.
La importancia de actuar dentro de la ventana terapéutica
Algunos tratamientos específicos para el ACV pueden administrarse durante las primeras 4,5 horas desde el inicio de los síntomas, siempre que el paciente cumpla los criterios médicos correspondientes. Por ello, reconocer la emergencia y organizar rápidamente la atención resulta fundamental.
La debilidad repentina de un lado del cuerpo, la desviación de la boca, las dificultades para hablar, los cambios súbitos en la visión y la pérdida del equilibrio son señales que requieren atención inmediata. Incluso si desaparecen espontáneamente, es necesario solicitar asistencia médica, ya que podrían indicar un evento cerebrovascular transitorio.
Los especialistas advierten que cada minuto de demora puede afectar las posibilidades de recuperación y la calidad de vida posterior. Por eso, ante la sospecha de un ACV, se recomienda llamar al servicio de emergencias y evitar esperar a que los síntomas desaparezcan.
Las barreras para recibir atención especializada
El abordaje de un ACV requiere que diferentes etapas funcionen de manera coordinada: reconocimiento de los síntomas, activación de emergencias, traslado, evaluación médica, estudios diagnósticos y, cuando corresponde, derivación a un centro especializado.
Las distancias geográficas pueden dificultar el acceso a hospitales con capacidad para realizar determinados tratamientos. También existen obstáculos relacionados con la comunicación y la coordinación entre instituciones, jurisdicciones y distintos subsistemas de salud.
En algunas provincias argentinas se han impulsado redes de atención y protocolos de derivación para reducir estas desigualdades. En Córdoba, por ejemplo, se organizó un sistema que conecta hospitales de referencia con el propósito de que el lugar donde ocurre el episodio no determine las posibilidades de recibir atención especializada.
Nuevos registros para identificar demoras
Durante 2026, el Ministerio de Salud de Argentina creó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV). Entre sus objetivos se encuentran establecer un Código ACV Nacional, desarrollar centros coordinadores regionales y mejorar la articulación entre hospitales y servicios de emergencia.
Además, en agosto el ACV fue incorporado al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud como evento de notificación obligatoria. Esta medida busca recopilar información sobre el número de casos, los tratamientos administrados, los tiempos de atención y los resultados clínicos.
Contar con estos datos puede ayudar a reconocer en qué etapas se producen las mayores demoras, identificar diferencias entre regiones y orientar los recursos hacia las áreas que necesitan fortalecer su capacidad de respuesta.
Entre los problemas que todavía requieren atención se encuentran el desconocimiento de las señales de alarma, la demora en solicitar ayuda, las dificultades para realizar derivaciones y la falta de coordinación entre los sectores público, privado y de seguridad social.
La rehabilitación es parte fundamental del tratamiento
La atención no termina cuando el paciente supera la fase aguda y recibe el alta hospitalaria. En muchos casos comienza entonces un proceso de rehabilitación que puede prolongarse durante meses y que resulta esencial para recuperar funciones como el habla, la movilidad y la capacidad de realizar actividades cotidianas.
Las experiencias de personas que han atravesado un ACV muestran que la recuperación puede incluir avances importantes, aunque el proceso y sus resultados varían según cada paciente. Algunos consiguen volver a caminar, leer, escribir o retomar actividades recreativas después de un periodo de rehabilitación y acompañamiento familiar.
Por esta razón, los especialistas subrayan que la continuidad de los cuidados y el acceso a equipos de rehabilitación son tan importantes como la atención inicial. Recuperar la autonomía puede implicar desde volver a vestirse sin ayuda hasta comunicarse con mayor facilidad o reincorporarse a actividades personales y laborales.
En definitiva, reducir las consecuencias de un ACV requiere una respuesta integral: reconocer los síntomas, activar los servicios de emergencia sin demora, garantizar una derivación adecuada y facilitar la rehabilitación posterior. Actuar rápidamente puede influir no solo en la supervivencia, sino también en la posibilidad de conservar la independencia y la calidad de vida.
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