— Agencias 29/10/2026
La exposición al humo de incendios forestales durante el embarazo podría estar asociada con una mayor probabilidad de que los niños reciban posteriormente un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA), especialmente cuando ocurre durante el segundo y tercer trimestre de gestación.
Así lo señala un estudio publicado el 26 de octubre en JAMA Pediatrics, que encontró que cada incremento de 0.75 microgramos por metro cúbico en la concentración de partículas contaminantes procedentes de incendios forestales se relacionó con un aumento del 30 % en el riesgo de un diagnóstico posterior de autismo.
La investigación fue encabezada por la Dra. Stefania Papatheodorou, epidemióloga de la Escuela de Salud Pública de Rutgers, en Nueva Jersey. La especialista explicó que el humo puede desplazarse a grandes distancias y afectar la calidad del aire incluso en lugares donde no se observa directamente.
¿Cómo se realizó la investigación?
Los científicos analizaron los registros de más de 893,000 niños cubiertos por Medicaid entre 2007 y 2014. Durante el seguimiento, evaluaron los diagnósticos de autismo y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Posteriormente, utilizaron información sobre la calidad del aire para estimar cuánto humo de incendios forestales pudieron haber inhalado las madres durante el embarazo.
Los resultados mostraron una asociación entre la exposición prenatal al humo y una mayor probabilidad de diagnóstico de autismo. Sin embargo, no se encontró una relación similar con el TDAH.
La asociación fue más marcada cuando la exposición ocurrió después de la semana 15 de gestación, lo que sugiere que las etapas intermedia y avanzada del embarazo podrían ser especialmente relevantes para investigar los posibles efectos de estos contaminantes en el desarrollo cerebral.
¿Por qué el humo podría afectar el desarrollo fetal?
Uno de los principales componentes de la contaminación generada por los incendios forestales son las partículas finas PM2.5, cuyo diámetro es de 2.5 micrómetros o menos. Debido a su reducido tamaño, pueden penetrar profundamente en los pulmones y favorecer procesos inflamatorios en el organismo.
Los investigadores plantean que estos mecanismos podrían tener repercusiones durante el desarrollo fetal, una etapa en la que el cerebro atraviesa procesos de crecimiento y organización particularmente importantes.
No obstante, el estudio no demuestra que la exposición al humo cause autismo. Sus resultados muestran una asociación estadística y se necesitan investigaciones adicionales para confirmar los hallazgos, comprender los mecanismos involucrados y descartar otros factores que pudieran influir.
¿Cómo reducir la exposición durante el embarazo?
Ante episodios de incendios forestales o niveles elevados de contaminación, las personas embarazadas pueden adoptar medidas preventivas, entre ellas:
Consultar los reportes de calidad del aire: mantenerse informadas sobre los niveles de contaminación y las alertas de las autoridades.
Permanecer en interiores: limitar las actividades al aire libre cuando la concentración de partículas sea elevada.
Mejorar la filtración del aire: utilizar sistemas de filtración adecuados para reducir la presencia de partículas en espacios cerrados.
Usar protección respiratoria: cuando sea necesario salir, considerar un respirador bien ajustado, como uno N95, que filtre partículas finas.
Seguir las recomendaciones sanitarias: consultar al personal médico y atender las indicaciones de salud pública para grupos vulnerables.
La investigadora también destacó la importancia de incorporar la orientación sobre riesgos ambientales en las consultas prenatales.
En conclusión, esta investigación aporta nuevos datos sobre la posible relación entre la contaminación por incendios forestales durante el embarazo y el neurodesarrollo infantil. Aunque todavía no puede establecerse una relación causal con el autismo, reducir la exposición a partículas contaminantes constituye una medida preventiva importante para proteger la salud durante la gestación.
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