— Agencias 27/10/2026
Antes de que existieran las vacunas modernas, los antibióticos y los sistemas de vigilancia epidemiológica, las enfermedades infecciosas podían propagarse durante años sin que se conocieran sus causas ni sus mecanismos de transmisión.
Algunas provocaron millones de muertes, mientras que otras transformaron la economía, modificaron las estructuras sociales e impulsaron importantes avances científicos.
Aunque no todas estas enfermedades constituyeron pandemias mundiales, cada una dejó una huella significativa en la historia de la salud pública. Estas son diez de las más relevantes y sus principales consecuencias.
1. Peste negra: una catástrofe que transformó la Europa medieval
La peste negra se extendió por Europa, Asia y el norte de África durante el siglo XIV, especialmente entre 1346 y 1353. Causada por la bacteria Yersinia pestis, provocó decenas de millones de muertes y acabó con una proporción considerable de la población europea.
La transmisión podía producirse mediante pulgas infectadas y, en la forma neumónica, a través de partículas respiratorias durante el contacto cercano. Como todavía se desconocía el origen bacteriano de la enfermedad y no existían tratamientos eficaces, las comunidades tenían pocas herramientas para contenerla.
La elevada mortalidad ocasionó una grave escasez de trabajadores, alteró las relaciones laborales y contribuyó a transformar la economía y la organización social de la Europa medieval.
2. Viruela: la enfermedad erradicada mediante vacunación
Durante siglos, la viruela fue una de las enfermedades infecciosas más temidas. Causada por el virus variola, provocaba fiebre y erupciones cutáneas que podían dejar cicatrices permanentes, causar ceguera o provocar la muerte.
Tras la llegada de los europeos a América, contribuyó al desplome demográfico de numerosas comunidades indígenas, junto con la guerra, el desplazamiento, el hambre y otras enfermedades.
En 1796, Edward Jenner desarrolló un método de vacunación basado en la viruela vacuna, un antecedente fundamental de la inmunización moderna. Posteriormente, las campañas internacionales de vacunación permitieron eliminar la enfermedad. El último caso natural conocido se registró en Somalia en 1977 y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la erradicación mundial de la viruela en 1980.
3. Gripe de 1918: una pandemia con millones de víctimas
La pandemia de influenza de 1918, conocida como gripe española, infectó aproximadamente a 500 millones de personas y causó al menos 50 millones de muertes, aunque las estimaciones históricas varían.
El virus H1N1 se propagó durante los últimos años de la Primera Guerra Mundial, cuando el desplazamiento de soldados y trabajadores facilitó su expansión internacional. Una característica notable fue la elevada mortalidad entre adultos jóvenes, a diferencia de lo observado habitualmente en muchas temporadas de influenza estacional.
La pandemia tuvo varias oleadas, y la de otoño de 1918 resultó especialmente mortal en numerosos lugares. En aquella época no existían vacunas contra ese virus ni antibióticos para tratar las infecciones bacterianas secundarias, lo que limitaba considerablemente las opciones terapéuticas.
4. Cólera: la enfermedad que impulsó la epidemiología moderna
Desde el siglo XIX, el cólera ha provocado múltiples pandemias y continúa representando un problema de salud pública en lugares con acceso limitado al agua potable y al saneamiento.
La bacteria Vibrio cholerae se transmite principalmente mediante agua o alimentos contaminados y puede causar diarrea intensa y vómitos. La pérdida rápida de líquidos puede desencadenar una deshidratación grave y provocar la muerte en pocas horas si no se administra tratamiento.
Uno de los episodios más importantes para la historia de la medicina ocurrió en Londres en 1854. El médico John Snow investigó un brote y relacionó numerosos casos con una bomba pública de agua situada en Broad Street. Su trabajo contribuyó al desarrollo de la epidemiología moderna al demostrar la importancia de estudiar la distribución geográfica de las enfermedades y sus posibles fuentes de exposición.
5. VIH/sida: una epidemia que transformó la medicina
La epidemia de VIH/sida comenzó a reconocerse a principios de la década de 1980. El virus de la inmunodeficiencia humana ataca células fundamentales del sistema inmunitario y, sin tratamiento, puede evolucionar hacia el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), caracterizado por una mayor vulnerabilidad a infecciones oportunistas y ciertos tipos de cáncer.
El VIH se transmite mediante determinados fluidos corporales, por ejemplo, durante las relaciones sexuales, la exposición a sangre infectada o de madre a hijo durante el embarazo, el parto y la lactancia. No se transmite por abrazar a una persona ni por compartir cubiertos.
Más de 44 millones de personas han muerto por causas relacionadas con el VIH. Sin embargo, el desarrollo de los tratamientos antirretrovirales ha transformado el pronóstico de la infección. Con un tratamiento eficaz, muchas personas pueden vivir durante décadas. Además, mantener una carga viral indetectable evita la transmisión sexual del virus.
6. Ébola: brotes con elevada mortalidad
La enfermedad por el virus del Ébola se identificó en 1976 y desde entonces ha provocado diversos brotes, principalmente en África subsahariana. El más extenso ocurrió entre 2014 y 2016 en África occidental, con miles de casos en Guinea, Liberia y Sierra Leona.
El virus puede transmitirse desde animales infectados a los seres humanos y entre personas mediante el contacto directo con sangre, secreciones y otros fluidos corporales, así como con objetos contaminados.
Los síntomas incluyen fiebre, debilidad, vómitos y diarrea. En los casos graves pueden presentarse alteraciones de la coagulación y daño de órganos. La letalidad histórica promedio se ha situado alrededor del 50 %, aunque varía considerablemente según el brote.
La atención médica temprana, las vacunas disponibles para determinadas especies del virus y algunos tratamientos específicos han mejorado las posibilidades de supervivencia.
7. Sarampión: un virus que puede debilitar la memoria inmunitaria
El sarampión es una de las enfermedades virales más contagiosas. Se transmite por el aire y mediante partículas respiratorias, y sus manifestaciones habituales incluyen fiebre, tos, secreción nasal, ojos enrojecidos y una erupción cutánea que suele comenzar en el rostro.
La infección puede ocasionar complicaciones como neumonía, inflamación cerebral y, en algunos casos, la muerte. Además, investigaciones científicas han demostrado que el virus puede eliminar parte de la memoria inmunitaria adquirida frente a otros patógenos, fenómeno conocido como amnesia inmunológica.
Este efecto puede dejar a algunas personas más vulnerables a infecciones que su organismo ya había aprendido a combatir. La vacunación es una de las principales herramientas para prevenir el sarampión y sus complicaciones.
8. Poliomielitis: la infección que llevó al uso del pulmón de acero
La poliomielitis, también llamada polio, es causada por un virus que se transmite principalmente por vía fecal-oral. La mayoría de las infecciones no produce síntomas evidentes, pero en una pequeña proporción el virus afecta el sistema nervioso y destruye neuronas motoras.
Esto puede provocar parálisis irreversible y, cuando compromete los músculos respiratorios, poner en peligro la vida.
Durante las epidemias de la primera mitad del siglo XX, algunos pacientes necesitaron un pulmón de acero, una cámara que utilizaba presión negativa para facilitar la respiración cuando los músculos del tórax estaban debilitados.
Las campañas internacionales de vacunación han reducido más del 99 % los casos de poliovirus salvaje desde 1988. Sin embargo, la erradicación mundial de la enfermedad todavía no se ha completado.
9. Gripe H1N1 de 2009: una nueva pandemia de influenza
En 2009 surgió una nueva variante del virus de influenza A(H1N1) que se extendió rápidamente entre países y provocó la primera pandemia de influenza del siglo XXI. La OMS declaró la pandemia en junio de ese año.
A diferencia de muchas temporadas de gripe estacional, esta variante afectó de manera importante a niños, adolescentes y adultos jóvenes, en parte debido a la menor inmunidad previa frente a virus relacionados. Las mujeres embarazadas también presentaron un riesgo elevado de complicaciones.
Aunque la mayoría de los casos fueron leves, algunas personas desarrollaron neumonía y necesitaron hospitalización. Las estimaciones sitúan entre 100,000 y 400,000 las muertes durante el primer año, aunque las cifras dependen de los métodos utilizados para calcularlas.
El virus continúa circulando como parte de los virus de influenza estacional, por lo que la vacunación sigue siendo una herramienta importante de prevención.
10. COVID-19: una pandemia que cambió la vida cotidiana
La COVID-19 es causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Los primeros casos reconocidos se notificaron en diciembre de 2019 y la OMS declaró la pandemia el 11 de marzo de 2020.
El virus se transmite principalmente mediante partículas respiratorias expulsadas al respirar, hablar, toser o estornudar. Algunas personas pueden transmitirlo antes de desarrollar síntomas o incluso sin presentarlos.
La pandemia provocó una crisis sanitaria mundial, sobrecargó hospitales y alteró la educación, el comercio, la movilidad y las cadenas de suministro. También aceleró la investigación biomédica y el desarrollo de vacunas, cuyas primeras autorizaciones de emergencia llegaron en menos de un año desde la identificación del virus.
Hasta marzo de 2025, se habían notificado más de 777 millones de casos y siete millones de muertes en todo el mundo, aunque los registros oficiales no reflejan necesariamente la totalidad del impacto. La OMS puso fin a la emergencia de salud pública de importancia internacional en mayo de 2023, pero el SARS-CoV-2 continúa circulando.
Las lecciones que dejaron las grandes epidemias
La historia de estas enfermedades demuestra que las epidemias no solo afectan la salud: también pueden transformar las sociedades, modificar las economías y acelerar los avances científicos.
La vacunación, el acceso al agua potable, el saneamiento, la vigilancia epidemiológica y los tratamientos eficaces han permitido prevenir numerosas muertes. Sin embargo, las desigualdades sanitarias, la movilidad internacional y la aparición de nuevos agentes infecciosos mantienen vigente la necesidad de fortalecer los sistemas de salud.
La experiencia histórica muestra que la detección temprana, la información científica confiable y la cooperación internacional son fundamentales para reducir el impacto de futuras epidemias y pandemias.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX