— Agencias 26/10/2026
Las uñas cumplen una función protectora, pero algunas de sus alteraciones también pueden acompañar determinados problemas de salud.
Cambios en su color, forma, grosor o velocidad de crecimiento pueden relacionarse con deficiencias nutricionales, trastornos circulatorios, enfermedades metabólicas o padecimientos sistémicos.
Muchas modificaciones, sin embargo, tienen causas menos preocupantes, como golpes, envejecimiento, infecciones por hongos o contacto frecuente con productos químicos. Por ello, una alteración en las uñas no significa automáticamente que exista una enfermedad. Estas son siete señales que conviene conocer, especialmente cuando aparecen sin una causa evidente, persisten o afectan varias uñas.
1. Uñas azuladas o violáceas
Una coloración azulada o morada puede aparecer temporalmente después de exponerse al frío, pero cuando persiste podría estar relacionada con una disminución de la oxigenación de la sangre o con determinados problemas cardiacos, respiratorios o circulatorios.
Si el cambio aparece de forma repentina o también afecta los labios y la piel, es recomendable buscar valoración médica. Cuando se acompaña de dificultad para respirar, dolor en el pecho o confusión, se necesita atención de emergencia.
2. Uñas muy pálidas o casi blancas
La pérdida de la tonalidad rosada habitual puede observarse en personas con anemia, incluida la relacionada con una deficiencia de hierro. En estos casos también pueden presentarse cansancio, debilidad, mareos o falta de aire durante el esfuerzo.
No obstante, las uñas pálidas también pueden aparecer en algunas enfermedades hepáticas, renales y otras condiciones. Si el cambio permanece o se acompaña de otros síntomas, una valoración médica puede determinar si son necesarios análisis de sangre.
3. Uñas con forma de cuchara
La coiloniquia se caracteriza por uñas delgadas que presentan una depresión en el centro y bordes elevados, dando una apariencia similar a una cuchara.
Una de sus asociaciones más conocidas es la deficiencia de hierro, que puede deberse a una alimentación insuficiente, pérdidas de sangre o problemas de absorción. Sin embargo, también existen causas hereditarias y otras enfermedades capaces de producir este aspecto.
La alteración no confirma por sí misma una anemia, por lo que el diagnóstico debe establecerse mediante la evaluación clínica y, cuando corresponde, estudios de laboratorio.
4. Surcos horizontales que atraviesan las uñas
Las llamadas líneas de Beau son depresiones que recorren transversalmente la uña y pueden aparecer cuando su crecimiento se interrumpe o disminuye durante un periodo determinado.
Pueden observarse después de enfermedades importantes, fiebre elevada, lesiones o determinados tratamientos. También pueden aparecer en personas con algunas enfermedades crónicas.
Cuando afectan varias uñas, se repiten o aparecen sin una explicación evidente, es conveniente consultar a un profesional. Estas líneas no diagnostican por sí mismas diabetes ni problemas vasculares, pero pueden ser una señal para investigar qué ocurrió durante el periodo en que se alteró el crecimiento de la uña.
5. Uñas de los pies que crecen lentamente o se deforman
Las uñas de los pies que crecen lentamente o cambian de forma pueden acompañar problemas de circulación, sobre todo cuando existen además heridas que tardan en cicatrizar, piel fría o dolor al caminar.
Una posibilidad es la enfermedad arterial periférica, que reduce el flujo sanguíneo hacia las extremidades. Sin embargo, el engrosamiento y las deformidades también pueden deberse a infecciones por hongos, traumatismos, envejecimiento o enfermedades dermatológicas.
Las personas con diabetes u otros factores de riesgo cardiovascular deben prestar especial atención a cualquier lesión persistente en los pies y solicitar valoración cuando aparezcan cambios nuevos.
6. Uñas blancas con una franja rosada o rojiza en la punta
Las uñas de Terry presentan una coloración blanquecina en gran parte de la superficie, acompañada de una banda rosada o rojiza hacia el extremo.
Este patrón puede observarse con el envejecimiento, aunque también se ha relacionado con algunas enfermedades sistémicas, entre ellas padecimientos hepáticos, insuficiencia cardiaca y diabetes.
Su presencia no significa que una persona tenga alguna de estas enfermedades. Si el cambio es reciente, afecta varias uñas y no existe una explicación evidente, una consulta médica puede ayudar a determinar si se necesitan estudios adicionales.
7. Uñas engrosadas, frágiles o separadas de la piel
Las uñas que se vuelven persistentemente gruesas, quebradizas o que comienzan a separarse del lecho ungueal pueden tener múltiples causas. Entre ellas se encuentran los traumatismos, las infecciones, el contacto frecuente con agua o productos de limpieza, algunos medicamentos y determinadas alteraciones de la tiroides.
En personas con diabetes o problemas circulatorios, los cambios en las uñas de los pies requieren especial cuidado, ya que las lesiones pueden complicarse cuando existe pérdida de sensibilidad o una cicatrización deficiente.
Si además hay dolor, enrojecimiento, inflamación o secreción, es importante buscar atención médica. Tampoco es recomendable asumir que el problema se debe a una falta de vitaminas y comenzar a tomar suplementos sin conocer primero la causa.
Las uñas pueden orientar, pero no diagnostican por sí solas
Los cambios en las uñas pueden proporcionar pistas sobre el estado general del organismo, pero una alteración aislada no permite diagnosticar una enfermedad. El aspecto de las uñas debe interpretarse junto con los síntomas, antecedentes y otros hallazgos clínicos.
Cuando una modificación aparece de manera persistente, afecta varias uñas o se acompaña de otros síntomas, consultar a un profesional puede ayudar a identificar su origen y determinar si es necesario realizar estudios adicionales.
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