— Daniela Cordova 26/10/2026
Melina Farías, residente en las afueras de París desde hace 23 años, relata cómo las movilizaciones afectan principalmente a estudiantes.
Desde Francia, la monclovense Melina Farías observa con tristeza las protestas sociales que durante octubre de 2026 han marcado la vida de estudiantes, comerciantes y trabajadores en distintas zonas del país europeo. Aunque las movilizaciones no han alterado directamente su rutina ni sus actividades laborales, su principal preocupación está en los jóvenes, entre ellos su hijo, quien lleva tres semanas con clases magistrales suspendidas o impartidas en línea debido a los bloqueos universitarios.
Responsable del Departamento Internacional de Siniestros de Vida e Incapacidad de uno de los principales corredores de seguros a nivel mundial, Farías reside desde hace 23 años en la llamada petite couronne de París, en el sur de la capital francesa. Desde esa zona, su experiencia le permite distinguir entre las afectaciones cotidianas y los episodios de violencia concentrados en determinados barrios.
Los estudiantes, en el centro de las movilizaciones
“Lo primero que pensé fue en los jóvenes”, expresó al recordar el inicio del movimiento a mediados de septiembre, en una preparatoria de las afueras de París. Las primeras demandas estaban relacionadas con las condiciones educativas, como la renovación de edificios, la contratación de personal y el incremento de las becas.
A Melina le entristeció que las imágenes difundidas internacionalmente mostraran principalmente incendios y saqueos, en lugar de las marchas pacíficas de miles de estudiantes. A su juicio, las exigencias de este sector tienen una legitimidad particular porque buscan condiciones adecuadas para estudiar.
Posteriormente, las movilizaciones incorporaron a sindicatos, agricultores, conductores y antiguos integrantes del movimiento de los chalecos amarillos, con reclamos relacionados con el poder adquisitivo. Sin embargo, la entrevistada considera que no se trata de una sola protesta, sino de expresiones distintas de un descontento social más amplio.

Bloqueos y cambios en la vida cotidiana
Aunque en su zona no se han registrado manifestaciones y no ha presenciado enfrentamientos violentos, Farías percibe un ambiente tenso. Para evitar contratiempos, procura mantenerse alejada de las rutas de las marchas, cuyos recorridos suelen conocerse previamente.
La situación más cercana la vive su hijo universitario, quien cada mañana revisa si su institución está bloqueada y debe conectarse con anticipación para conocer las indicaciones académicas. También se han registrado cierres preventivos de estaciones del metro, modificaciones en rutas de autobuses y afectaciones a comercios, mientras algunas actividades escolares han sido canceladas por precaución.
Las protestas del 17 y 24 de octubre reflejaron la dimensión del descontento. Associated Press reportó enfrentamientos, incendios y saqueos durante las movilizaciones, aunque la mayoría de las marchas fueron pacíficas.
En el entorno de la monclovense existe respaldo a las demandas estudiantiles, pero un rechazo contundente a la violencia. También considera necesario cuestionar si los métodos empleados por las fuerzas de seguridad son proporcionales a las circunstancias.
A su parecer, reducir las movilizaciones a episodios de violencia urbana dificulta escuchar las necesidades de los jóvenes. El Gobierno francés ha anunciado medidas, entre ellas la incorporación de profesores sustitutos, mientras el presidente Emmanuel Macron prometió respuestas concretas a las demandas estudiantiles.
Dos formas distintas de protestar
Al comparar Francia con México, Farías identifica diferencias en las formas de movilización. En territorio francés, las huelgas sindicales pueden paralizar el transporte y la economía formal, mientras que en México observa mayor presencia de bloqueos espontáneos, plantones y movilizaciones comunitarias.
Para la monclovense, las protestas muestran una preocupación compartida por el costo de vida, la educación y la necesidad de ser escuchados. Su mensaje para los habitantes de Monclova es comprender que, detrás de las imágenes de disturbios, también existen jóvenes que buscan mejores condiciones para su futuro.

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