— Víctor M. Cuevas Ahumada 23/10/2026
El estrecho de Ormuz, un paso marítimo natural entre Irán y Omán que en su punto más angosto tiene una anchura inferior a 40 kilómetros, representa uno de los corredores más estratégicos del comercio mundial de hidrocarburos. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2025 aproximadamente el 34% del comercio marítimo mundial de petróleo crudo transitó por este estrecho. Si se considera el comercio marítimo total de petróleo, que incluye tanto el crudo como los productos petrolíferos (gasolina, diésel y gas licuado de petróleo, entre otros), la proporción referida se sitúa alrededor del 25%.
La relevancia estratégica del estrecho de Ormuz se ha hecho evidente, sobre todo, a partir del 28 de febrero de 2026, cuando este se convirtió en escenario de enfrentamientos recurrentes entre Estados Unidos e Irán. Estos enfrentamientos han venido acompañados de restricciones marítimas impuestas por ambas naciones, aunque con objetivos y acciones diferentes. Estas restricciones han perturbado considerablemente los flujos marítimos de hidrocarburos a través del estrecho y, a pesar de que los principales países compradores son naciones asiáticas como China e India, las repercusiones se han hecho patentes en la economía global, especialmente a través de los precios internacionales de los energéticos.
De acuerdo con estimaciones propias basadas en datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), la cotización del crudo Brent del mar del Norte, uno de los principales referentes del mercado petrolero internacional, pasó de 77.24 dólares por barril (dpb) a 126.55 dpb durante el período comprendido entre el 2 de marzo y el 14 de octubre de 2026. Esta marcada subida obedeció esencialmente a tres factores. El primero fue el choque negativo de oferta petrolera derivado del estrangulamiento del estrecho de Ormuz. El segundo fue la baja elasticidad-precio de la demanda de petróleo y sus derivados en el corto plazo, dado que los consumidores y las unidades productivas tienen una capacidad limitada para sustituir la gasolina, el diésel y otros combustibles. Y el tercero es la baja elasticidad de la oferta en el corto plazo, puesto que los productores de otras latitudes carecen de la capacidad instalada ociosa requerida para compensar de manera rápida la contracción del suministro procedente del golfo Pérsico.
Si bien Estados Unidos es uno de los principales productores de petróleo del mundo, el encarecimiento internacional del crudo elevó los costos de abastecimiento de las refinerías y, por ende, los precios de la gasolina y el diésel. De acuerdo con datos de la EIA, entre el 23 de febrero y el 19 de octubre de 2026, el precio promedio nacional de venta al público de la gasolina regular, considerando todas las formulaciones, aumentó de 2.94 a 4.28 dólares el galón (45.6%). El caso del precio de venta del diésel es todavía más dramático, pues entre el 23 de febrero y el 19 de octubre de este año aumentó de 3.81 a 6.28 dólares el galón (64.83%). Cabe precisar que la EIA publica los precios de los combustibles con periodicidad semanal, por lo que se tomó como punto de partida la última observación semanal anterior al inicio de los enfrentamientos en torno al estrecho de Ormuz, el 28 de febrero de 2026.
Esto contribuye a explicar la intensificación de las presiones inflacionarias en Estados Unidos, dado que el diésel es ampliamente utilizado en diferentes actividades productivas y en el transporte de mercancías, incluidos los alimentos, hacia los puntos de venta. En este contexto, la inflación interanual en Estados Unidos, la cual mide la variación porcentual del índice de precios al consumidor con respecto al mismo mes del año anterior, pasó de 2.4% en febrero a 3.7% en septiembre.
Además de promover el máximo empleo, el Sistema de la Reserva Federal (la Fed) de Estados Unidos tiene el mandato de mantener la estabilidad de precios, para lo cual establece una tasa de inflación de 2% anual en el largo plazo. Ante la persistencia de las presiones inflacionarias, el 16 de septiembre pasado la Fed decidió incrementar en 25 puntos base el rango objetivo de la tasa de interés de los fondos federales, que pasó de 3.50%-3.75% a 3.75%-4.0%. Asimismo, en el comunicado respectivo, la Fed reconoció que la inflación continuaba elevada y que factores geopolíticos alimentaban la incertidumbre.
En el caso de México, el choque negativo de oferta de petróleo también generó presiones sobre los costos de producción, con posibles repercusiones sobre diversas variables reales y nominales. A ello se suma su exposición a los efectos indirectos provenientes de Estados Unidos, dada la estrecha integración económica entre ambos países. De esta manera, pese a que los principales compradores del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz se concentran en Asia y a que este paso marítimo se encuentra a aproximadamente 14,000 km. en línea recta de las costas mexicanas, las repercusiones del conflicto también alcanzan a México a través de diversos canales de transmisión económica. Primeramente, el aumento en los precios internacionales del petróleo surte efectos contrapuestos sobre la economía mexicana. Por una parte, México puede beneficiarse por su calidad de exportador de petróleo. De acuerdo con Petróleos Mexicanos, entre el 27 de enero y el 15 de octubre de 2026, la cotización de la mezcla mexicana de petróleo crudo de exportación aumentó de 58.71 a 96.25 dólares por barril (dpb).
Por otra parte, México enfrenta efectos desfavorables en su calidad de importador de gas natural, gasolina, diésel y otros derivados del petróleo. En particular, los precios internacionales de diversos combustibles refinados aumentaron notablemente a raíz del conflicto. Por ello, el efecto neto sobre la economía mexicana podría ser negativo. Para empezar, de acuerdo con cálculos propios basados en datos del INEGI, durante el período marzo-agosto de 2026, el valor en dólares corrientes de las importaciones de productos petroleros equivalió a 2.55 veces el valor de las exportaciones de esos productos. Asimismo, durante el mismo período, el valor de las importaciones de derivados del petróleo, como gasolina y diésel, representó 2.5 veces el valor de las exportaciones de petróleo crudo, mientras que las importaciones de gas natural, por sí solas, equivalieron al 44% de estas últimas. Por supuesto, también habría que considerar los efectos sobre los ingresos fiscales y la actividad económica nacional.
Adicionalmente, el déficit de la balanza petrolera, que mide el exceso del valor de las importaciones de productos petroleros —como gas natural, gasolina, diésel y otros derivados del petróleo— sobre el de las exportaciones de petróleo crudo y otros productos petroleros, ascendió a 2,301.3 millones de dólares (mdd) en marzo de 2026. Para agosto, el déficit mensual alcanzó 3,441.5 mdd, lo que representa un incremento del 49.55%. Desde luego, en este deterioro intervinieron diferentes factores, además del conflicto en el estrecho de Ormuz.
A los mecanismos anteriores se suma el endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos, que podría desacelerar la actividad económica y afectar el empleo en ese país, con posibles repercusiones negativas sobre la demanda de exportaciones mexicanas y el flujo de remesas hacia México. Asimismo, el incremento de la tasa de interés de referencia en Estados Unidos, combinado con los recortes a la tasa objetivo efectuados por el Banco de México en marzo y mayo de este año, redujo el diferencial de tasas entre ambos países, lo que pudo contribuir a las presiones depreciatorias sobre el peso. En este contexto, el tipo de cambio interbancario de cierre pasó de 16.98 pesos por dólar a 18.67 entre el 2 de septiembre y el 21 de octubre de este año, lo que representa un incremento de 9.97% en menos de dos meses.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX