— Daniela Cordova 21/10/2026
Entre el miedo y la fe, Elia encontró fuerzas para seguir.
Detrás de cada diagnóstico de cáncer de mama existe una historia de miedo, incertidumbre y cambios que transforman la vida de una mujer y de quienes la acompañan. Elia Guadalupe Leija Garza, de 42 años, originaria de Monclova, conoce ese camino: una pequeña bolita en el pecho cambió su vida en 2024 y la llevó a enfrentar ocho quimioterapias, una cirugía y 15 sesiones de radiación.
Hoy continúa bajo vigilancia médica y enfrenta una nueva preocupación de salud, pero conserva la fuerza que encontró en sus cuatro hijos y en su fe. En el marco del Mes Rosa y del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, conmemorado cada 19 de octubre, comparte su experiencia para recordar a las mujeres la importancia de revisarse y buscar atención médica, pero también para reconocer a quienes atraviesan esta enfermedad sin renunciar a sus ganas de vivir.
¿Cómo comenzó su historia con el cáncer de mama?
“Lo mío fue muy inesperado; me salió una bolita en el pecho, pero al principio aparecía cuando iba a empezar mi periodo y después desaparecía. Así pasaron tres meses y pensé que se me iba a quita, después empezó una pequeña comezón y sentía el pecho caliente me alarmé porque esta vez ya no desaparecía y fue cuando acudí al médico”.
¿En qué año recibió el diagnóstico y qué pasó después?
“Me diagnosticaron en 2024, todo pasó muy rápido, gracias a Dios. Fueron ocho quimioterapias, después mi cirugía y 15 radiaciones, ahorita continúo en remisión con mi médico se podría decir que por ahora el cáncer de mama se fue”.
¿Qué sintió cuando escuchó que tenía cáncer?
“Al principio mi mente se quedó en cero, no pensaba en nada porque no quería aceptar lo que estaba pasando, los médicos me explicaban las cosas y yo solamente decía que sí, pero en realidad estaba en shock. Es un proceso muy difícil, aunque cada persona lo vive de diferente manera”.
¿Cuál fue la parte más difícil de los tratamientos?
“Para mí fue muy duro que se me cayera el cabello y ver cómo eso afectaba a mis hijos, tengo un niño de seis años y a él le costaba mucho verme así, yo usaba turbantes, me los ponía y me los quitaba, y él me decía: ‘No, mami, así no’. Me dolía verlo porque no entendía completamente lo que estaba pasando y como me afectaba”.
¿Cómo vivieron sus hijos esta etapa?
“Mi hijo el pequeño con pláticas fue entendiendo que era una enfermedad, empezó a preguntarme si me iba a volver a salir el cabello y poco a poco lo fue asimilando. Ahora ya me ve y entiende que algunas cosas han cambiado. Como mamá, es muy difícil ver sufrir a tus hijos; uno quisiera evitarles todo ese dolor”.
¿Quiénes fueron su principal apoyo durante la enfermedad?
“Mi familia y mis hijos fueron un apoyo espectacular, al cien por ciento, la enfermedad no la vive solamente una persona, también la vive toda la familia, estoy muy agradecida porque estuvieron conmigo y me ayudaron a seguir adelante”.
¿Qué la motivó a levantarse incluso en los días más difíciles?
“Mis hijos son mi mayor fuerza, siempre tuve miedo de terminar en una cama y no poder levantarme, yo luchaba por seguir haciendo mis cosas, por levantarme y no dejarme caer, gracias a Dios, pude continuar y eso para mí ha sido una bendición”.
¿Qué papel ha tenido su fe en esta lucha?
“Estoy muy agradecida con Dios porque siempre estuvo conmigo, el cáncer te enseña muchas cosas, incluso a conocer quién se queda a tu lado y quién no, también te hace valorar cosas que antes quizá no veías, no digo que sea fácil, porque no lo es, pero mi fe me ayudó a encontrar fuerzas cuando más las necesitaba”.
¿Cómo cambió su manera de ver la vida después del diagnóstico?
“Muchas personas piensan que cuando escuchan la palabra cáncer ya se van a morir, pero no hay que verlo así, todos vamos a morir algún día, pero no por eso debemos dejar de luchar, la medicina está muy avanzada y hay que atenderse, no dejar que el miedo nos venza”.
¿Qué avances ha tenido desde que terminó las quimioterapias y las radiaciones?
“Continúo en revisión médica durante cinco años, recientemente me encontraron algo en el pulmón y ahora tengo que atender esa situación, aun así, sigo con el mismo ánimo, hay que poner empeño y continuar; mi vida no se detiene”.
¿Ha podido regresar a su trabajo y a sus actividades cotidianas?
“Pensé que no iba a volver a trabajar, pero gracias a Dios hago mis actividades diariamente, ya no tengo la misma fuerza y quedaron algunos dolores y secuelas, pero ahí la llevo. Volver a mi trabajo ha sido muy importante, porque hubo momentos en los que pensé que ya no podría hacerlo”.
¿Qué experiencia tuvo con los médicos que la atendieron?
“Estoy muy agradecida con mi oncólogo, el doctor Pablo Garza, y con la ginecóloga Sabrina de Hoyos, porque recibí un trato excelente, recomiendo que las mujeres se acerquen a los especialistas, que busquen atención y no se queden con la duda”.
¿Qué les diría a las mujeres que sienten miedo de revisarse o acudir al médico?
“Que no tengan miedo y que no se dejen vencer por el temor de pensar qué va a pasar, sí se puede, hay que buscar atención, confiar y luchar, lo importante es no quedarse con la duda ni dejar pasar las señales que nos da nuestro cuerpo”.
La historia de Elia es también la de una madre que encontró fuerzas para levantarse cuando el miedo amenazaba con detenerla. Sus cuatro hijos siguen siendo el motor de sus días y su fe, un apoyo en medio de la incertidumbre. En este Mes Rosa, su testimonio recuerda que cada paciente tiene una historia distinta, que el acompañamiento familiar puede hacer una diferencia y que la detección oportuna es fundamental.
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