— Agencias 17/10/2026
Los alimentos ultraprocesados se han relacionado con diversos problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares y obesidad. Sin embargo, nuevas investigaciones publicadas en octubre de 2026 sugieren que sus posibles efectos pueden variar según el tipo de producto y su composición nutricional.
Un estudio publicado en la revista PLOS Medicine, que analizó a 461,682 adultos estadounidenses, no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el consumo total de alimentos ultraprocesados y la incidencia de cáncer colorrectal. En cambio, el consumo de carne se relacionó con un mayor riesgo, mientras que algunos componentes, como la fibra, los cereales integrales y el calcio, se asociaron con una menor incidencia.
Estos resultados no significan que todos los ultraprocesados sean inofensivos. Otras investigaciones han vinculado un consumo elevado con enfermedades cardiovasculares y ciertos indicadores de alteraciones vasculares cerebrales. Por ello, los especialistas destacan la importancia de diferenciar los productos según sus ingredientes, su perfil nutricional y la frecuencia con la que se consumen.
¿Qué encontró el estudio sobre el cáncer colorrectal?
La investigación publicada el 15 de octubre de 2026 en PLOS Medicine examinó la relación entre el consumo de ultraprocesados y el desarrollo de cáncer colorrectal en participantes del estudio NIH-AARP Diet and Health Study.
Los investigadores siguieron a 461,682 adultos de entre 50 y 71 años que no tenían cáncer al inicio del estudio. Durante una mediana de seguimiento de 18.8 años, se identificaron 10,075 casos de cáncer colorrectal.
El análisis no mostró una asociación estadísticamente significativa entre el consumo total de ultraprocesados y la aparición de la enfermedad. No obstante, al evaluar grupos específicos, el consumo de carne se relacionó con un mayor riesgo, mientras que la ingesta de cereales integrales, fibra, lácteos y calcio se asoció con una menor incidencia.
Los resultados sugieren que reunir alimentos muy diferentes bajo una sola clasificación puede ocultar diferencias importantes. Sin embargo, debido a que se trató de un estudio observacional basado parcialmente en información alimentaria reportada por los participantes, no es posible demostrar que un alimento específico cause o prevenga el cáncer por sí solo.
Carnes procesadas: un grupo que requiere atención
Las carnes procesadas, como las salchichas, el jamón, el tocino, el chorizo y otros embutidos, merecen especial atención por la evidencia acumulada sobre su relación con el cáncer colorrectal.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, organismo vinculado a la Organización Mundial de la Salud, clasifica las carnes procesadas como carcinógenas para los seres humanos. Esta categoría significa que existe evidencia suficiente de que su consumo puede causar cáncer, particularmente colorrectal.
La clasificación no implica que consumir una porción ocasional provoque necesariamente la enfermedad. El riesgo depende de diversos factores, entre ellos la cantidad consumida y la exposición acumulada a lo largo del tiempo.
Por ello, reducir el consumo habitual de carnes procesadas es una medida razonable para mejorar la calidad de la alimentación. La recomendación también considera el tipo de carne y la frecuencia con la que se incorpora a la dieta, no solamente si el producto se clasifica como ultraprocesado.
¿Todos los ultraprocesados son perjudiciales?
No todos los productos incluidos en esta categoría tienen la misma composición nutricional ni presentan las mismas asociaciones con enfermedades. Algunos contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, sodio o grasas saturadas, mientras que otros pueden aportar fibra, proteínas, cereales integrales o micronutrientes.
Ciertos panes integrales empacados y productos lácteos, por ejemplo, pueden contribuir a la ingesta de nutrientes útiles. Sin embargo, esto no significa que todos sean saludables ni que el procesamiento industrial carezca de importancia.
La clasificación NOVA agrupa los alimentos según el grado y el propósito de su procesamiento. Es una herramienta utilizada en investigación nutricional, pero no determina por sí sola si un producto es saludable o perjudicial en cualquier circunstancia.
Por ello, conviene evitar dos conclusiones extremas: considerar dañino todo alimento industrializado o asumir que cualquier ultraprocesado puede consumirse sin límites si contiene algún nutriente beneficioso.
¿Qué otros riesgos se han relacionado con estos productos?
Aunque el estudio sobre cáncer colorrectal no encontró una asociación con el consumo total de ultraprocesados, otras investigaciones han identificado relaciones con distintos problemas de salud.
Un metaanálisis publicado en The Lancet Regional Health – Americas en 2024 reunió resultados de 22 estudios prospectivos. En comparación con las personas que consumían menos ultraprocesados, aquellas con un consumo más elevado presentaron un riesgo relativo 17% mayor de enfermedad cardiovascular, 23% mayor de enfermedad coronaria y 9% mayor de accidente cerebrovascular.
Las asociaciones también variaron según el tipo de producto. Las bebidas azucaradas o endulzadas artificialmente y las carnes procesadas se relacionaron con un mayor riesgo cardiovascular, mientras que otros grupos, como ciertos panes y cereales para el desayuno, mostraron resultados diferentes.
En octubre de 2026, otro estudio publicado en JAMA Network Open analizó a 8,783 adultos de mediana edad en Canadá. Un mayor consumo de ultraprocesados se asoció con más adiposidad y una mayor probabilidad de presentar lesiones vasculares cerebrales subclínicas detectadas mediante resonancia magnética. No obstante, no se observó una asociación con el rendimiento cognitivo.
Como este último estudio fue transversal, no permite establecer qué ocurrió primero ni concluir que los ultraprocesados provocaron las alteraciones observadas. Sus resultados deben interpretarse como asociaciones que requieren investigación adicional.
¿Por qué es complicado regular los ultraprocesados?
Uno de los principales desafíos consiste en definir qué productos deben incluirse en esta categoría y qué criterios conviene utilizar para regularlos.
El sistema NOVA se centra en el grado y el propósito del procesamiento, mientras que el etiquetado nutricional proporciona información sobre aspectos como las calorías, el sodio, los azúcares y las grasas saturadas. Ambos enfoques ofrecen información diferente y complementaria.
Un alimento puede tener un procesamiento industrial considerable y aportar cantidades relevantes de fibra o proteínas. Otro puede contener grandes cantidades de azúcar o sodio y pocos nutrientes beneficiosos. Por esta razón, una regulación basada exclusivamente en el procesamiento podría no reflejar todas las diferencias entre productos.
En México, los sellos de advertencia del etiquetado frontal ayudan a identificar productos que superan determinados criterios de energía, azúcares, sodio, grasas saturadas o grasas trans. Revisarlos puede facilitar la comparación entre opciones, aunque no sustituye la evaluación de la alimentación en su conjunto.
El debate científico continúa sobre cómo combinar la clasificación de los alimentos, su composición nutricional y la evidencia sobre sus efectos en la salud para orientar las políticas públicas.
¿Qué alimentos conviene limitar?
Para mejorar la alimentación no es necesario clasificar cada producto industrializado como bueno o malo. Una estrategia práctica consiste en revisar qué alimentos se consumen habitualmente, qué nutrientes aportan y cuáles desplazan de la dieta.
Las carnes procesadas, las bebidas azucaradas y los productos con cantidades elevadas de sodio, azúcares añadidos o grasas saturadas merecen especial atención. Reducir su consumo habitual puede contribuir a mejorar la calidad de la alimentación.
También es recomendable aumentar la presencia de frutas enteras, verduras, frijoles, lentejas, cereales integrales, semillas y otras fuentes de fibra. Estos alimentos aportan nutrientes importantes que pueden faltar en dietas dominadas por productos de baja calidad nutricional.
En los alimentos empacados, revisar la lista de ingredientes y los sellos de advertencia permite comparar alternativas. La elección debe considerar la composición, el tamaño de la porción y la frecuencia de consumo, en lugar de basarse únicamente en la clasificación del producto.
¿Qué significan estos hallazgos para México?
Los nuevos resultados no justifican abandonar las recomendaciones de reducir el consumo excesivo de productos de baja calidad nutricional. Más bien, destacan la necesidad de comunicar la evidencia con precisión y evitar generalizaciones sobre todos los ultraprocesados.
El estudio sobre cáncer colorrectal se realizó en adultos estadounidenses de entre 50 y 71 años, por lo que sus conclusiones no pueden extrapolarse automáticamente a toda la población mexicana. Además, no evaluó todos los posibles efectos de estos alimentos sobre la salud ni demuestra que sean seguros en cualquier contexto.
En México, donde la prevención de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares constituye una prioridad, una estrategia útil es favorecer una alimentación variada, con mayor presencia de alimentos frescos o mínimamente procesados, y reducir el consumo habitual de productos asociados con riesgos conocidos, especialmente las carnes procesadas.
¿Es necesario eliminar todos los ultraprocesados?
La evidencia disponible no demuestra que todos los ultraprocesados tengan el mismo impacto en la salud. Aunque el estudio publicado en PLOS Medicine no encontró una asociación entre su consumo total y la incidencia de cáncer colorrectal, sí identificó una relación positiva con el consumo de carne.
Otras investigaciones han relacionado una ingesta elevada de estos productos con un mayor riesgo cardiovascular y con indicadores de alteraciones vasculares cerebrales, aunque los resultados dependen del problema de salud analizado y no siempre permiten establecer causalidad.
La recomendación práctica es priorizar alimentos ricos en fibra y nutrientes, moderar los productos con exceso de azúcar, sodio o grasas saturadas y reducir el consumo de carnes procesadas. Más que considerar todos los alimentos industriales como iguales, conviene evaluar su composición y el lugar que ocupan en la alimentación cotidiana.
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