— Agencias 15/10/2026
Levantarse antes del amanecer para hacer ejercicio puede ayudar a mantener una rutina y aprovechar mejor el día. Sin embargo, si esto implica reducir las horas de sueño, el hábito podría afectar la recuperación física y el bienestar general.
Un estudio publicado el 8 de diciembre de 2025 en la revista Communications Medicine analizó los patrones de sueño y actividad física de más de 70,000 personas. Los resultados mostraron una relación entre la calidad del descanso y la cantidad de pasos realizados al día siguiente, aunque la influencia de la actividad física sobre el sueño posterior fue menos evidente.
La investigación no concluye que entrenar por la mañana sea perjudicial. Más bien, destaca la importancia de mantener un equilibrio entre la actividad física y el descanso nocturno.
¿Qué encontró el estudio?
La investigación, titulada Bidirectional associations between sleep and physical activity investigated using large-scale objective monitoring data, examinó información de 70,963 usuarios de dispositivos de seguimiento, con aproximadamente 28 millones de días-persona registrados entre enero de 2020 y septiembre de 2023.
Los investigadores evaluaron la duración y eficiencia del sueño, el tiempo necesario para quedarse dormido y el número de pasos realizados al día siguiente.
Entre los principales hallazgos destacan:
Solo el 12.9% de los participantes dormía entre siete y nueve horas por noche y, al mismo tiempo, caminaba más de 8,000 pasos diarios.
Una mayor eficiencia del sueño se relacionó con un mayor número de pasos al día siguiente.
La asociación entre la actividad física y algunos indicadores del sueño de la noche posterior fue más limitada.
Aunque determinados modelos estadísticos relacionaron dormir alrededor de seis horas con una mayor cantidad de pasos al día siguiente que dormir ocho horas, esto no significa que dormir menos favorezca la actividad física. Los resultados pueden estar influidos por el tiempo que una persona permanece despierta y otros factores.
Además, al tratarse de un estudio observacional basado en dispositivos de seguimiento, no es posible establecer una relación directa de causa y efecto.
¿Por qué no deberías sacrificar horas de sueño?
Dormir adecuadamente es fundamental para la concentración, el rendimiento físico y la recuperación después del ejercicio.
La falta de sueño puede provocar somnolencia, irritabilidad, menor capacidad de atención y una percepción más intensa del esfuerzo. Cuando se vuelve habitual, también puede dificultar la recuperación entre entrenamientos y hacer más complicado mantener una rutina constante.
Por ello, despertarse una hora antes para entrenar no necesariamente es beneficioso si esa hora se resta al descanso nocturno.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan que los adultos duerman al menos siete horas por noche, aunque las necesidades individuales pueden variar.
¿Cuál es el mejor horario para hacer ejercicio?
No existe una hora universalmente ideal para entrenar. La elección depende de los horarios laborales, las responsabilidades personales, las preferencias y la capacidad de mantener el hábito a largo plazo.
Por la mañana: puede ser una alternativa conveniente para quienes tienen las tardes ocupadas y prefieren comenzar el día con actividad física.
Por la tarde: algunas personas perciben un mejor rendimiento durante estas horas, dependiendo del tipo de ejercicio y de sus características individuales.
Por la noche: también puede ser una opción válida. Sin embargo, si los entrenamientos intensos cerca de la hora de dormir dificultan conciliar el sueño, conviene adelantar la sesión o disminuir su intensidad.
Lo más importante es elegir un horario compatible con un descanso suficiente y una práctica regular.
¿Cómo entrenar temprano sin dormir menos?
Quienes prefieren hacer ejercicio antes del amanecer pueden mantener esta rutina con algunos ajustes:
Acostarse más temprano: adelantar gradualmente la hora de dormir puede facilitar el despertar sin reducir el descanso.
Acortar las sesiones: una rutina breve y constante puede ser más sostenible que un entrenamiento prolongado que obligue a levantarse demasiado temprano.
Cambiar el horario cuando sea necesario: entrenar por la tarde o dividir la actividad en sesiones más cortas son alternativas válidas.
Aprovechar las actividades cotidianas: caminar durante los descansos, utilizar las escaleras y mantenerse en movimiento ayuda a aumentar la actividad física diaria.
Vigilar el cansancio: la somnolencia persistente y la disminución del rendimiento pueden indicar que es necesario ajustar el descanso o la carga de entrenamiento.
¿Qué ocurre si entrenas después de dormir poco?
Una noche de descanso insuficiente puede hacer que el ejercicio resulte más exigente y reducir la concentración, especialmente durante actividades que requieren coordinación y una técnica precisa.
Si existe mucho cansancio o somnolencia, puede ser conveniente disminuir la intensidad, optar por una actividad ligera o descansar. Esto no significa que debas cancelar el entrenamiento cada vez que duermas mal, sino adaptar la sesión a cómo te encuentras.
Cuando la falta de sueño se repite con frecuencia, es importante identificar sus causas y evitar que el entrenamiento contribuya a mantener un ciclo de cansancio y recuperación insuficiente.
¿Vale la pena levantarse antes del amanecer?
Entrenar temprano puede ser una excelente opción si se adapta a tus horarios y permite dormir lo suficiente. Sin embargo, el estudio publicado en Communications Medicine no demuestra que ejercitarse antes del amanecer sea superior ni que ese horario provoque problemas de salud.
La prioridad es combinar actividad física regular con un descanso adecuado. Si levantarte temprano implica dormir menos de lo necesario, considera acostarte antes o cambiar el horario del entrenamiento. La constancia y la recuperación son más importantes que ejercitarse a una hora específica.
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